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Madrid

Residencia Los Nogales, el horror de las personas sin recursos

Una trabajadora ha denunciado el trato denigrante que reciben los residentes recogidos por el Samur Social y el horror vivido durante los peores meses de la pandemia

Los Nogales, el horror de las personas sin recursos

El grupo Los Nogales, conformado por numerosas residencias situadas en Madrid, ya estuvo situado en el punto de mira en 2019. Uno de sus centros protagonizó una importante polémica al quedar al descubierto el maltrato que ejercían algunos trabajadores hacia los residentes. Un escándalo que salió a la luz a través de un vídeo en el que auxiliares zarandeaban a una anciana indefensa a la que se referían con insultos.

Los afectados tenían un único deseo: que algo así no volviese a ocurrir y que, tal y como aseguraban desde el centro, se tratase de un caso aislado. Ahora, una trabajadora ha manifestado que el trato denigrante puede ser más habitual de lo que se aseguró. En su caso, señala a Los Nogales por el trato que reciben los residentes sin recursos, pero, además, destaca el horror que se vivió durante los peores meses de la pandemia. Durante el pico más alto del coronavirus, ejerció como auxiliar en la planta dedicada a las personas recogidas por el Samur Social. A dicha planta, en la que residen personas con trastornos de personalidad, solo se puede acceder con llave.

La trabajadora asegura que esas personas necesitan mayor atención, pero el poco personal y el hecho de que haya empleados que no cobren su salario tan solo empeora la situación. Según su experiencia, a estos residentes se les encerraba en sus habitaciones para que dieran menos trabajo y el aseo se reducía a cambiar el pañal sucio por uno limpio, sin lavarles. Tampoco se preocupaban porque estos residentes se tomasen su medicación ni ayudaban a aquellos que no podían comer solos, que se quedaban sin alimentarse. Las duchas, que eran escasas, consistían en un poco de agua y nada de jabón.

En el peor momento de la pandemia, el trato denigrante no hizo más que acentuarse. Los cadáveres de las personas fallecidas por coronavirus permanecían en sus habitaciones junto a residentes conscientes. Los coches fúnebres no daban para más y la Comunidad de Madrid había ordenado no trasladarlos a los hospitales. “Cuando ya había muchos muertos, en el sótano había una habitación donde los bajaban”, relata. El centro tan solo contaba con un médico y una enfermera por las mañanas, y no siempre era así: “Eso cuando lo había, ya que algunos aguantaban solo una semana o incluso días”.

Al tratarse de personas sin recursos, no disponían de ropa. Por eso, se les vestía con las prendas que quedaban de las personas fallecidas por el coronavirus, a pesar de que debían incinerarse. En cuanto a la limpieza, esta brillaba por su ausencia: “Se podían ver hasta ratas”. La auxiliar denuncia también la escasa protección de la que los trabajadores disponían y asegura que el contagio estaba asegurado. Unas condiciones lamentables para los trabajadores e inhumanas para los residentes, que no sufrían todos por igual.

Y es que la auxiliar asegura que el terrorífico escenario que se vivía en la planta de personas sin recursos recogidas por el Samur Social no se repetía en el resto del centro. “Todo era distinto, comían con vino”, confiesa. Un relato que deja en evidencia la gestión de las residencias y que deja al descubierto la triste realidad que se esconde tras sus puertas. Unas condiciones denigrantes contra los más indefensos que vulneran su dignidad y toda clase de derechos.

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