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Los otros desafíos en Madrid, de Valdemingómez a Madrid Nuevo Norte

Hoy en día, el drama de la pandemia, la crisis económica subyacente y la crispación política, siendo temas importantes, no nos dejan ver que se están tomando decisiones en otros ámbitos que afectan a los ciudadanos de Madrid. Decisiones que van a tener repercusiones en la salud de los madrileños, en la movilidad urbana, en el modelo de ciudad en la que vivimos. Y también en los recursos públicos que son de todos.

En la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos 2018-2022, aprobada al final del mandato municipal en 2019 y cuestionada desde el actual consistorio, se planteaba que la incineradora de Valdemingómez funcionase al 50% en 2022 y su clausura en 2025. En junio de este año 2020 ha finalizado el contrato de mantenimiento de la misma y sería necesario definir claramente qué medidas deberían adoptarse hasta el año de cierre de dicha incineradora.

Pero la incineradora no es un problema sólo porque emite malos olores y dioxinas que llegan a los vecinos cercanos en un radio de hasta 10 kilómetros, sino porque un 25% de lo quemado es residuo tóxico, porque se quema más de la cuenta -lo más fácil- en vez de reciclar y porque responde a un tratamiento irracional y caro -la gestión es, cómo no, privada- de los residuos que genera la ciudad. No está enfocado hacia un modelo integral y ecológico tal como se está desarrollando en Europa.

Lo mismo cabe decir del acuerdo adoptado este mes de julio que prevé renovar las estaciones depuradoras de agua -La China, Butarque y Sur, pero también la de Valdebebas- de la ciudad. Un proyecto altamente costoso y necesario que, sin embargo, no contempla su desplazamiento fuera del entorno urbano (algo que la legislación española y las directivas europeas obligan; algo que las alegaciones presentadas por asociaciones y técnicos demuestran viable sin apenas coste).

El proyecto encomendado a la sociedad estatal ACUAES -a falta de un Plan Integral de saneamiento- minusvalora el deterioro de la actual red de saneamiento, las molestias a los vecinos, los vertidos que se generan de aguas sin tratar adecuadamente, su impacto sobre el Manzanares y la irracional gestión del agua en general. Además, se desconoce el papel del Canal Isabel II y la repercusión tarifaria. Otro desafío.

El pasado mes de noviembre se anunció la ampliación de la línea 11 del Metro para convertirla en una línea diagonal que cruce la ciudad, en vez de la tan reivindicada línea circular -exterior a la línea 6- que una los barrios de la periferia (especialmente los del sur). Un proyecto sobre el que los vecinos de Vallecas y Carabanchel piden priorizar en sus barrios (parada en Doña Carlota e inicio de obras en Plaza Elíptica).

Sin embargo, seguirá siendo necesario ir primero al centro de la ciudad si queremos desplazarnos de Vallecas a Villaverde o a Carabanchel, por ejemplo. El proyecto, aun resolviendo algunas conexiones, atraviesa un centro ya bastante cubierto y, siendo muy costoso, aplaza esa movilidad directa entre los barrios exteriores que además podría descargar el tráfico rodado de la M-40.

Seguimos, por tanto, sin un verdadero Plan Metropolitano de Movilidad racional y sostenible. Máxime cuando el Ayuntamiento desnaturaliza Madrid Central y lo sustituye por un descafeinado Madrid 360 y muchos parkings de pago. Y no hablemos de pelotazos. Otro desafío más.

Y el tercer proyecto es Madrid Nuevo Norte, con la venta de terrenos públicos, la “ciudad de los negocios” y la ampliación de la estación de Chamartín, que ya se pone en marcha.

Estos tres proyectos se engarzan con expectativas presupuestarias importantes (además de los municipales -cuyo proyecto está ya sobre la mesa- y autonómicos) de inversión estatal y de fondos europeos.

Mucho dinero público para perderle el ojo. El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid siguen primando el negocio privado sobre el bienestar colectivo, siguen con una visión corta y electoralista de las necesidades reales de una región metropolitana como es Madrid y de sus ciudadanos. Cambiar el rumbo de estas instituciones es el gran desafío.

“El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid siguen primando el negocio privado sobre el bienestar colectivo, siguen con una visión corta y electoralista de las necesidades reales de una región metropolitana como es Madrid y de sus ciudadanos.”

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