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Opinión

Matías Prats no es Will McAvoy

La mentira entró así en antena, en horario de máxima audiencia, directamente a los televisores de millones de ciudadanos. Pero, ¿quién habla por el pinganillo al presentador de Antena 3 cuando sostiene algo tan fácilmente refutable?

Matías Prats (izquierda) y Will McAvoy (derecha)

La serie norteamericana 'The Newsroom' (Aaron Sorkin, 2012) es un alegato de cómo debería funcionar el periodismo. Su protagonista, Will McAvoy, es un presentador de informativos empeñado en mostrar la verdad y desenmascarar la mentira en antena. Representa la integridad del periodismo, el rigor y la resistencia a las presiones de los poderes económicos por el 'share'. Una visión idealista, muy alejada de la cotidianidad de una profesión contaminada por múltiples intereses, pero que resulta útil para medir la calidad democrática de nuestro país. "Desde este momento decidiremos qué ocurre en nuestro espacio y cómo presentarlo, basándonos en la verdad de que nada es más importante para una democracia que un electorado bien informado", defiende McAvoy en una escena de la serie.

Puede que ambos sean de derechas (el protagonista de The Newsroom es abiertamente republicano y el presentador de Atresmedia no parece sospechoso de tener las obras completas de Rosa Luxemburgo), pero Matías Prats no es Will McAvoy. Y lo demostró durante los informativos del pasado domingo, asumiendo como propios los bulos de la extrema derecha. El presentador de noticias de Antena 3 preguntó a Pablo Iglesias por su responsabilidad en la gestión de las residencias de mayores durante la crisis sanitaria, señalando que la Vicepresidencia de Derechos Sociales "asumió públicamente el control el 19 de marzo".

Sin embargo, tal y como sostiene la Constitución en el artículo 148, la asistencia social, es una de las competencias cedidas a las comunidades autónomas. Esto no ha cambiado desde la entrada en vigor del estado de alarma. Si repasamos la Orden SND/265/2020 del 19 de marzo de adopción de medidas relativas a las residencias de personas mayores y centros socio-sanitarios, ante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 a la que hacía referencia el presentador, vemos como establece claramente que “corresponde a las autoridades sanitarias competentes de cada comunidad autónoma dictar las resoluciones, disposiciones e instrucciones interpretativas que, en la esfera específica de su actuación, sean necesarias para garantizar la eficacia de lo dispuesto en esta orden”. Es decir, no se establece que la Vicepresidencia Segunda asuma ni una sola competencia en relación a las residencias, y en cambio se dice explícitamente que es una competencia de las comunidades autónomas.

La mentira entró así en antena, en horario de máxima audiencia, directamente a los televisores de millones de ciudadanos. Pero, ¿quién habla por el pinganillo a Matías Prats cuando sostiene algo tan fácilmente refutable? Al presentador de Antena 3 le hablan al oído bancos, aseguradoras y fondos de inversión.

Antena 3 pertenece al grupo Atresmedia, cuyos accionistas mayoritarios son el grupo Planeta (41,7%) y el gigante de la comunicación alemana UFA/RTL (19,1%). El 11% de su capital está en manos de fondos de inversión y el grupo mantiene al menos otro 25% de capital flotante en bolsa y sujeto a que cualquiera de estos fondos pueda aumentar posiciones. Además, en su consejo de administración se sientan directivos como Aurora Catá, consejera del banco Sabadell desde 2015, Patricia Estany, Managing Director en JP Morgan o Mónica Ribé Salat, vocal de la Junta de la Asociación Española de Corredurías de Seguros (ADECOSE).

La concepción de la información como un negocio, sin ningún tipo de control social, y no como un servicio público, explica que se anteponga la defensa de los grupos empresariales al derecho ciudadano a una  información veraz y de calidad.

Hay una anécdota que cuenta Toni Domenéch que revela como hasta hace no mucho tiempo era una idea de consenso que la mercantilización de la comunicación suponía una amenaza a la calidad democrática. A finales de los años sesenta, en el transcurso de un debate electoral en Alemania, Willy Brandt acusó a Henry Kissinger de planear la autorización de las televisiones privadas en la República Federal de Alemania. El secretario de Estado estadounidense, negó muy soliviantado la acusación, argumentando que las televisiones privadas supondrían el fin de la democracia alemana.

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