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Opinión

Morir en las residencias de la Comunidad de Madrid

Creo en la Justicia. Y sé, como lo conocen las familias que han hablado conmigo, que algún día se sabrá la verdad

El drama de las muertes en las residencias de personas mayores ha sido despiadado y el comportamiento de las autoridades políticas de una magnitud tan desalmada que cuesta creerlo. Según se ha publicado en estos días en referencia a documentos oficiales de la Comunidad de Madrid, habría sido el propio Gobierno autonómico quien pudo dar la orden de no ingresar en los hospitales a las personas enfermas de las residencias. Me han llegado a llamar desde medios de Holanda y Francia, donde tengo contactos, para hacerme entrevistas sobre esas barbaridades que en Los Países Bajos han llamado “la nueva eutanasia de la derecha española”. Para una periodista estas circunstancias empujan a contactar con l@s familiares que perdieron a sus seres querid@s en esos centros, que parecían crematorios de la ignominia. Tumbas de hoy para l@s ancian@s que seremos mañana, según mi amiga Ter Koily de Rotterdam.

María Domínguez, enfermera que lleva 12 años en una residencia de Madrid donde han muerto de Covid19 seis personas, de entre 78 y 80 y tantos. De ellas, cuatro agonizaron sucumbiendo en sus manos y a solas. “Yo estoy de baja y en tratamiento con pastillas de las fuertes porque ni puedo dormir, ni vivir. Lo que he sufrido y padecido ha sido tan terrible que nunca podré superarlo. Después de tanto tiempo es imposible no coger cariño, ternura y considerar como si fueran de mi familia a las personas que tenemos o tuvimos, algunas de las cuales llevaban casi los mismos años que yo en mi trabajo. En esta residencia la directora es y ha sido una persona con ética y te puedo asegurar que cuando vimos los síntomas y cómo se desarrollaba estuvimos llamando a varios hospitales y en todos la respuesta fue no.”

Las residencias para personas mayores de la Comunidad de Madrid se dividen en privadas, concertadas y públicas. 

Un tanto por ciento muy elevado de las privadas está en manos de capital extranjero, cotizando fuera de España, y los precios por paciente estriban entre 2.500 o 3.000 euros. Paz Martín perdió a su madre con un Alzheimer que "la volvió agresiva y se escapaba. Por eso la ingresamos en esa residencia privada que nos costaba 3.000 euros al mes. Tanto mi hermano como yo nos habíamos turnado siempre y a partes iguales para cuidarla mientras se podía. Luego contratamos a una chica por el día y a otra por la noche y aquello fue de mal en peor. Por eso terminamos en la residencia. No me puedo quejar de nada. Estaba muy bien, rodeada de atención  y afecto. Ocurre que había muy poco personal por paciente y cuando todo se precipitó y comenzaron a enfermar trasladaron a todas esas personas a un solo cuarto. Y aún así dos enfermeras renunciaron a convivir con sus familias y lo hicieron con quienes estaban ya en fase aguda. Tanto la directora como estas dos enfermeras al principio sí hablaban con mi hermano y conmigo, pero de repente se cortó la comunicación. En ese tiempo vacío no sabemos lo que ocurrió. Hubo una total ocultación de información. No fue hasta después de una semana y media cuando nos comunicaron que nuestra madre había fallecido. En el certificado no consta el motivo de la muerte. Por eso nos hemos juntado con varias familias en nuestras circunstancias para denunciar directamente a la Comunidad de Madrid. Queremos saber qué ocurrió, el cómo y el porqué de esa falta de aclaraciones. El sentimiento de culpa no se aparta de mí unido al de haber abandonado a nuestra madre, tengo agorafobia y no puedo salir a la calle. He perdido 10 kilos y la tristeza que me corroe me ha llevado, por mi familia, a tener tratamiento de apoyo. No sé cuándo saldremos de esta”.

La opinión pública y los medios que informan de verdad ya saben de los desmadres de la Comunidad y su Doña, la que dice que su “prioridad es salvar a los madrileños”, no voy a repetirme. Pero cuando las cosas estaban tan mal que en los hospitales no admitían, por mas que probable indicación de la mismísima institución que dirige la señora de luto alojada entre baldaquines de púrpura, a nadie mayor de 70 años en las UCI, nos consta que el dueño de uno de los restaurantes más frecuentados por la casa real, la farándula y la flor del toreo, sí fue metido en una UCI de la Jiménez Díaz. Y salvado. Don dinero también es volátil porque auxilió a Lucio y asesinó a la madre de Paz.

Y a muchos pacientes con seguros privados que sobrevivieron a la guadaña.

Las residencias concertadas y las públicas llevaron la peor parte y el número más alto del triste e inaceptable final  sus días por abandono al que la CM sometió a las personas mayores con menos medios y atrapadas en esos cenotafios. Las mismas en las que se encontraron cadáveres amontonados en habitaciones cuando la Unidad Militar de Emergencias entró por orden gubernamental. 

En la Residencia perteneciente al grupo Los Pontones, del Grupo Nogales y que ofrece “plazas de financiación total o parcial”, concertada por tanto, un hijo me pasa el texto de la denuncia a la Comunidad de Madrid. En ella queda escrito uno de los relatos que bien pudieran pertenecer a una novela de Truman Capote. Llamadas sin respuesta. Ninguna información sobre la situación de su padre hasta que un día después de haberse desgañitado ofreciendo su teléfono para conocer lo que sucedía, hablar con responsables y amenazar mediante burofaxes para acceder al personal médico y sanitario, le dicen que su padre había fallecido. El vía crucis que sigue es tan  sádico como insufrible. Este hijo a pesar de buscarlo tarda días en saber dónde está enterrado su padre. “En uno de los papeles que la funeraria me facilita pone: los restos de su padre descansan en el Cementerio del Sur. Y adjuntan una carta firmada por la directora de la residencia. La que jamás se puso al teléfono y ocultó todo el proceso. Hasta el punto de que ella firma: por desconocimiento de familiares se solicita el entierro social. O sea, la fosa común”.

Inmaculada  Llanera, nieta de una señora de 87 años y residente de una pública de la Comunidad de Madrid, sólo tuvo el consuelo de conocer los detalles gracias a la amiga de una amiga de una de las cuidadoras de la inhumana asistencia que tuvo su abuelita. Se llamaba María y la encontró la UME. Posteriormente Inmaculada se enteró que María había estado atada a una cama, sin cambiarle los pañales, sin estar sondada y con todas las necesidades encima…...cierro el grabador porque no puedo seguir.

La diferencia entre el dueño de Lucio y María está en la trinchera social. María, atrapada en la indiferencia y la soledad más salvaje. El dueño de Casa Lucio, miembro honorario de una clase privilegiada para la que todo vale.

No es mi intención con este reportaje incidir en las chapuzas, recortes y mentiras  que anidan en la sanidad pública de la Comunidad de Madrid. Ni repetir que la actual lideresa es una repugnante liquidadora de las personas que estaban en residencias y murieron en soledad y abandono. Ni meterme con la ingente cantidad de intereses económicos y políticos que hay detrás de tantas muertes. Es una denuncia mediante testimonios. Pura información.

Creo en la Justicia. Y sé, como lo conocen las familias que han hablado conmigo, que algún día se sabrá la verdad. Mientras, la Doña y sus palanganer@s jugarán a la pelota con sus muertos. El mismo gesto de mecánica liturgia y ritual que utilizaban l@s divinizad@ monarcas de las épocas históricas donde eran ídol@s inmunes y su poder venía del más allá.

 

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