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Los trabajadores de Tubacex suman ya 41 días de huelga sin transformar un solo kilo de acero: “Es una lucha de clases”

Los huelguistas son conscientes de que, además de casi 150 puestos de trabajo, están en juego el futuro de toda la comarca alavesa de Aiaraldea y el empleo digno, conquistado con décadas de lucha.

Los trabajadores de Tubacex suman ya 41 días de huelga sin transformar un solo kilo de acero: “Es una lucha de clases”
Movilización de los trabajadores de Tubacex

Que la “riqueza” la crean los trabajadores es algo que siempre dejan claro las huelgas, y es que cuando los obreros dejan de trabajar, las fábricas se paralizan, las plantas no funcionan. Es lo que está pasando en tres plantas de la multinacional Tubacex, que suman ya 41 días de huelga indefinida contra casi cien despidos y en defensa de casi 150 puestos de trabajo. Una protesta con un seguimiento total, y es que los trabajadores son conscientes de que, además de esos casi 150 puestos de trabajo, están en juego el futuro de toda una comarca –la de Aiaraldea (Araba), donde Tubacex cuenta con una fábrica en Laudio, la capital comarcal y la localidad que acoge la sede de la multinacional, y dos en Amurrio– y el empleo digno, conquistado con décadas de lucha.

Las fábricas de Tubacex en Laudio –TTI-Llodio– y Amurrio –TTI-Amurrio y ACERALAVA–, tres de los principales tractores económicos de la comarca, emplean a unos 850 trabajadores con contrato indefinido y buenas condiciones laborales. “Tubacex tiene sentido en el valle con las condiciones que tiene”, advierte a LUH el trabajador Sergio Zaballa, representante de LAB en el comité de empresa de Tubacex.

La comarca de Aiaraldea, bien comunicada con Vitoria-Gasteiz y con Bilbao, está integrada por Laudio –capital comarcal–, Amurrio y otros tres municipios: Aiara, Artziniega y Okondo. Se trata de una comarca históricamente industrializada, especialmente golpeada por las políticas de reconversión industrial de los años ochenta del pasado siglo XX y que hoy en día registra unos niveles de paro por encima de los de la media de la Comunidad Autónoma Vasca y del conjunto de Euskal Herria. “Y esto puede ser la gota que colme el vaso”, advierte Zaballa.

La Dirección de Tubacex comunicaba el pasado jueves la culminación del proceso de ERE (Expediente de Regulación de Empleo) en Laudio y Amurrio, con 95 despidos y 34 salidas; 22 de ellas, bajas incentivadas, y las otras 12, prejubilaciones. El comité de empresa que engloba a las tres fábricas afectadas –compuesto por cuatro representantes de ELA, otros cuatro de STAT, tres de CCOO, uno de LAB y otro de Independientes– considera que las razones estructurales alegadas para ejecutar los despidos no quedaron demostradas durante el proceso, insiste en que la medida no responde más que a los intereses y a la avaricia de la Dirección y del consejo de administración de Tubacex –encabezado por su consejero delegado, Jesús Esmorís–, no acepta, por unanimidad, ni uno solo de los despidos y está convencido de que, más allá de lo judicial, la lucha obrera es lo único que puede revertirlos. Por eso los trabajadores están dispuestos a mantener la huelga hasta que el último de los despedidos se reincorpore a su puesto de trabajo.

Los despliegues policiales diarios ante las puertas de las fábricas son de entre nueve y 12 furgonetas, y algunos días han llegado a ser hasta de 15. Además, “la Ertzaintza está nerviosa y cuenta con algunos miembros incontrolados que buscan claramente la provocación”, apunta Zaballa. Varios huelguistas han sido golpeados por la policía autonómica, como muestran las imágenes de los porrazos recibidos el pasado 23 de febrero por los participantes en una sentada pacífica.

Pese a todo, la huelga está registrando un seguimiento del 100% de los obreros, aunque unas treintena personas acceden cada día a las fábricas en autobuses entre gritos de “esquiroles” y escoltados por la Ertzaintza. “No son trabajadores –el 100% de la gente de planta está secundando la huelga–, son gente que está fuera de convenio, gente de alto mando o jefes de departamento que tienen sus contratos personales con la Dirección y que no están protegidos por ningún convenio”, explica el representante de LAB, que en este sentido insiste en que “durante la huelga está habiendo una parada industrial total y no se ha transformado ni un kilo de acero”.

Un holding

Zaballa explica asimismo que la actual Dirección de Tubacex ha acabado creando “un holding de empresas con sedes por todo el mundo” y que los tubos fabricados en Laudio y en Amurrio son elaborados con materias primas compradas –a precios que “no son de mercado”, advierte– a otras empresas del propio holding y posteriormente vendidos por otras empresas también del propio holding. “Tubacex no es deficitario y dentro de Tubacex nuestro producto es elemental”, advierte el representante de LAB, que insta a contemplar la situación en su conjunto y que está convencido de que el fin último del consejo de administración de Tubacex es la “deslocalización” de las fábricas de Aiaraldea, que el pasado 5 de marzo se paralizó –también su comercio, su hostelería y sus servicios en general– durante dos horas en apoyo a los trabajadores despedidos y al empleo digno en la comarca.

“Es una lucha de clases, y ellos –y con “ellos” no me refiero sólo a Tubacex, me refiero a todas las empresas– tienen bien claro dónde se posicionan”, advierte Zaballa, que asegura que, con la “excusa” de la pandemia de coronavirus, la actual Dirección de Tubacex pretende llevar a cabo el principal objetivo que tiene “desde que entró”, que no es otro que “aumentar la plusvalía” y repartirla entre los accionistas a costa de “rebajar las condiciones sociolaborales” de los trabajadores. Una lucha de clases en la que –como aseguró el multimillonario estadounidense Warren Buffett al diario ‘The New York Times’ en 2006– son ellos quienes van ganando, y es que “el poder económico se está imponiendo poder político”, asegura el representante de LAB, que augura “un futuro negro” si en él no existe “un poder político firme” que, además de entregarles dinero público y beneficiarlas con exenciones fiscales –como el Gobierno Vasco viene haciendo con Tubacex–, “controle a esas empresas”. “Los trabajadores aportamos durante ocho horas diarias la mano de obra que enriquece a esas empresas, y el poco dinero que nos sobra después de pagar nuestras hipotecas y nuestras deudas es lo que mueve las ruedas de las sociedades en las que vivimos, por eso hay que presionar a los poderes políticos para que no hagan dejación y exijan a esas empresas que devuelvan lo que la sociedad les da”, añade.

La lucha de los trabajadores de Tubacex vivió un nuevo episodio este lunes, cuando cientos de personas, convocadas por los comités de empresa de las principales empresas de la comarca y tras una pancarta con el lema “Aiaraldeko enpleguaren defentsan. Aurrera Tubacex!” [En defensa de los puestos de trabajo de Aiaraldea. ¡Adelante Tubacex!], tomaban las calles de Laudio en apoyo a los trabajadores despedidos. “Un nuevo día, y ya son 41, de esta huelga indefinida. La despensa llena de toda la fuerza y el apoyo que recibimos ayer, no acabaríamos nunca de daros las gracias. Inolvidable, algo que quedará en el recuerdo de tod@s… La mecha de la solidaridad se ha encendido y esto es imparable. ¡Orgullo de clase obrera!”, comunica este martes en sus redes sociales TubacexEnLucha, la plataforma de apoyo a los trabajadores despedidos. Su lucha sigue.

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