fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Internacional

Las dos Francias: archipielización de una sociedad

Con una derecha tradicional magullada, una extrema derecha haciéndose a marchas forzadas con el monopolio populista y nacionalista sólo cabe esperar que de los resultados y la situación vivida en las elecciones municipales emerja una opción de consenso en el ámbito de la izquierda

Francia elecciones opinión

Robespierre decía de su país, “¿qué es la patria sino el país en el que uno es ciudadano y miembro soberano?” Su pregunta resume la esencia del país vecino. La identidad de Francia como país, como patria, es sobre todo su implicación política, su condición ciudadana, su construcción como sociedad. Francia es política como políticas son su historia y su memoria. El Barón Negro de la tan popular serie de HBO lo expresaba así: “Nosotros somos el pueblo político, aquel que después de haber tomado la Bastilla dijo: la política es un asunto del pueblo y el debate de ideas es su manera de organizarse. La política, para nosotros, los franceses es una manera de transmitir, de hacer sociedad. Nos ata a nuestro pasado, a una continuidad.”

No es casual que Francia, régimen presidencialista (con un presidente, jefe del Estado y un primer ministro, jefe del Gobierno a sus órdenes) sea país de grandes líderes políticos: De Gaulle, Napoleón, Robespierre, Mitterrand, Clemenceau... Es la hiperpersonalización, el discurso de ruptura, el registro emocional. Una fascinación por el hombre político providencial, el salvador. Cuando la República se tambalea, el estado de gracia es el tiempo de la redención y del caos emerge el salvador que restaura el orden inmutable, tal y como lo transmitían los reyes. Francia es, por así ilustrarlo, una República de reyes.

Las últimas elecciones municipales, paso previo al escenario presidencialista de dentro de dos años, nada tienen que ver con esas lecturas idealistas de la situación que hemos observado en los últimos días. Del pasado 28 de junio cabe destacar dos víctimas: la primera una democracia, socavada por la exagerada abstención de casi un 60%. Una caída de casi cuarenta puntos en cuarenta años, siendo el municipal el nivel político-administrativo preferido de los franceses. Que solo cuatro de cada diez ciudadanos se expresasen en estos comicios indica que el escepticismo democrático ha llegado a lo comunal.

La segunda víctima parece haber sido el propio votante francés. La falta de sintonía entre las reclamaciones ciudadanas y las candidaturas registradas ha sido un elemento decisivo en el resultado. El débil establecimiento territorial de La République en Marche (LREM), por un lado, y la gran dificultad de Rassemblement National (RN) para formar parte de listas conjuntas, por otro, ha generado una oferta política quizá demasiado peculiar. A pesar de todo, ese sector más optimista o idealista de analistas políticos afirma que los resultados abren un nuevo debate con la irrupción de un actor político de marcado carácter ecologista y progresista con una narrativa ganadora de la crisis del COVID-19.

De las diez ciudades más pobladas de Francia, los ecologistas controlarán tres. Los principales votantes de esta alternativa son ciudadanos de entre 60 y 65 años, residentes en las grandes ciudades y pertenecientes a categorías socio-profesionales más favorecidas (empresarios, profesiones liberales, sector privado y jubilados). Este detalle no es menor: la propensión a votar es estructuralmente desigual según las categorías sociales. Las clases medias y altas tienen además de más tiempo para preocuparse por cuestiones ambientales.

LREM de Macron sale malparada de estas elecciones: no gobernará en ninguna ciudad mayor de 100.000 habitantes. Solo, Edouard Philippe, antiguo primer ministro, consiguió la alcaldía de Le Havre. Macron, consciente de que la carrera al Elíseo ha comenzado, anunció ayer, 3 de Julio de 2020, la disolución de su equipo Ejecutivo, movimiento que tiene como objetivo vender un lavado de cara proponiendo un Gobierno reformado. Castex, nuevo primer ministro, se define a sí mismo como “gaulista social”, aunque relacionado con Les Républicains, es decir: con la derecha de Sarkozy. Macron cree, a través de este nombramiento aglutinar poderes, administrar el gobierno, la asamblea, la campaña, el Elíseo y calmar la sangría de votantes a su derecha.

Marine Le Pen sin embargo, que viene de lograr su primera alcaldía en una gran ciudad: Perpignan y a pesar de la popularidad de la que goza a nivel estatal, debe resignarse a que RN no haya conseguido mayor representatividad local, dejando patente el desnivel entre el alcance estructural de su partido y su base electoral.

Esta acumulación de factores ha convertido las que probablemente sean las elecciones más arraigadas del país en una votación desconectada de la realidad. Una de las conclusiones que se pueden extraer es que el país está cada vez más dividido. Las metrópolis se independizan, se separan en cierta manera de las periferias que votan opciones políticas más "conservadoras" lo que lleva a una desconexión centro-periferia (visible incluso en áreas metropolitanas) que lleva años gestándose. Sería pues superficial limitarse a concluir que un nuevo movimiento, verde y progresista se despliega en el Hexágono. En Francia hay una crisis política que viene de lejos.

