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El Megáfono

No solo es corrupción banal

Corrupción banal

Por José Javier Alonso Reyes.

La banalidad del mal es un concepto acuñado por Hannah Arendt en su famoso libro "Eichmann en Jerusalén". Ella lo define como la capacidad de (algunos) individuos para actuar dentro de las reglas del sistema donde están insertos, sin recapacitar sobre sus actos. Por tanto, estos individuos no se preocupan por las consecuencias de dichos actos, solo por cumplir órdenes, con intención de ascender, o simplemente por no contrariar a sus superiores.

Arendt desarrolló este concepto durante el juicio a Eichmann en 1961 para intentar explicar al mencionado asesino como un burócrata arquetípico en vez de como a un psicópata. Para esta filósofa, este nazi se convirtió en un individuo capaz de organizar el asesinato planificado de miles de personas como si fuera un trabajo cualquiera dentro de ese engranaje institucional, realizándolo con precisión, frialdad, con suma eficacia y, lo más truculento, sin el menor remordimiento moral.

Para este hombre gris, "un burgués cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia" en palabras de la autora, fue sencillo aplicar y ejecutar las órdenes de sus superiores porque cumplía con su obligación.

Y aunque aquí no tratamos desenmarañar este concepto, y ni mucho menos de equiparar los hechos que perpetró este genocida con las acciones de algunos de nuestros personajes corruptos, si nos podría ser útil para intentar comprender las tramas corruptas aparecidas en los últimos años en España, o más bien, la psique de muchos de los hombres y mujeres que se han lucrado con su práctica, así como las consecuencias negativas para la sociedad.

Porque cuando en los medios de comunicación hallamos cualquier noticia relacionada con hechos concernientes a un sistema corrupto, como Púnica o Gürtel (y los ERES, como diría cualquier parlamentario del PP) o, más recientemente, los tejemanejes del emérito con el AVE entre la Meca y Medina con parada en Ginebra, u otros menos internacionales y entrañables pero más cercanos como la presuntas corruptelas del PP en Almería, pocas veces nos preguntamos sobre sus externalidades negativas, sobre las motivaciones que pueden conducir a las personas implicadas a perpetrar estos hechos, del mismo modo que nos paramos a cuestionar si los culpables, o presuntos culpables, tienen conciencia del mal que están haciendo.

Así las cosas, en muchos de los casos citados, llegamos a conocer con cierta exactitud el montante total del botín, pero pocas veces reparamos en que todo ese dinero son recursos que el estado del bienestar pierde, que escapan de las arcas públicas y, en lugar de acabar en sanidad, en educación o de servir para mejorar las condiciones materiales de los empleados públicos, terminan en los bolsillos de personas tales como Urdangarín, quienes no solo los tenían previamente al latrocinio bastante repletos sino que, además, poseían un porvenir suficientemente plácido como estar 'nadando entre mierda' en su cotidianidad.

A mi humilde entender, uno de los motivos que lleva a estos tipos a expoliar el erario público a manos llenas, a ser comisionistas y a sacar tajada de todo y todos, es la sensación de impunidad que nombres como el aludido arriba siente que tienen. Pero otra motivación que les lleva a delinquir es formar parte de un sistema, de un engranaje, que suele ser como funcionan las grandes tramas de corrupción, que han carcomido a partidos e instituciones del Estado, para poder trepar dentro del mismo.

Así, estos parásitos de lo público comenten sus fechorías sin reparar en las consecuencias nefastas para el resto de ciudadanos, porque cada vez que un millón de euros que estas personas llevan a Suiza o Andorra, es un millón menos que, por ejemplo, no va parar a comprar respiradores que sirven para salvar vidas.

Por tanto, al igual que Eichmann, estos individuos actúan siguiendo las reglas del sistema donde están insertos, sin recapacitar sobre sus actos ya que estos sujetos no se preocupan por las consecuencias, solo cumplen órdenes, por eso encontramos personas que exigían el 3% a las constructoras en nombre del tesorero del partido.

Siendo capaces de llevar a cabo este tipo de acciones con la única intención de ascender en su escala a toda costa; porque si no hacen aquello que se espera de ti, por ejemplo, en una concejalía de Majadahonda, lo más probable será que tu carrera política se estanque, y no obtengas un nombramiento en una lista que te pueda alzar a ser parlamentario de la Comunidad de Madrid, y todo sin detenerse ni un segundo en recapacitar sobre sus futuras secuelas.

 

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