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Análisis

¡Marhuenda, trabaja de peón!

El director de La Razón ha afirmado que "un mes de vacaciones es una barbaridad"

Francisco Marhuenda, director de La Razón, otrora diputado del PP en Cataluña y asesor de Mariano Rajoy en la etapa de éste como ministro en los gobiernos de José María Aznar, no quiere vacaciones. Dice el señor que "un mes de vacaciones es una barbaridad". Le encanta su trabajo: “El periodismo y la universidad”, especifica. Cuenta mi madre, con la retranca que se gasta la gente sufrida, que "a la gente que le gusta su trabajo es que no trabaja".

Al contrario que Marhuenda, mi madre siempre quiso vacaciones pero no fue hasta que cumplió 58 años cuando se pudo ir por primera vez tres días a Chiclana. Más de medio siglo esperando a tener tres días de descanso. Se dice pronto. El problema de Marhuenda no es su sadismo o que sea el portavoz de los dueños de España, a los que le gustaría tener esclavos en lugar de trabajadores, sino que analiza la realidad como si todo el mundo fuera periodista o hubiese tenido el privilegio de que el Grupo Planeta le pusiese un periódico en el que el señor al que no le gustan las vacaciones no aparece porque le pagan por impartir doctrina en tertulias televisivas.

Marhuenda ha tenido mucha suerte porque no trabaja, que diría mi madre, que la primera vez que se fue de vacaciones sólo hacía pensar si las vacas estarían siendo bien ordeñadas y si mis hermanos mayores, que se quedaron al cuidado de la economía familiar, estarían regando debidamente la huerta durante los tres días de ausencia.  Mi madre, que no es periodista pero sabe de la vida mucho más que Marhuenda, tiene otro refrán maravilloso: "El mulo a la vista del amo engorda".

Si el director de La Razón trabajara de albañil, a los 60 años, su edad, vería que ya no podría ponerse erguido, que le dolerían los huesos y que estar debajo de una obra en agosto es un deporte de riesgo. Si fuera camarero de piso, cristalero, mecánico o jornalero agrario tendría que ir a trabajar en compañía de un pastillero para no confundirse con las tomas y sobrellevar los dolores musculares tras décadas pasando frío, calor y doblando los riñones a la altura del suelo para sacar adelante la faena.

La maldad de Marhuenda es la misma que la de quienes todo lo que tienen no lo han ganado con el sudor de su frente, sino que su vida cómoda ha sido gracias a los privilegios de nacimiento que le han otorgado contactos, comodidades para no tener que pensar en sobrevivir y dinero para estudiar y vivir sin penar.

Marhuenda podría haber dicho que el mercado laboral tiene que ir pensando en reducir la jornada a 32 horas sin rebaja de sueldo para que haya trabajo para todos y todas y que la robotización y digitalización, costeada por el Estado, también beneficie a los curritos y no sólo a los dueños del capital. Trabajar cuatro días y tres de descanso para trabajar mejor y que el estrés y la ansiedad dejen de llenar las consultas de los médicos de familia.

En 2030 se prevé que un 30% de la población española tenga problemas de salud mental, entre otras cosas por unos ritmos laborales incompatibles con la vida. Mientras esta realidad sucede, Marhuenda sermonea que la solución es una soga al cuello. Es un patrón de su época: del siglo XVIII.

Marhuenda cambiaría de opinión yéndose a trabajar de albañil, acarreando carretillas de masa de cemento, tirado todo el día de rodillas en suelos sin lucir y a una temperatura ambiente de 40 grados. Una cosa urgente que podría hacer el periodista de cabecera del PP es comprarse una vida, porque las terapias psicológicas están llenas de pacientes que no quieren parar de trabajar porque le tienen pánico a escuchar el vacío de sus vidas fuera del trabajo. El trabajador que no quiere vacaciones es el que más las necesita. ¡Marhuenda, trabaja de péon! Esto lo digo yo, no mi madre.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Topo Gigio

    24 de mayo de 2021 23:26 at 23:26

    Siempre hablan los que más tienen que callar. Eso lo dice un tipo que se pasa los días soltando sus memeces infumables de tertulia en tertulia y que no da un palo al agua a cambio de un suculento sueldo.

  2. mekong --

    25 de mayo de 2021 13:32 at 13:32

    «¡Hala, hala, ya lo sabemos , todos los trabajadores buenos y todos los periodistas malos!»

    Así es cómo te respondería este demagogo y gandul mequetrefe.

    Es increíble que un tontuliano como este pueda ni siquiera tener la famita que tiene.

    A este le pones a trabajar de peón y se muere en dos días.

    Muy bueno el artículo, Raúl. Como siempre. Pero no le dediques más tu tiempo a este parásito peperro. En su evidente estulticia lo que más humedece su única neurona es que se hable de él

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