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Opinión

Nostalgia del aula

Las muletas están muy bien y son muy útiles cuando tenemos una pierna escayolada, por ejemplo. Nos permiten movernos con esfuerzo, dificultad y torpeza pero movernos al fin y al cabo. Esto es un hecho incontrovertible, pero deducir de ello que son preferibles las muletas a las piernas ágiles y diestras, es una aberración. Pues algo así esta ocurriendo en la universidad con la docencia online durante la pandemia. Algunos están teorizando la intercambiabilidad, cuando no superioridad, de estas clases virtuales sobre  las clases presenciales. Benditas sean las clases virtuales, como las muletas, cuando por motivos de salud pública no podemos juntarnos o andar pero pretender continuar con este régimen de forma indefinida solo por que favorece a los mercaderes de la nube seria igual que obligar a andar con muletas a todos solo porque interesa a los fabricantes de ortopedias.

La pandemia ha supuesto  un enorme escaparate para las utilidades de la digitalización. Los confinamientos han podido ser mas estrictos y por ello epidemiológicamente más efectivos, con lo que esto implica de vidas humanas salvadas, gracias a la digitalización. Los costes económicos y sociales de estos confinamientos han sido mas reducidos gracias también a la digitalización. Negar esto es un absurdo propio de la tecnofobia más dogmática. Pero descontextualizar y absolutizar la digitalización es también propio de una forma no menos dogmática y estúpida de ciberfetichismo.

¿Pero obedece esta aberración solo a una secreta colonización de los intereses de la industria digital como irónicamente apuntábamos? ¿Es nuevo este ciberfetichismo pedagógico? Lo cierto es que ya hace años que el ideal de una universidad sin aulas o meramente virtual humedece los sueños de ciertas gerencias universitarias privadas, con brotes recurrentes en las gerencias públicas. Desde el nefasto Plan Bolonia el objetivo es la destrucción del aula, y el fin la conversión de la universidad en una nube  de multitudes dispersas. Como la policía franquista, los digitalizadores compulsivos de la universidad gritan: ¡dispersaos!

La dispersión ha sido una constante moderna de la dominación en el urbanismo y en las artes primero, y en la producción después con el auge de la subcontratación y la precarización del trabajo asalariado bajo la forma de la autónomo autoexplotado. El nuevo fascismo ya no construirá campos de concentración sino de dispersión. Recordando el eslogan de una empresa de mobiliario nórdica, fundada por un nazi, al llegar a casa podremos leer en el felpudo: Bienvenidos al campo de dispersión de tu casa.

La soledad es la pandemia mas peligrosa que está produciendo este furor privatizador. Ya hay países como el Reino Unido o Japón que han tenido que crear un ministerio de la soledad. La lucha a muerte del capital contra la comunidad esta arrojando estos resultados espectrales. Dentro de esta secuencia demosfóbica es donde  hay que inscribir esta pugna contra el aula.

La democracia nació en las plazas y en las aulas, en las asambleas y en las clases, en el debate y en el dialogo libre. Las plazas ya han sido destruidas por el urbanismo funcionalista y el automóvil. Las aulas todavía resisten. Para ellos las aulas son la última frontera para la expansión sin límites de la desolación. Para nosotras y nosotros deben ser la última barricada.

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