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Cultura

Cine y Series | Mrs. America: ahora nosotras contamos la historia

Belén Diego Lagar

Corría la década de los 70 y en Estados Unidos una ola feminista inundaba el país. La aprobación de la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA, por sus siglas en inglés) estaba más cerca que nunca. Era un momento de cambio, en el que el feminismo desbordaba las calles. Algo parecido a lo que el 8M consiguió en España el pasado 2018.

En este marco político comienza Mrs. America, una miniserie producida por FX, distribuida por HBO en España y creada por Dahvi Waller, quien participó en series como Mad Men o Mujeres desesperadas. Waller firma por primera vez en solitario una gran producción. El elenco está formado por renombradas actrices entre las que sobresalen Cate Blanchett, una de las caras más conocidas en Hollywood; y Sarah Paulson, destacada activista LGTBI que interpreta a una mujer conservadora.

Mrs. America muestra mujeres y momentos que han conformado la genealogía feminista norteamericana, como Gloria Steinem (Rose Byrne) o la Conferencia Nacional de la Mujer de Houston celebrada en 1977; un evento que consiguió reunir a mujeres de todos los estados, incluso de todas las comunidades nativas americanas. Houston tuvo una importancia incalculable para el movimiento feminista. En esta conferencia se cerraron heridas que llevaban tiempo abiertas, dando lugar a un movimiento más poderoso y mejor estructurado para conseguir sus objetivos. En palabras de la propia Steinem, Houston marcó su vida. Este fue el momento en el que el feminismo norteamericano tuvo más poder político. El atisbo de lo que fue ha inspirado a Steinem para continuar con su activismo pues lo que una vez fue puede volver a ser. Este es el verdadero espíritu de Mrs. America.

“Lo peor es que es una maldita feminista”

El hilo conductor de la trama comienza con la reacción patriarcal que sufrió el feminismo en esa época. Phyllis Schlafly (Cate Blanchett), una detractora de la ERA, es el personaje que encarna esta reacción. Casada con un político republicano, es la viva imagen del manual de la buena esposa: madre de seis criaturas y ángel del hogar. Schlafly da un giro a su carrera y a su vida cuando sus políticas militares son ignoradas, nada extraño en el masculinizado mundo armamentístico. Hasta ese momento, su dedicación política había estado en segundo plano, pero Schlafly se da cuenta de que tiene más oportunidades si centra su carrera en su condición de mujer y en hacer políticas “femeninas”. Pasa entonces de ejercer una actividad anticomunista a una antifeminista y comienza a convertirse en una mujer independiente y trabajadora.

Schlafly ostenta públicamente una vida de activista política a la vez que vanagloria los “privilegios de ser mujer”, a saber: no ir a la guerra, vivir mantenida por un marido y encerrada en un hogar que es como una fábrica en la que siempre hay trabajo que hacer. Su “emancipación” provoca malestar en su esposo, quien no duda en reprocharle su abandono y recordarle cuál es su lugar como mujer: “no es lo mismo que la mujer abandone su casa a que lo haga el hombre. No dividas la familia". Es realmente esclarecedora una escena de violación conyugal. Schlafly llega agotada de Washington y sube al dormitorio, donde ya está su marido. Él se pone cariñoso y ella, visiblemente incómoda y forcejeando levemente, se levanta y le dice que está cansada, que huele mal, que lleva todo el día con ese vestido. La escena termina con un primer plano de Schlafly mientras cumple con sus deberes de buena esposa.

El ideal de buena esposa es central en el activismo de Schlafly. Se observa en Pamela (Kayli Carter), una de las mujeres que participan en STOP ERA. Phyllis Schlafly culpa a Pamela de la violencia que su marido ejerce sobre ella, aconsejándole que tiene que aprender a controlarle. Un discurso que, por desgracia, todavía se escucha en las cámaras de este país donde algunas políticas se empeñan en negar la violencia machista bajo el paraguas de la violencia intrafamiliar.

Este no es el único calco del discurso de Schlafly que suena parecido a otros pronunciados en el Congreso de los Diputados desde que la extrema derecha entró en las instituciones españolas. En un momento dado, Schlafly afirma que “a algunas mujeres les gusta culpar al sexismo de su fracaso en lugar de admitir que no se han esforzado lo suficiente.” Una frase prácticamente idéntica ha sido pronunciada 50 años después en el seno de la democracia española.

El personaje interpretado por Blanchett encarna a la perfección todas las contradicciones de una mujer conservadora antifeminista. Mientras su discurso político se centra en salvaguardar la familia tradicional apelando a la naturalización de la división sexual del trabajo, ella es un ejemplo de todo lo que quiere combatir. Mujer independiente que ha sufrido el machismo en su propio cuerpo cuando ha intentado salirse del molde. Por esto, Bella Abzug (Margo Martindale) termina diciendo de ella: “lo peor es que es una maldita feminista”.

Sororidad es igual a feminismo

El contrapunto argumental a Schlafly, dentro de la historia de Waller, recae en la figura de tres importantes feministas: Gloria Steinem (Rose Byrne), Bella Abzug (Margo Martindale) y Betty Friedan (Trace Ullman). El elenco de personajes históricos no acaba aquí, también aparece, aunque de un modo más secundario, Shirley Chisholm (Uzo Aduba), quien fue la primera mujer afroamericana elegida en el Congreso de los Estados Unidos.

