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Política

Los lugares que Felipe VI y Leticia Ortiz no han visitado durante su paseo por el barrio más pobre de España

La esperanza de vida es entre seis y ocho años menos que en otros sitios de Sevilla, pero a la Casa Real no le interesa ese dato porque el objetivo con el que han visitado el Polígono Sur es alargar la vida de la monarquía española

Sus Majestades los Reyes a su llegada al Centro Social Don Bosco

Son las 11 de la mañana en el barrio más pobre de España. En el centro cívico de El Esqueleto se dan cita periodistas y autoridades, bajo una nube de cámaras de televisión, con la idea de dar un paseo por un barrio convertido en decorado. La visita de los monarcas Felipe de Borbón y Leticia Ortiz no ha cambiado ni va a cambiar la vida del barrio porque el objetivo es otro bien distinto: cambiar la imagen de la monarquía. En lugar de "sienta a comer a un pobre en la mesa", la Casa Real ha decidido que lo mejor es visitar un barrio pobre sin ver ni tocar a los pobres.

Los medios de comunicación de la capital andaluza han acompañado el objetivo propagandístico de la visita con furor inusitado, pero la realidad del Polígono Sur se encontraba a 400 metros del cortejo presidido por Juan Espadas, alcalde de Sevilla, y Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía. A 400 metros del lugar donde han llegado los Reyes se confinó a decenas de vecinos y vecinas del barrio; que no quieren visitas que tengan como objetivo lavar la cara de una monarquía en proceso de descomposición, por sus casos de corrupción y por haber vivido por encima de las posibilidades de sus súbditos.

Para conocer de verdad el Polígono Sur de Sevilla, o cualquiera de los siete barrios sevillanos que lideran la lista de los más pobres de España, hay que vivir en ellos, mirar a su gente a los ojos e ir sin cámaras, sin coches oficiales y sin protocolo.

De haber visitado con interés el barrio, Felipe VI habría visto con sus propios ojos el mayor problema: la infravivienda. Fachadas de bloques de pisos, construidos hace más de 40 años, que parecen más propias de un país tras una guerra y no de uno que es la cuarta economía de la Eurozona.

De haberse sentado a tomar un café con cualquiera de los vecinos del barrio, en el salón de casa, los reyes hubieran podido preguntarse cómo es posible sacar adelante a una familia en pisos llenos de humedades, con balcones a punto de caerse, escaleras incompletas y que en verano cogen unas temperaturas imposibles de soportar sin aire acondicionado.

Podrían también Felipe VI y Leticia Ortiz haber preguntado a los habitantes del Polígono Sur, especialmente a los niños y niñas, cómo combaten las temperaturas de 45 grados del verano sevillano. Les hubiesen contado los vecinos que no hay ni una sola piscina municipal y, en señal de compromiso con el barrio, los monarcas podrían haber intercedido con el alcalde de la ciudad para que se tome en serio una demanda histórica de este y otros barrios sevillanos: tener una piscina pública para mitigar las temperaturas infernales.

De la mano de algún profesor, de los muchos comprometidos que dan clases en este barrio lleno de gente honesta pero muy castigada, los reyes podrían haber visto con sus propios ojos que muchos niños no comen si no van al colegio, que muy pocos adolescentes estudian bachillerato en el barrio y que ir a la universidad es una misión imposible para quienes nacen en entornos de pobreza cronificada, donde el analfabetismo es la norma.

Preguntarle al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, por qué ha suspendido el programa que garantiza tres comidas al día a los niños y niñas en exclusión social, que en el Polígono Sur son casi todos, hubiese podido ser otra de las cosas útiles que Felipe VI podría haber hecho por el barrio más pobre de España.

Si los reyes se hubiesen podido escapar de la visita protocolaria, se podrían haber dado una vueltecita por algún centro de salud y conversar detenidamente con algún profesional sanitario, mirándoles a los ojos, que seguro que le contarían cosas que los monarcas no creerían.

A Rocío, vecina del barrio con 64 años, le amputaron la semana pasada su pierna izquierda debido a la gangrena sufrida, a causa de una diabetes mal regulada por la mala calidad de su alimentación. Algo casi inexistente en otros barrios de Sevilla y de España, amputaciones de pierna por gangrena, en el Polígono Sur existe y en mayor medida de lo deseable.

La esperanza vida de los habitantes del barrio es entre seis y ocho años menos que en otros barrios de la ciudad, pero a la Casa Real no le interesa ese dato porque el objetivo con el que han visitado el Polígono Sur es alargar la vida de la monarquía española. Sobre empleo, Felipe VI nunca sabrá que lo que sufren los vecinos de este barrio sevillano se llama exclusión laboral, que es otro estadio superior al desempleo.

Natalia, que tiene 21 años, le podría haber contado que miente en sus curriculums y pone que vive en otro barrio, donde vive una prima suya, porque si un empresario lee que vive en el Polígono Sur no la llamaría nunca ni para una triste entrevista. La madre de Natalia podría haberle contado a Leticia que gana 7 euros la hora por fregar escaleras y oficinas.

Si los reyes hubiesen permitido acceder al área protocolaria a Paco, retenido por un dispositivo policial a 400 metros de donde estaba la visita real, éste, activista de la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, les hubiese podido relatar que la Junta de Andalucía no distribuyó las tarjetas monederos para garantizar la alimentación en los días más duros de la pandemia a la gente del barrio y que las colas de Cáritas doblaban las esquinas.

Si Felipe de Borbón y Leticia Ortiz hubiesen querido conocer el barrio más pobre de España, hubiesen invitado a la visita a Rosario que, a sus 76 años, lidera la asociación ‘También Somos Sevilla’ con el único objetivo de recordar a propios y extraños que “estamos en el siglo XXI y tenemos un barrio del siglo XVI”.

El barrio de Sevilla que han visitado la Casa Real y las autoridades que han acompañado al cortejo real no existe, pero el objetivo se ha cumplido; no es cambiar la vida de sus habitantes lo que se perseguía, sino una campaña de promoción de la monarquía en su momento más crítico de los últimos 40 años.

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