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Política

Los sanitarios plantean movilizaciones para mejorar la sanidad pública: "El Servicio Madrileño de Salud es una ETT"

El colectivo de 'Sanitarios Necesarios' prepara un otoño de movilizaciones para pedir mejoras

La crisis del COVID19 ha puesto sobre la mesa los años de recortes en la sanidad madrileña, los procesos privatizadores y la situación de precariedad con la que conviven los trabajadores sanitarios, afectando de lleno a la calidad sanitaria.

El hospital de campaña de IFEMA, vendido como un triunfo por el Gobierno de la Comunidad de Madrid, es en realidad un “fracaso” porque el “sistema colapsó y la gente se nos moría sin poder ser atendida”, quien afirma esto es un celador que ha pasado un mes trabajando en IFEMA y que ha sido “despedido como una colilla después de poner en riesgo mi vida”, afirma.

Carlos, celador de 36 años,  trabaja desde 2017 en el Servicio Madrileño de Salud (Serma) con diferentes contratos. Su sueldo no supera los 1.050 euros y es uno de los profesionales sanitarios de Madrid que tiene sus esperanzas puestas en el colectivo ‘Sanitarios Necesarios’, que salió este lunes a la puerta de los hospitales para reclamar mejoras en la sanidad y que amenaza con una nueva marea blanca que ponga en jaque la política privatizadora del Gobierno que preside Isabel Díaz Ayuso.

Piedad Rivera, joven enfermera, tenía hasta marzo un contrato a un 33% en el Hospital Infanta Sofía, con un sueldo de 500 euros con los que no tenía ni para empezar a soñar una vida digna. Así ha estado durante los dos últimos años. Hace un par de meses la llamaron de refuerzo para la crisis sanitaria del COVID19 y ha conseguido por primera vez un contrato a jornada completa que cumplirá a finales de diciembre.

Como Carlos y Piedad, existen en la  Comunidad de Madrid más de 10.000 profesionales contratados a causa del COVID y que se quejan de que no se cumplen las bolsas de empleo, de que los mejores contratos se los hacen a los “amigos del PP”, de que no se convocan oposiciones desde hace seis años, de contratos de mes en mes o incluso hasta de quince días o que se renuevan el día de antes y que es la causa de que sea normal firmar hasta 15 contratos en un año.

 “Ofrecen mejoras de contrato a gente que tiene menos puntos que yo, pero son sus amigos,”, se lamenta Piedad Rivera, una de los portavoces de ‘Sanitarios Necesarios’, que se queja de que no le pagan los puntos por experiencia o formación, popularmente llamado carrera profesional, y que si rechaza un contrato en una especialidad para la que no tiene formación, por ejemplo matrona, es penalizada con un año sin trabajar.

400 euros de salario

Peor aún que las enfermeras están los auxiliares de enfermería, categoría para la que no existe bolsa y los criterios de contratación son arbitrarios. “Hay auxiliares cobrando 400 euros al mes porque tienen contratos de un tercio de la jornada”, afirma la portavoz de ‘Sanitarios Necesarios’.

Tras la crisis del coronavirus, donde el Servicio Madrileño de Salud cerró la casi totalidad de centros de salud de atención primaria y envió a sus profesionales a cubrir las necesidades de la pandemia, en muchos casos sin formación para ello y sin medidas de protección, las listas de esperan se han doblado.

Por este motivo, los profesionales consultados por este periódico abogan por reforzar la atención primaria y las residencias públicas, pero para ello sería necesario que se renovaran los 10.000 contratos firmados durante el COVID y que vencerán  a finales de año.

Celadores y personal de limpieza

De todos los profesionales sanitarios, los que peor están son el personal de limpieza y los celadores que en muchos hospitales están siendo contratados por empresas privadas y en ocasiones sus contratos están en fraude de ley, ya que no se rigen por el convenio de sanidad, sino por el de limpieza.

Es el caso del Gonzalo, celador en el Puerta de Hierro. Su salario son 950 euros, más de 200 euros menos que un profesional que realiza las mismas funciones en un hospital de gestión pública. El convenio por el que se rige no es el de sanidad, sino el de limpieza. La empresa se llama Onet Iberia, aunque antes estuvo contratdo por Clece, propiedad de Florentino Pérez, y “no mira nada por sus trabajadores”, subraya este profesional de 32 años al que le daban un mascarilla a la semana para para trabajar en la UCI y en unidades COVI con alta carga viral.

Gonzalo relata emocionado el fallecimiento de Javier, un compañero celador de 52 años que, a pesar de tener diabetes, no se dio de baja porque tenía miedo a que no le renovaran el contrato. “La empresa, sabiendo que era población de riesgo, no tuvo la decencia de decirle: vete a tu casa que tienes el contrato asegurado”. Según cuenta Gonzalo, Javier estuvo trabajando, trasladando fallecidos a la morgue del hospital, incluso con síntomas por miedo a ser despedido. El desenlace es que Javier murió de COVID19.

“Tenemos un sistema que no funciona”, dice Manuel, que ha pasado un mes trabajando en IFEMA. “Era un auténtico caos. El primer día no pudimos trabajar hasta pasadas cinco horas porque no nos daban uniformes ni medidas de protección. Ha habido compañeros que se han tenido que poner bolsas de basura para protegerse”, denuncia este celador que concatena contrarios mensuales desde hace dos años y que ha denunciado al Serma porque no le han pagado nocturnidad ni fines de semana.

"Yo también soy español"

Eso sí, “todos los días a las 12 nos ponían el himno nacional. Se han apropiado hasta de mi bandera, porque yo también soy español, para ocultar la gestión tan horrible que han hecho”, se despacha Manuel, actualmente en paro y a la espera de volver a firmar un contrato precario.

Manuel solicitó una inspección de trabajo porque no le habían dado de alta durante los primeros 15 días y lo que pasó fue que le dieron de alta como autónomo. “Han convertido el Serma en una empresa de trabajo temporal”, denuncia este profesional de 36 años al que también se le ha muerto una tía de un ataque al corazón durante los días más duros de la pandemia.

Las consultas de especialistas han estado sin atender pacientes durante más de dos meses. “No sólo están los muertos por COVID19, están también los muertos que han sido abandonados por el sistema”, manifiesta este celador que espera que tanto profesionales y usuarios de la sanidad pública se organicen para salir a la calle a decir “basta ya de jugar con nuestra salud, porque nos están matando”, concluye.

 

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