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Opinión

Las verdades y las conductas reprochables

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.” Cicerón

La verdad ha sido reconocida siempre como una cuestión de interpretación o de capacidad de imponer un relato oficial. Maquiavelo concedía al príncipe el equivalente al poder, que pertenecía al propio príncipe, de establecer los cánones de lo verdadero y de lo falso. Es decir, la verdad “compartida” de forma más o menos obligatoria. En este caso, la opción es eliminar el efecto de las opiniones discrepantes y sus verdades consecuentes.

Los que desean vivir en Democracia sueñan con crear el consenso sobre la base de los “datos de hecho”. Lo que podríamos describir como “realidad objetiva” en su sentido más noble. Aquí entra a jugar la cuestión de la percepción y su contaminación por las acciones basadas en interpretaciones falaces o la promoción de las fake news. La alteración de los sucesos probados es tan antigua como la especie humana. Pese a todo, siempre solemos guardar resquicios de esperanza en que la claridad de lo veraz iluminará las conciencias.

Lo mismo debe decirse para la pretensión de conocer la verdad sobre los derechos humanos e inspirar en ese conocimiento “verdadero” de la verdad una política de “guerras justas”, de intervenciones “humanitarias”, que no tienen en cuenta paradigmas culturales ajenos. Los conflictos a partir de fines del siglo XX y este siglo XXI van en esta línea.

No existen verdades absolutas sino sólo interpretaciones. Así, muchos autoritarismos son desenmascarados por lo que realmente son. Es decir, pretensiones de imponernos comportamientos que no compartimos, en nombre de alguna ley de la naturaleza, institución intocable o revelación divina. Los estados totalitarios eliminan toda expresión de opiniones alternativas. Realidades alternativas. Verdades alternativas. Tenemos entonces la eliminación de pruebas del exterminio nazi. Los documentos de las masacres franquistas. El expolio de los vencedores. La imposición de la verdad oficial. Quizá sea esa la razón por la que se extienden los plazos para levantar el veto a los llamados secretos oficiales. Hay mucho que ocultar. Mucho que seguir protegiendo. Mucha vergüenza que tapar.

Los medios de prensa juegan un papel determinante en el logro del consenso em torno a esa verdad construida. En especial cuando justifican lo injustificable o relatan lo no acontecido. En definitiva, las fakes buscan degradar el efecto de los hechos objetivos en favor de las “verdades de grupo”. Todo, para favorecer intereses espúreos que poco o nada tienen que ver con la verdad. Puede que algo de esto explique la reunión de la Fiscal General del Estado, pretendiendo infructuosamente ocultar su rostro, con el notorio periodista de las filtraciones cloaqueras, Eduardo Inda. Al día siguiente, en una demostración de la picaresca de cenáculo, se justificó el encuentro en razón de una entrevista en su órgano digital. Faltan el respeto a nuestra inteligencia.

La Opinión Pública en una sociedad educada en el pensamiento crítico debe ser capaz de captar la verdad sin los “velos del interés del que nace la ideología”, que condicionen su interpretación de esos hechos. Sin embargo, a pesar de que vivimos en una sociedad digital de la imagen inmediata, los grupos de poder mediáticos y los institucionales se alían para construir un relato que contradice a esos “hechos objetivos”. Así se exime de responsabilidad a quienes se aprovechan de sus cargos para beneficiarse de inmerecidos privilegios o de títulos y grados académicos.

Las operaciones mediáticas sincronizadas con las judiciales y con las políticas no son nuevas en la historia de este país. Aún así, es inadmisible que se prosiga desde el gobierno, o parte de él, con las operaciones de confabulación para evitar que la verdad objetiva se imponga.

No es de recibo que se procuren crear pantallas de protección para cubrir las entrañas corrompidas del statu quo. Para eso no se realizó una moción de censura. Ni el pacto del abrazo.

Iremos a nuevas elecciones. Aunque se vuelva a verificar que el escenario político no sufrirá modificaciones substanciales. Excepto por el avance de la ultraderecha.

Entonces llegarán los lamentos por las oportunidades perdidas.

 

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. ANTONIO ALONSO RUIZ

    14 de marzo de 2021 21:56 at 21:56

    ESTO NO SE PUEDE SILENCIAR

    La Cañada Real clama una solución ya para no ser la gran olvidada
    Desde hace más de cinco meses, más de 4.500 personas, de ellas 1.800 niños y niñas, carecen de un derecho básico como es el suministro eléctrico en un contexto de pandemia, del frío invierno y de sus temperaturas extremas acentuadas por la borrasca Filomena

    VISITAR Rocío García García
    https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/canada-real-clama-solucion-no-gran-olvidada_129_7304312.html

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