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Opinión

Madrid merece lo bueno por conocer

Cuando yo llegué a Madrid por trabajo, Serigne Mbayé ya formaba parte de la Comunidad que me acogió sin preguntarme nada

Hace cuatro años llegué a Madrid por trabajo. Me mudé a Lavapiés a un piso muy pequeño por el que una casera que tenía una especie de abrigo que yo no había visto en mi vida me cobraba por un espacio único y un cuarto de baño más de 600 euros. Era el precio "normal" por ese tipo de pisos en mi corrala y en las corralas vecinas. A pesar del impacto que para una canaria supone un cambio de vida a Madrid, las vecinas y vecinos me lo pusieron bastante fácil. Mi vecino Jordi guionista catalán, tremendamente culto e inteligente pero precarizado por la crisis de la cultura, me dijo un día que entreabrió su puerta que en Madrid había muchas cosas que ver y hacer "incluso gratis". Jordi era [es] maravilloso y tenía entre papeles, libros y películas de DVD un cuadro muy grande del Coloso (que sea de Goya finalmente o no, siempre me ha impactado). Jordi y yo pagábamos a medias internet. Nos dimos cuenta que con un módem podíamos sobrevivir los dos y pagarle menos a Telefónica.

Mi vecina del piso de arriba, una señora mayor que vivía sola un día se ofreció a cuidarme un gato que encontramos en la calle, que finalmente se llevó una asociación de protección de animales y me cuentan que hoy India (que así se llamaba la gata) vive muy bien.

Cuando me dio un brote de reuma, a pesar de ser una desplazada sanitaria (que así nos llaman a los que trabajamos en Madrid pero procedemos de otra comunidad autónoma española) la Doctora Z. Rosales del Hospital Clínico San Carlos no me preguntó de dónde venía ni cuánto dinero tenía para hacerme unas pruebas que de no ser por la Sanidad Pública yo nunca hubiera podido pagar nunca. También ahí las amigas hicieron piña para cuidarme junto a Jordi y la vecina de arriba.

Cuando yo llegué a Madrid por trabajo, Serigne Mbayé ya formaba parte de la Comunidad que me acogió sin preguntarme nada.

Yo no les cuento mi vida porque sea comercial, como le escribieron en aquella carta a Joaquín Sabina. Sino porque si esta es mi experiencia, privilegiada en muchos aspectos pero común y cotidiana en lo demás, todas hemos tenido que conocer y querer un Madrid muy parecido a este y ese Madrid ya existe a pesar de quienes han sido un cuarto de siglo sus dirigentes.

Cuando llegaron los desahucios a Argumosa, 11 (la calle perpendicular a la mía) yo no salí a apoyar a mis vecinas porque yo sea una activista bolivariana sino porque estaban desahuciando a la mujer que me cuidó la gata, al vecino que me decía "Si necesitas algo, aquí estoy. Y allí estaba. Allí estábamos.

Entre las personas que fueron a poner el cuerpo contra aquel desahucio que finalmente se ejecutó recuerdo algunas caras. Alejandra Jacinto por aquel entonces portavoz de la PAH, llegó por la mañana, conocedora como abogada y como activista de lo que le estaban haciendo a ancianas, familias, madres e hijos de toda la calle Argumosa: finalizaciones del contrato de alquiler porque el casero decidía duplicar el precio de la renta si la persona no podía pagar el doble de precio por una casa parecida a la mía pues ese piso quedaba como trozo de carnaza para convertirlo en vivienda turística (por ahí me cuadra más la libertad de Ayuso: desahucios y sufrimiento bajo la alfombra de turismo y cañas a la madrileña) como en aquella escena de La Playa (2000, Danny Boyle) en la que uno de los protagonistas no para de gritar por una herida de tiburón y para que no les fastidie a los demás la fiesta lo dejan solo en una playa y continúan la juerga en otra.

Yo no cambio por nada ser canaria, de eso no se sale, pero miren si yo pudiera ir a votar mañana ante esta oportunidad que me ponen delante, votaría para cuidar el Madrid que ya existe. Mañana es uno de esos pocos días que hace a los poderosos aflojarse la corbata porque, el único día del mapa de control que para ellos es un punto ciego, por eso manipulan a los medios de comunicación y a la otra mitad la compran, porque temen con más rabia que fuerza que nos demos cuenta de nuestro poder si votamos todas las corralas, si vota el sur, si votan los guionistas precariados, si votamos por aquello que salíamos a aplaudir a las 20.00 horas en los peores momentos de 2020. Es el día en que tu voto y el de Florentino Pérez valen lo mismo. Mañana el Coloso eres tú. 

Que una comunidad con una ciudad tan grande dentro, articule una convivencia de manera tan excepcional es algo muy difícil de lograr. Y puede ser mejor pero peor seguro si ganan los que quieren que alguien como yo, como tú, no pueda pagar un piso para poder trabajar (ojo al orden de la frase), si ganan los que quieren que nos paguemos el reumatólogo y nos hipotequemos por eso, o la terapia por no entender un mundo voraz donde los mordidos por los tiburones se quedan aislados. Los que no buscarían un futuro a los animales sino el espectáculo de su muerte o los que quieren fuera de la Comunidad al Sergine Mbaye que me acogió en Lavapiés sin hacer preguntas, y sin hacer preguntas hubieran ido a parar mi desahucio porque no necesitamos conocernos para saber que sufrimos los mismo abusos.

Ayer se dijo en un mitin de cierre y es para reflexionarlo que el día lo merece: piensa en quien te pide el voto para que vivir mejor y quien te lo pide para que vivas como la gente que más aman.

FOTO: F.V.

FOTO: F.V.

Mira que si les echamos...

 

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Garabullo

    3 de mayo de 2021 22:08 at 22:08

    Precioso, Gara. Abrazos desde Tenerife.

  2. mochuelillo

    4 de mayo de 2021 09:07 at 09:07

    Vaya,como me ha gustado.

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