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Política

Miguel Ángel Aguilar, la nostalgia de la petaca

Más de medio siglo de periodismo lo ha convencido de que las noticias no vienen a las redacciones y, aunque puede que ahora estén en las redes sociales, las exclusivas siguen estando donde siempre estuvieron: en los bares

Miguel Ángel Aguilar, la nostalgia de la petaca
Miguel Ángel Aguilar

“La Ley Seca en las redacciones disparó el alcoholismo en los periodistas. En las redacciones existían ciertos hábitos, entre ellos el de llevar una petaquilla forrada en cuero negro llena de whisky, ron o ginebra. Se le decía a algún becario: ‘Oye, chaval, tráeme una tónica o una cocacola’, y se enriquecía esa bebida inocua con un chorrito de la petaca. Los becarios no ponían cafés sino cubatas. A lo largo de una jornada de diez horas, el periodista se había bebido su petaca. La ingesta era con lentitud, sin apresuramiento. En un momento dado se prohibió el alcohol en las redacciones, tanto el de sus cafeterías como el traído de casa. Fue muy duro. Eso disparó el alcoholismo. Los periodistas bajaban a los bares de alrededor. Como no podían hacerlo cada dos horas, en lugar de una copa se bebían tres en cuarenta minutos. El alcohol favorece el atrevimiento del periodista y alivia la tentación de la autocensura. A muchos de los mejores periodistas que he conocido les ayudaba el alcohol, les hacía más inteligentes. A algunos les atocinaba y les entorpecía, pero a otros les aportaba lucidez. También atrevimiento. En la guerra, cuando había que sacar a los muchachos de la trinchera, se repartía el coñac ‘saltaparapetos’. Se distribuía en una dosis generosa y se iba hacia delante. Con el periodismo pasa igual. El periodismo es mucho peor sin alcohol: permite socializar, rompe fuertes barreras de inhibición. En momentos de peligro, un poquito de alcohol ayuda”.

A Miguel Ángel Aguilar (Madrid, 1943) le da igual que en las redes sociales le llamen borracho, entre otras cosas porque no tiene Twitter ni Facebook. Bueno, por no tener, no tiene ni teléfono móvil. O al menos eso dice.

Ahora brilla básicamente soltando ditirambos o filípicas –según la ocasión– desde los micrófonos de la Cadena SER, pero Aguilar lo ha sido todo en el mundo del periodismo desde que en 1966 recaló en el histórico diario ‘Madrid’, donde al año siguiente –en pleno franquismo– publicó un artículo, sobre las protestas y los disturbios registrados en la universidad, por el que acabó juzgado por el TOP, aunque fue absuelto. Desaparecido el diario ‘Madrid’ por orden del Gobierno franquista en 1971, Aguilar pasó por la revista ‘Cambio 16’ antes de ser nombrado, en 1978, director de ‘Diario 16’, cargo en el que resistió hasta 1980. El 26 de enero de 1980, la edición vespertina del diario titulaba en portada “Una intentona militar ha sido abortada en Madrid”, abriendo una información que sostenía que el cese del general Luis Torres Rojas como jefe de la División Acorazada ‘Brunete’ del Ejército español, por parte del Gobierno de Adolfo Suárez, se debió a que Torres Rojas estaba liderando los preparativos de un golpe de Estado. Aguilar acabaría procesado, en un juzgado militar, por calumnias a un militar –“en vez de encausar a Torres Rojas, me encausaron a mí; en vez de tirar del hilo que les habría llevado al 23-F, le permitieron seguir conspirando y a mí me metieron un Consejo de Guerra”, lamentaría después– y destituido como director de ‘Diario 16’, del que la UCD de Suárez era accionista.

“La situación ha alcanzado niveles de censura”

Aquel mismo año de 1980, Aguilar se incorporó a ‘El País’, diario del que fue primero corresponsal político y después columnista político y miembro del Comité Editorial. Y en ‘El País’ resistió 35 años, hasta que en 2015 fue despedido de forma fulminante tras la publicación, en el diario estadounidense ‘The New York Times’, de unas críticas suyas a los principales diarios españoles en general –“están en manos de los acreedores”, advirtió– y a ‘El País’ en particular –“trabajar en ‘El País’ era el sueño de cualquier periodista español, pero ahora hay gente tan desesperada que se está marchando, a veces incluso con la sensación de que la situación ha alcanzado niveles de censura”, remató–. Como columnista de ‘El País’, a Aguilar lo había fichado en 1994 el entonces director, Jesús Ceberio, pero lo despidió en 2015 el entonces jefe de Opinión, José Manuel Calvo, que tiró de ironía al espetarle que, para liberarle de la presión que había denunciado en ‘The New York Times’, su columna semanal en ‘El País’ había tocado a su fin. Dicen que lo que más le dolió a Aguilar es que, habiéndolo fichado todo un director, lo despidiera el jefe de Opinión. Y además, de esa forma.

