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Opinión

Mirar a los ojos de nuestro pasado

Mirar a los ojos de nuestro pasado

PACO GRACIA, responsable de Memoria Democrática de Podemos

El 4 de abril de 1939, apenas tres días después de finalización de la guerra, se produjo la exhumación de la tumba de José Antonio Primo de Rivera. Posteriormente su féretro fue traslado a hombros por falangistas desde Alicante a El Escorial mientras repicaban las campanas a su paso por los pueblos. Puede sonar paradójico, pero comenzaban así las primeras “Políticas de Memoria” en nuestro país, que continuarían con la concesión desde 1940 de pensiones extraordinarias a viudas y huérfanos de los soldados muertos que se “alzaron por el Movimiento”, pensiones para los familiares de curas asesinados, el acceso por ley al funcionariado de mutilados y familiares de víctimas “caídas por el alzamiento”, y también, la recuperación y exhumación de “cadáveres asesinados por Rojos”.

Mientras tanto, al finalizar la guerra había en España más de medio millón de personas en prisión o en campos de concentración y otras 400.000 habían marchado al exilio. A esto se le llamó “la paz de Franco”: significó que se siguió ejecutando masivamente durante diez años en los que fusiló a más de 50.000 personas. Además se prohibieron sindicatos y partidos políticos, durante 40 años se persiguió cualquier tipo de disidencia, se prohibió pensar libremente. Y lo que es peor, cuando la pesadilla terminó, se les negó a las víctimas de esta dictadura su legítimo derecho a la reparación, la justicia, y hasta la memoria. El anuncio del anteproyecto de Ley Memoria puede suponer, por fin, el paso definitivo hacia el reconocimiento de todas las personas que fueron represaliadas por su defensa de la democracia durante la guerra, la dictadura y en la Transición.

Es cierto que desde la llegada de la democracia se aprobaron diversas leyes que, de forma tímida y parcial, pretendían paliar el abandono en el que se encontraban las víctimas. El que pretendió ser el intento más ambicioso para esta reparación, la Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, conocida popularmente como la Ley de Memoria de Histórica de Zapatero, se quedó en un quiero y no puedo (o no me atrevo) que dejó aparcadas muchas de las reivindicaciones de las asociaciones memorialistas.

Hoy, y en gran medida gracias al trabajo incansable de estas asociaciones de víctimas, a la lucha y el empuje de personas ya fallecidas como el abogado Carlos Slepoy, el  activista Chato Galante, que fue torturado, o Ascensión Mendieta, que no dejó nunca de buscar los restos de Timoteo, su padre; gracias al esfuerzo de todas estas personas y muchas más, se presenta un anteproyecto de ley que pretende establecer las bases de la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

El texto reconoce medidas de amplio calado, muchas ellas recogidas en la proposición de Ley que presentó el Grupo Parlamentario de Unidas Podemos en 2018, como la creación de una fiscalía especializada en la investigación de desapariciones forzosas, la persecución del expolio franquista, la resignificación del Valle de los Caídos, la nulidad de las sentencias franquistas, la revocación de títulos y reconocimientos franquistas o  la extinción de la muy franquista Fundación Nacional Francisco Franco. También nos pone a la altura de democracias europeas, como la francesa o la alemana, con el establecimiento de un régimen sancionador ante posibles acciones u omisiones contrarias a esta ley, como por ejemplo la destrucción de fosas, la destrucción o menoscabo de lugares de Memoria Democrática o elementos simbólicos, la falta de adopción de medidas para impedir o poner fin a actos de exaltación del franquismo que menosprecien a las víctimas. Por último, y al igual que hizo Alemania con las corporaciones que se beneficiaron del nazismo, está prevista la elaboración de un censo de empresas y organizaciones que se hubieran beneficiado del trabajo forzado y un inventario de obras y edificaciones realizadas mediante este trabajo esclavo. No se olvida la futura ley del reconocimiento de aquellas personas que voluntariamente vinieron a defender la democracia de nuestro país, y si en el texto de 2007 se concedía la nacionalidad a los brigadistas internacionales, ahora el anteproyecto prevé ampliar este derecho también a sus descendientes.

Uno de los aspectos más importantes es que la futura ley pone en el centro a la víctima, reconoce su  derecho y el de sus familiares a investigar en archivos públicos y privados y a conocer los resultados de las investigaciones sobre lo sucedido, a la exhumación sufragada por fondos públicos y a la identificación y sepultura digna, dando traslado al Ministerio Fiscal los indicios de comisión de delitos que se aprecien al realizar estas localizaciones e identificaciones. Nos alegra especialmente que el texto recoja un reconocimiento expreso del sufrimiento de las mujeres por la violencia específica que supuso su condición y por la discriminación y el paso atrás en el reconocimiento de derechos de ciudadanía que habían conseguido durante la II República y que perdieron durante el franquismo.

Todavía falta mucho para su aprobación, antes deberá pasar por el Congreso y durante el trámite parlamentario seguro que desde la derecha y la ultraderecha no faltarán palabras gruesas y menosprecio a las víctimas, pero nuestra obligación durante ese trámite ha de ser la de mejorar el texto. Debemos pelear, entre otros asuntos, para que se deroguen los apartados de la Ley de Amnistía que entorpecen la investigación de los crímenes del franquismo, y pelear para que se computen esos crímenes hasta 1983, porque sí, porque durante la Transición se siguió produciendo violencia institucional, se siguió torturando y se produjeron hasta 188 víctimas mortales.

Se lo debemos a Slepoy, a Chato, a Mendieta, a todas las víctimas. Y nos lo debemos como sociedad. Porque solo una vez recordados los crímenes y juzgados los criminales, una vez asumidas las responsabilidades y, sobre todo, honradas las víctimas, solamente en ese momento en que hayamos mirado a los ojos de nuestro pasado, puede que, entonces, seamos capaces de situar justamente cada cosa en su sitio para poder, ahora sí, construir un futuro común sin tener que mirar hacia atrás con horror y vergüenza a nuestro pasado como le pasaba al Ángelus Novus de Walter Benjamin.

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