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Política

Lo contrario de lo que haga Pedro Sánchez

Relatar la cuarentena de Pablo Casado y los dirigentes autonómicos del PP es decir una cosa y la contraria. Si fuera una novela, la podríamos titular como ‘Lo contrario de lo que haga Pedro Sánchez’

pablo casado

U.H.- Antes del 14 de marzo, fecha en la que el Gobierno de España decretó el estado de alarma, los líderes de la derecha, acorralados por sus antiguos compañeros de partido que ahora militan en Vox, no querían suspender el Mobile World de Barcelona, la Semana Santa de Sevilla o las Fallas de Valencia. El coronavirus era aquello que le pasaba a los demás países, a los otros.

Se decretó el estado de alarma y el relato del PP dio un salto circense. Ahora se debió haber confinado antes al país y los muertos ya eran imputables a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. De hecho, las banderas de España con crespones negros en los balcones fueron una campaña orquestada por el PP en estas semanas de locura donde nada importa lo que digan los epidemiólogos y virólogos más reputados pudiendo ser contrarrestados por la todóloga y experta en bulos Ana Rosa Quintana.

No hay que ser muy avispado para adivinar que el objetivo del PP nunca ha sido acabar con el coronavirus, sino hacer caer al Gobierno formado por los malvados “socialcomunistas” que se comen a los niños por las noches.

La última vuelta de tuerca ha sido amenazar con que no votará a favor del estado de alarma con la pandemia, aún no controlada en un país con 250.000 personas contagiadas oficialmente y 25.000 muertes por el COVID-19. Es bastante improbable que el estado de alarma no salga adelante si, como ha anticipado, Ciudadanos vota de forma “responsable”, pero en el fondo al PP le da igual lo que se vote el miércoles en la Carrera de San Jerónimo.

La estrategia del PP es desgastar al Gobierno a lomos del coronavirus y para ello no tiene pudor en usar como escudos humanos a los 4 millones de españoles que están sin trabajar, los beneficiarios de los ERTE y las ayudas a autónomos, medidas de protección social que son contrarias al dogma neoliberal y que difícilmente se hubiesen aprobado si esta crisis hubiese estado gestionada por la derecha.

En contra de España

Sin ir más lejos, en Bruselas, donde se piensan que nadie los ve, el PP ha votado en contra de mecanismos de solidaridad que benefician a España, un país que en un trimestre se dejará por el camino un 10% de su PIB a causa de la crisis sanitaria que ha vapuleado las débiles certezas de una población que ya estaba dolorida, que quedó gravemente herida con las políticas de austeridad que rescataron a los bancos, hundieron a las familias y pusieron de rodillas a los sectores productivos y a la gente sencilla.

También votó en contra el PP de los decretos del Gobierno de España a favor de que el Estado asumiera el coste de los ERTE para ponérselo más fácil a las pymes y evitar despidos, de las ayudas a los autónomos y trabajadores y de la moratoria a las hipotecas y alquileres, pero ahora, como por arte de magia, Pablo casado amenaza con votar en contra del estado de alarma y, sabedor del coste social que tendría para el país y de que políticamente sería el responsable de la catástrofe, pide la desvinculación de las medidas sociales al estado de alarma.

El pupilo de José María Aznar, licenciado en Derecho, aunque con dudas de si realmente estudió o le regalaron la carrera por ser del PP, debería saber que no es posible ese retuerto legal que propone para que le salga gratis su gamberrada contra los españoles que, después de mes y medio, están empezando a ver la luz al final del túnel.

Hay en toda esta bravuconada de poner en riesgo a los españoles un exceso de encuestas, una droga muy mala en tiempos del cólera: las encuestas. En los mentideros del PP piensan que con una encuesta de ABC sobre la Comunidad de Madrid, publicada el 2 de mayo y que contradice a todas las demás, el PP estaría a punto de hacerse de nuevo con la mayoría absoluta en el Reino de la Gürtel, gracias a una fuerte bajada de Vox y Ciudadanos y al estancamiento de la izquierda.

Derecha exaltada

En tiempos de crisis los líderes solo ven el sufrimiento de su pueblo y trabajan para minimizarlo pero, por desgracia, Pablo Casado ejerce más de agitador social que de persona responsable. Por esta razón es incapaz de olvidar sus legítimos intereses electorales y ponerse al lado de quienes están trabajando de día y de noche para controlar la pandemia.

La exaltación de la derecha, más que un acto de fortaleza, representa justamente lo contrario, la tremenda debilidad del liderazgo de Pablo Casado, amenazado fuera de su partido por Vox y dentro, por los líderes que llaman que sienten vergüenza ajena de los miembros de la ultraderecha y que desean salir de la noria de exabruptos diseñada por Santiago Abascal y que constriñen la estrategia de Pablo Casado.

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