Compartiendo ‘El País’ y la SER propietario –el Grupo PRISA–, Aguilar llegó a temer que su salida del diario provocara también su salida de la cadena radiofónica, pero no fue así, y sigue colaborando en diversos programas de la misma, con ‘El Telegrama de Miguel Ángel Aguilar’ –espacio incluido en ‘Hora 14’– como plato fuerte. Sirvan como ejemplo estos dos dedicados a Juan Carlos Monedero en 2015. “Señor miembro de la cúpula dirigente de Podemos: su declaración complementaria presentada a Hacienda prueba un comportamiento correcto como contribuyente que merece ser reconocido, pero –saldadas esas cuentas– el interés se centra, más que en el importe de las facturas por el asesoramiento a varios gobiernos bolivarianos, en la naturaleza de los encargos recibidos y en los textos que compendian las recomendaciones formuladas por la parte contratada a la parte contratante. ¿Piensa Monedero que los modos de allende los mares serán válidos aquí?”. “Señor cofundador de Podemos: parece encontrarse como Segismundo en ‘La vida es sueño’ cuando exclamaba ‘apurar, cielos, pretendo / ya que me tratáis así, / qué delito cometí / contra vosotros naciendo’. En el día de las explicaciones sobre los cobros por asesoramiento y los tributos debidos a la Hacienda, convendría subrayar que ayudas a la navegación a dictaduras americanas las han prestado los campmany, ansones y ‘tutti quanti’; vengan en buena hora las minutas, pero mucho mayor interés tendrían los informes redactados para esclarecer qué propugna el asesor”. Literatura fina.

“Aturdido y angustiado”

Fuera ya de ‘El País’ y con su aureola de periodista de raza a cuestas, Aguilar fundó junto con Soledad Gallego-Díaz el semanario ‘Ahora’, concebido para publicar análisis y reportajes políticos, económicos y culturales profundos y contextualizados, pues ambos periodistas estaban convencidos de que “el público está aturdido y angustiado por infinidad de impactos noticiosos fragmentarios e inconexos”, un “ruido” que le mantiene “perfectamente desinformado”, lo que hacía necesario “ayudar al lector a entender lo que está pasando”. ‘Ahora’ acabó encallando en los acantilados del panorama mediático español, pero de su época al frente del semanario quedan perlas como esa especie de chiste de barra –sobre los convenios colectivos y las relaciones amorosas que precisan zonas de penumbra para que patrones y sindicalistas por un lado y enamorados por el otro culminen sus respectivos– que contó, allá por 2016, en una rueda de prensa de Pedro Sánchez sobre lo que había osado reclamar Pablo Iglesias: una negociación con luz y taquígrafos, previa a la formalización de un pacto de gobierno.

Y es que las negociaciones previas a la formalización de pactos de gobierno parecen ponerle nervioso, pues en 2019 Pablo Echenique daba cuenta de una de ellas a un enjambre de periodistas en un pasillo del Congreso cuando Aguilar interrumpió la escena al grito de “¡un relator, un relator!, ¿no se podría arreglar esto con un relator?”. Echenique intentó continuar y varios periodistas trataron de hacerle callar, pero Aguilar volvió a la carga a voces: “¡Un relator!”. No era la primera vez que troleaba, y probablemente tampoco sería la última. No en vano, en el Congreso son famosos sus troleos y sus preguntas ‘jocosas’, alguna tan rocambolesca como la que sobre la vuelta de Carles Puigdemont le hizo a Adriana Lastra, a quien aún le dura el desconcierto.

Su verbo mordaz y socarrón vio envejecer y morir al franquismo en El Pardo y en La Paz y nacer y crecer al régimen del 78 en La Moncloa y en el Congreso, en más de medio siglo de periodismo de prensa escrita, radio e incluso televisión que lo ha convencido de que las noticias no vienen a las redacciones y, aunque puede que ahora estén en las redes sociales, las exclusivas siguen estando donde siempre estuvieron: en los bares.

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