Camino a las Presidenciales

El Instituto Francés de Opinión Pública, primera empresa de encuestas del país, da un 28% a Macron y Le Pen en la primera vuelta y dos datos que alertan especialmente sobre la situación de la izquierda: el 55% del voto obrero iría en las próximas elecciones a Le Pen, mientras que sólo un 16% del voto obrero se repartiría entre todo el espectro de la izquierda francesa. Hace sólo dos años, esa misma izquierda agrupaba un 33% del voto obrero. Desgraciadamente no parece posible volver a 2012 y borrar 10 años de polarización.

Las campañas han empezado y Macron no ha tardado ni 24 horas en sacar una conclusión de lo sucedido. Este lunes, el presidente francés ha anunciado un giro en su política ecologista: un referéndum sobre cambio climático y cambiar el modelo productivo. Una oferta política creada a marchas forzadas a favor de un capitalismo verde.

Pero sus errores le persiguen tras 3 años de mandato. En política exterior, Francia no es ni la sombra de su pasado. De Gaulle decía que todo francés termina tarde o temprano siendo gaullista, tenía razón, a excepción de Macron. Su política exterior ha ido de fracaso en fracaso: relación de desconfianza con Merkel, Trump o Putin; acumulación de intervenciones dudosas (Siria, Afganistán, Ucrania, Armenia…); una presencia cada vez menor en la Europa central y del este; una incapacidad negociadora en el Eurogrupo… En resumen, una política internacional plagada de arrogancia y desprovista de efectividad.

Además, el interés de Francia se ha visto postergado por la venta de sectores ultraestratégicos al extranjero, por la práctica sistemática de “retrocomisiones”, por el desprecio a la separación de poderes y por una crisis de autoridad monumental produciendo una clase política desacreditada ejemplificada en las numerosas movilizaciones sociales causadas por privatizaciones, reformas laborales que atacan los derechos adquiridos y una Quinta República (aún en vigor a pesar de la desnaturalización de Mitterrand y su práctica de “cohabitación”) que ha terminado por perder sus rasgos esenciales. Macron ha perdido su transversalidad y ha polarizado a la sociedad con una lógica de "guerra civil fría" agravando además una crisis de identidad que se veía venir. Qué se puede esperar del autor de la famosa frase “¿Qué es eso de una cultura francesa? No existe tal cosa”.

A su vez, Marine Le Pen construye su estrategia sobre la base de arrebatarle a la debilitada izquierda el voto obrero y competir con el centro derecha por los pequeños propietarios y las clases medias. Si los asuntos centrales hubiesen sido económicos, esta disyuntiva hubiese sido impensable, sin embargo la literatura destaca que son justamente los llamamientos a la identidad nacional -y no tanto los de clase- los que proporcionan un pegamento eficaz a esta bipolaridad. Entre 2014 y 2017 capitalizó el voto contrario al establishment, se apropió de la noción y los símbolos de la patria y de la nación francesa como elemento que protege. Es decir, resignificó los valores netamente franceses, incluyendo el laicismo.

Quizá la clave para consolidar su auge fue que RN no se limitó a hablar de seguridad, inmigración e identidad. Fue más allá. Usurpó de la izquierda el vocabulario, reivindicaciones y referencias históricas buscando así que el ciudadano pensase: “La ultraderecha de hoy, es como la izquierda de antes”. A día de hoy, RN ha salido de la triangulación y la estrategia ofensiva y hegemónica. Ahora la estrategia es defensiva y de conservación del capital electoral. Mientras tanto, ¿dónde está la izquierda francesa, heredera de las luces y la tradición revolucionaria?

La izquierda tradicional no ha sabido responder a los problemas sociales, identitarios, ni migratorios y desde posiciones postmarxistas ha seguido la pista falsa de achacar a las políticas de la identidad su incapacidad para crecer. Una idea que supone asumir que hay algo que naturalmente nos divide y una “falsa” identidad construída en torno a lo demás que enfrenta. Si una cosa es conocida es que las clases necesitan de conciencia y, por tanto, que también son una forma de identidad, pero las dos actitudes de la izquierda ante el ascenso de la ultraderecha fueron primero de alarma y después de condena moral. Dos actitudes fallidas que contribuyeron a la normalización del partido de Le Pen. La izquierda hoy es una amalgama de demandas sociales y ecologistas con demasiado recorrido teórico y práctico por hacer.

Así pues, con una derecha tradicional magullada, una extrema derecha haciéndose a marchas forzadas con el monopolio populista y nacionalista sólo cabe esperar que de los resultados y la situación vivida en las elecciones municipales emerja una opción de consenso en el ámbito de la izquierda que aglutine a esa parte de la sociedad desencantada con Macron, contraria a Le Pen y que recupere el espíritu gaulista para el pueblo. ¿Cuánto más se hará esperar?

Comparte esta noticia

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA

Click para comentar

Queremos garantizar que los debates y comentarios que se generen en nuestras noticias sean de la calidad que cada una de vosotras y vosotros merece. Por ello, tan solo nuestras socias y socios tienen la posibilidad de interactuar de esta forma, ÚNETE AQUÍ y colabora con la información que no rinde tributo a intereses privados ni poderes económicos.

Si tan solo quieres leer los comentarios,
PUEDES REGISTRARTE COMO USUARIO/A

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA