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Opinión

Parlamentarismo dadá

Malos tiempos para la oratoria en cierta bancada del hemiciclo

Sofía Castañón

Si Teodoro García Egea fuera el tipo de diputado al que le preocupa el rigor de sus palabras, quizás muchas de las cosas que dice las omitiría, por estrepitosamente falsas. Sí parece el tipo de persona a quien le importa saber qué le acaban de llamar. No sé si habrá buscado él mismo a Tristán Tzara por Google tras oír: "La manera en la que usted articula sus discursos parlamentarios me recuerda a la manera en la que componía poemas Tristán Tzara: le confieso que me cuesta seguir el hilo pero la calidad artística es enorme".

Que a uno le llamen dadaísta, como hizo el miércoles el vicepresidente Pablo Iglesias, no pasa todos los días. El ecosistema de Twitter imaginó al diputado buscando quién será ese “Zara”, cuando en realidad debía estar preguntándose qué decíamos ahora de Amancio Ortega. De dar con el poeta rumano, no sé si vería que los versos le quedan grandes y que la comparación ha sido, además de reveladora sobre un parlamentarismo dadá, generosa. Al fin y al cabo, aunque se diga que no hay quien siga el hilo, se reconoce la belleza estética. Generosa, insisto, piensa esta diputada asturiana que escucha cada miércoles las preguntas orales en pleno del diputado murciano del PP.

Hay muchas narraciones que no se entienden y que tampoco son un deleite. Como aquella costumbre tan de primeros de los 2000 de amagar cuatro o cinco finales antes de, por fin, acabar 'Inteligencia artificial' o 'El pacto de los lobos'. Aquello no se entiende y además produce hartazgo. Una, ya lo ven, no es tan dadivosa con los símiles.

Ocurre una cosa con Tzara, que en realidad es una cosa que me pasa a mí. Al final nuestra biografía son referencias, nombres que al oírlos se te activan resortes. Tzara y la imagen de su Cabaret Voltaire me acompañaron durante los dos años en que dirigí un programa en la Radio del Círculo de Bellas Artes: ‘El sillón voltaire’. A la manera de Tzara, como describía Umbral, lanzaba palabras del diccionario y a partir de una se componía la lista de reproducción de canciones y la búsqueda de textos. Fue divertido.

Imaginen ahora al equipo asesor del PP, obstinados en darle cáscara a ese vacío de no hacer oposición sino bloqueo. Dibujar el contorno del “estamos aquí” para la nada. Imaginen cómo lanzan palabras, o pequeños mantras, al aire. Escriban ahora dos minutos y medio con eso. “¿Con esto?”. Malos tiempos para la oratoria en cierta bancada del hemiciclo.

A diferençia de Tzara, que estaba en la búsqueda continua por cómo hablar de la carne (del fondo), tiene el PP demasiada parafernalia retórica para quedarse en el ser la cáscara, la nada. Dadá.

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