Gloria Steinem es una muestra de ese feminismo nuevo que está recorriendo el mundo, un movimiento interseccional y horizontal que busca aunar a las minorías y que detesta cualquier tipo de liderazgo tradicional. Bella Abzug es el prototipo de feminista marxista que ha ocupado espacios políticos que han estado siempre reservados a los hombres; recelosa de que cualquier paso en falso que pueda hacerle perder terreno. Betty Friedan es la imagen de un feminismo que está muriendo. Escribió un libro que despertó la conciencia de gran parte de las mujeres estadounidenses: La mística de la feminidad (1963) y cree que con esto ya ha cumplido su papel en la lucha, incluso se niega a revisar y reformar sus propios postulados. La serie nos muestra como su ego se interpone con la consecución de derechos para otros colectivos de mujeres más marginados como las lesbianas.

Las disputas entre Steinem y Friedan quedan muy bien retratadas. A lo largo de los nueve episodios se observa una tensión entre ambas que no es más que una lucha de poder. Friedan pertenece a una generación que se está quedando atrás en las demandas del movimiento feminista y que, por tanto, está perdiendo poder. Sin embargo, Steinem no tiene ningún reparo en mostrar públicamente su apoyo a las lesbianas y en reclamar el derecho al aborto: “estoy harta de empequeñecer nuestros sueños para contentar a la mayoría”, afirma Steinem cuando se pone en duda la reclamación de este derecho fundamental. Estas disputas terminan en Houston, donde renace un movimiento mucho más fuerte.

Las tensiones que se ven en Mrs. America son parecidas a las que hay actualmente en España. Mientras en los 70 dudaban sobre si las lesbianas debían formar parte del colectivo, ahora el debate en el seno del feminismo se centra en la inclusión de las mujeres trans. Las luchas de poder y los debates teóricos son inherentes a un movimiento vivo como el feminismo, sin embargo, no se puede perder de vista el enemigo común. Las disputas internas son necesarias, pero no deben abarcar la totalidad del debate feminista pues podría perderse el foco en un debate teórico sobre quién es el sujeto del feminismo mientras ese mismo sujeto sigue siendo violentado sexualmente e incluso asesinado.

Las luchas de poder se dan también en el seno del movimiento encabezado por Schlafly. Los pactos con racistas y con todo tipo de extremistas religiosos, se traducen en discusiones entre las integrantes del movimiento que no quieren atravesar ese camino. Alice Macray (Sarah Paulson), mano derecha de Schlafly, es el único personaje de la serie que no está documentado históricamente y, curiosamente, el único que da un giro a su pensamiento y termina abandonando a Schlafly por estar en desacuerdo con sus ideas.

“Es ridícula”: Gloria Steinem critica Mrs. America

En Hay Festival, Steinem afirmó que la serie le parece “ridícula” porque se basa únicamente en el enfrentamiento entre mujeres. La ERA no se aprobó y actualmente sigue sin estar aprobada. Según la narrativa de la serie parece que esta derrota se debe únicamente a la campaña antifeminsita de Schlafly; sin embargo, detrás hay grandes corporaciones económicas que tenían, y tienen, sus intereses puestos en la desigualdad entre hombres y mujeres.

Gloria Steinem ha afirmado que Mrs. America sigue perpetuando el estereotipo de que para las mujeres el peor enemigo son las propias mujeres. Cabe recordar que Mrs. America es una serie producida por un gigante audiovisual estadounidense y que para el público medio es mucho más interesante una disputa entre antifeministas y feministas, que una lucha de mujeres contra el patriarcado capitalista. Quizás en esta línea, la creadora tomó la decisión de introducir el personaje de Macray y, así, dulcificar un poco la lucha. Macray se da cuenta de su error e intenta vivir una vida más libre. Lo que cualquier feminista desearía que hiciese una mujer conservadora.

Esta crítica no puede sorprender a nadie que haya seguido la carrera como activista de Gloria Steinem. Sus memorias, Mi vida en la carretera (2015), traducidas al español por Alpha Decay, muestran a una mujer sin ínfulas de grandeza ni ego que alimentar. Una mujer que promueve una revolución desde las bases, porque si la gente que está abajo empieza a cambiar las cosas, toda la pirámide se tambaleará. Por ello, es normal que Steinem no quiera que se reduzca su lucha a un enfrentamiento entre mujeres, algo de lo que, por otro lado, siempre huyó.

Mrs. America, a pesar de todas sus contradicciones, consigue retratar el espíritu del feminismo norteamericano de los 70 en general y de Steinem en particular. Transmite un mensaje alentador en el que se anima a continuar la lucha, sin importar cuantas veces se fracase. Como afirma Steinem en el último capítulo: “Lo que nos mantendrá es aquello que podremos llegar a ser, lo que puede llegar a ser la gente que nos rodea. Estamos empezando a descubrir cada uno quién podemos ser y da igual cuánto dure esta revolución porque no puede haber una vuelta atrás”. Steinem y sus compañeras son un espejo en el que mirarnos, un marco para que la lucha feminista continúe y lo haga con todas unidas.

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