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Opinión

Recuperar la marca, las Mareas no es Podemos

El caudal electoral, al menos en Galicia, de Podemos está refugiado en la abstención y en el inusual crecimiento del BNG.

Lograr consolidar una marca es permitir que la identificación entre obra, autor y observadores sea posible. Porque por “marca” debe entenderse a la señal que permite identificar o distinguir algo o para dar alguna información sobre ello. Cualquiera que desee que localicen su concepto debe consolidar su marca. Como todo símbolo es más de lo que representa. Pero, a la vez, su significado es fruto de una interacción entre lo observado y los observadores.

El fenómeno Podemos fue un tsunami de ilusión en razón de que interpretó lo que una porción nada desdeñable de las personas honestas de este país llamado España, entendieron que era necesario para afrontar los nuevos modos de hacer política. Podemos supuso una disrupción. Esa fue la fuente de su rápido crecimiento. La causa de la ilusión en los que lo votaron.

Podemos no fue Pablo Iglesias. Fue lo que proponía Pablo Iglesias, y otros, no muchos, como luego se vio, de aquel grupo fundador. La idea de recoger lo que la gente quería y de ese modo, lograr aquel compromiso inicial que fue el motor de la acción. Esto quiere decir que la marca representa una imagen o un ideal en la mente del ciudadano.

No me detendré en las confrontaciones internas. Tampoco en las traiciones, que fueron muchas. Me detendré en el caso de Galicia. El grado de simpatía que la irrupción de Podemos tuvo en esa comunidad fue enorme. Yo mismo participé para observar el fenómeno, en alguna asamblea. Aquél nutrido grupo de asistentes se volcó inicialmente aguardando que esa idea, porque Podemos es una idea transversal y plurilíngüe contenida en esa marca, les permitíera canalizar sus expectativas políticas frustradas por las minúsculas formaciones que nunca pudieron tener representación política de relevancia. Tampoco los partidos del bipartito les satisfacían. El galleguismo, ni de izquierda ni de derecha, nunca obtuvo la adhesión suficiente para aspirar a gobernar. Al menos en solitario.

Además, los movimientos nacionalistas andaban enfrentados en luchas fratricidas e infructuosas. Por esto el socialismo gallego siguió teniendo un caudal electoral interesante, pero pocas veces suficiente. La histórica abstención de los gallegos y gallegas es el indicador: no se sienten representados ni representadas por otras marcas. Pero, cuando surgió Podemos en las Europeas fue un revulsivo. Esos votantes acudieron a la llamada de esa marca que les proponía participación y acción política directa.

Entonces, aquellas pequeñas fuerzas de escasa representación, comenzaron a avanzar sobre el control de los círculos, elección de candidaturas e incorporación a la marca. Así nacieron las denominadas “mareas”. Una generosa cesión del capital político de Podemos. El primer ciclo electoral municipal de 2015 fue significativo, pegándose a la marca Podemos/Pablo Iglesias, las Mareas lograron A Coruña, Santiago y Ferrol. En las autonómicas de 2016, los votantes le dieron 14 diputados y la convirtieron en la segunda fuerza política. A partir de entonces, las personas a nivel calle de Galicia fueron sintiendo que eso no era lo que los había ilusionado. Eran otras marcas que no los representaban. Sólo siguieron respondiendo, pero no con el ímpetu inicial, a las convocatorias nacionales y europeas. De aquellos polvos estos lodos. El error fue atender a lealtades personales, en lugar de que los indicadores de la realidad sugerían una lealtad con las personas. El caudal electoral, al menos en Galicia, de Podemos está refugiado en la abstención y en el inusual crecimiento del BNG.

Desde esta lectura, que seguramente será muy criticada, es de la que hay que partir a juicio de este analista para recuperar la idea y, con ella, la marca. Podemos es un fenómeno cercano a la gente, a la calle, a las plazas, al barrio. Debe regresar, o sólo habrá sido una pausa en la trágica historia política de este país.

Su marca tiene aún mucho que decir.

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. ALFONSO CAYUELA MARTINEZ

    14 de julio de 2020 09:36 at 09:36

    Los del régimen del 78, después del 12 de julio, se creen un poco más tranquilos. Con la debacle de Galicia en Común y los malos resultados de Elkarrekin Podemos, concluía así toda una ofensiva del poder mediático, financiero, policial y en los juzgados para cargarse a Unidas Podemos, personificada en la demonización del vicepresidente Iglesias. SE EQUIVOCAN. Si algo han manifestado las elecciones vascas y gallegas es que sigue habiendo un colectivo de irreductibles e irreconciliables con el sistema. Se trata del voto joven y moderno. Que son los que han desequilibrado las elecciones dando su apoyo a Bildu y BNG -ni PP ni PSOE-. Alegría para la carcundia las justa. Unidas Podemos se ha visto detrimentada por su manifiesta entropía en los territorios, LOS ENFRENTAMIENTOS Y LAS LUCHAS INTERNAS. Iglesias y Garzón deben prioritariamente reparar lo que ahora es el talón dévil de Unidas Podemos: La organización en los territorios. Pese a todo, las heridas en las provincias y las comunidades autónomas hace tiempo que se han restañado, pero se ha hecho poco por dar el paso orgánico y militante de IU y Podemos hacia UP.

  2. Nando

    14 de julio de 2020 17:46 at 17:46

    A PSOE no le interesa leyes que regulen los medios de comunicación, todos ellos en manos de empresarios y bancos, para que la información sea veraz y útil a la ciudadanía. A PSOE no le interesa eliminar la monarquía ni la clerigalla. Al PSOE no le interesa que la ciudadanía más vulnerable recupere derechos y libertades. Etc, porque no son demócratas, son fascistas como el PP, pero aparentemente más moderados. Sí porque a la hora de la verdad siempre han votado con el fascismo lo importante para España y los Españoles, también han votado lo mismo en Europa. Se da la casualidad de que PP y PSOE son los defensores del réfimen del 78, con su bipartidismo, sus puertas giratorias y sus corrupciones generalizadas.
    Hay que restaurar a PODEMOS en todos los territorios, hay que volver a las calles y plazas, y gobernar desde ellas como base.

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