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Opinión

Los grupos de pertenencia y la lealtad constitucional

Una persona leal es aquella que se caracteriza por ser dedicada, y cumplidora e inclusive cuando las circunstancias son adversas, así como defender en lo que cree

“Siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence.”

Pedro Calderón de la Barca

 

Lo opuesto de lealtad es traición. Ésta es la falta que comete una persona en virtud del incumplimiento de su palabra o infidelidad. La falta de lealtad describe a una persona que engaña a sus compañeros, familiares, y expone su propia honorabilidad. Por tanto, el término de lealtad expresa un sentimiento de respeto y fidelidad hacia una persona, compromiso, comunidad, organizaciones, principios morales, entre otros.

 Sería adecuado, para contextualizar, el recordar que el término lealtad proviene del latín “legalis” que significa “respeto a la ley”. Así, el término leal es un adjetivo usado para identificar a un individuo fiel en base a sus acciones o comportamiento. Es por ello, que una persona leal es aquella que se caracteriza por ser dedicada, y cumplidora e inclusive cuando las circunstancias son adversas, así como defender en lo que cree, por ejemplo: un proyecto profesional, social o político. Asumir cargos públicos o privados supone adquirir compromisos que implican cumplir con las normas. Eso es el deber de lealtad.

 

En nuestro país no se han afrontado suficientemente los casos de incumplimiento del deber de abstención ante la existencia de un conflicto de interés. En determinadas relaciones jurídico privadas, una de las partes no puede actuar “interesadamente”, puesto que el ordenamiento jurídico impone una serie de limitaciones o prohibiciones con el objeto de regular el comportamiento “interesado” de los sujetos que se encuentran en situaciones de conflicto de intereses. El deber de lealtad regula, en consecuencia, la conducta de las partes en este tipo de situaciones. Pero, en realidad, con las puertas giratorias y las legislaciones hechas a “medida” se consigue eludir ese conflicto.

Por lealtad constitucional cabe entender sujeción o acatamiento a la supremacía constitucional.

Por tanto, la lealtad de un legislador debería ser con la Constitución, como fuente suprema que da sentido al sistema que sostiene al Estado. De hecho, cuando juran o prometen sobre ella. Allí asumen el Deber de Lealtad a sus contenidos. Incumplirlo es una traición a la Patria. Es decir, no se puede defender la xenofobia, practicar la homofobia o defender la restricción de libertades constitucionales, sin que haya consecuencias. El escudarse en los fueros para incurrir en dichas transgresiones nos condujeron a la posible corrupción protegida por la inviolabilidad del anterior monarca. Un despropósito que frivoliza valores esenciales. Tanto, como en lo que pueden incurrir los miembros de la magistratura cuando son corregidos por las más altas instancias judiciales europeas. Que no haya consecuencias es un verdadero atentado contra el Estado de Derecho. Las cuestiones interpretativas son la clave.

Los grupos de pertenencia política, social, económica, religiosa o filosófica tienen establecido un sistema de lealtades que les da cohesión interna. La cuestión es si tal pertenencia atenta contra las normas escritas del buen hacer en las funciones. Esto es porque todos los casos de corrupción fueron consecuencia de privilegiar el interés de grupo por encima del interés general. Tan generalizado es ese modo de actuar, que en el proceso se incluye a todas las funciones que intervinieron en su consecución dolosa. No hay corruptos sin corruptores, como tampoco sin la dejación del control de los procesos que lo han permitido. En esto incluyo un sistema judicial que no ha demostrado la eficiencia que se esperaba de él, como tampoco la articulación de un marco legislativo que permitiese ese control. Ello es consecuencia de un fracaso político del bipartidismo que aún no se afronta.

Deben cumplirse las reglas de juego político y el orden jurídico existente, dentro del marco constitucional, y a no intentar su transformación por medios ilegales. De entre estas, está la ocupación que grupos filosóficos, religiosos o económicos, han hecho de las instituciones. Esas lealtades corrompen al sistema.

 

No lo permitas.

 

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