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Política

Mercadona despide a un trabajador con 27 años de antigüedad por ahorrarse 2,5 euros en un producto que iba a la basura

Es un caso más de una política laboral que deja más sombras de las que se suelen señalar

Mercadona presume, y mucho, de su política de empleo en su web. “Las condiciones laborales de Mercadona destacan por ofrecer empleo estable y de calidad mediante un Modelo de Recursos Humanos que fomenta la formación, la promoción interna y la equidad, entre otros valores”, reza la web de la entidad.

Lo cierto es que es ya casi un tópico señalar el “Mercadona” como ese lugar al que ir a trabajar cuando no se puede optar a otra cosa. Sin embargo, en esa foto de calidad del empleo, de bienestar de los trabajadores y de compromiso social que ha conseguido distribuir (con éxitos) hay más de un borrón.

Por ejemplo, la noticia publicada esta mañana por ‘elDiario.es’. Cuenta Néstor Cenizo que la compañía de hipermercados ha decidido despedir a un veterano trabajador de 51 años por pagar 2,51 euros (en vez de 5,01) por unas bandejas de carcasas de pollo para su perro. José Francisco Sánchez Guerrero llevaba 27 años trabajando en la empresa.

En su turno de tarde del sábado 12 de septiembre, y siempre con la idea de vender todo el género posible y que no se desperdicie, optó por la habitual bajada gradual de precios. Al final de la jornada, sin embargo, aún le quedaban 40 euros en productos. Si no hubiera comprado las bandejas que le costaron su despido, su destino habría sido la basura. Guerrero, en declaraciones a ‘elDiario.es’, admite su error pero considera que las consecuencias son desproporcionadas. Pedirá la nulidad, porque tiene tres hijos “en edad escolar” y el suyo es el único salario que tiene su familia.

El trabajador tiene opciones de llevarse el gato al agua. Sin ir más lejos, en 2015 el Tribunal Supremo dio la razón a una pescadera que regaló a una cliente una pescadilla que sino habría sido desperdiciada. Ese mismo año, la empresa acordó la improcedencia de un despido que recayó sobre dos trabajadoras que se habían comido “un saladito” que se iba a tirar.

Ambos ceses son más sangrantes, si cabe, si se tiene en cuenta que el hipermercado exhibe su compromiso con el aprovechamiento. Mercadona tiene fijado, a la hora de redactar este texto, un tuit fijado en su time line en el que informa de que se ha sumado “a la tercera semana contra el desperdicio”. Es de una ironía trágica que se haya conocido el despido de José Francisco hoy, el día que la ONU dedica a la “Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos

El modelo "Calidad Total"

Y no, Mercadona no es una empresa social. El portal especializado “Carro de combate” es muy claro al respecto, y la menciona en su llamado “semáforo rojo”:

“Son aquellas empresas que se rigen bajo los principios de maximización del beneficio a toda costa y que es mejor evitar. Sobre todo, evita comprar a aquellas empresas que, con prácticas abusivas, han conseguido crecer hasta el punto de tener una posición de ventaja en el mercado que les permite establecer las reglas y profundizar en esos abusos. Son los Amazons, los Mercadonas, los Googles, o los Glovos, por poner sólo algunos de los ejemplos de las empresas que más han ganado con esta crisis”

Cómo explicaba Antonio Maestre en 2014, la empresa aplica un modelo llamado “Calidad Total”. En teoría, la idea es conjugar en un círculo perfecto y equilibrado los intereses de “el Jefe” (así llaman a los clientes), El Trabajador, El Proveedor, La Sociedad y El Capital.

Un modelo que, a tenor de las denuncias de los trabajadores, no siempre se aplica. En 2017, el periódico cántabro ‘El Faradio’ publicó la denuncia contra un jefe que decía cosas como esta: “Prefiero que me llaméis Hitler que ser la madre de todos vosotros”; “no pongas cara de lástima que pareces un perruco y no sé si pasarte la mano o darte una patada”; “que trabajas en una charcutería; no en la NASA”; “Por lo que cobráis tenéis que estar agradecidos” o “toda esa gente que coge las reducciones de jornada son todos unos vagos que piensan que es mejor que se rompan la espalda sus compañeros”

Este caso se suma a otras denuncias por mobbing laboral y a despidos injustificables. Despidos como el que sufrió un trabajador en 2018, cuenta Mónica Martín, en medio de una incapacidad médica temporal o como los cinco que realizó en plena pandemia en Basauri y Gasteiz, denunciados por el sindicato ELA. 

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