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Opinión

Rock contra el fascismo: gritar… y escuchar

Desde hace unos días se ha hecho público, con el apoyo expreso y la firma de 465 bandas de rock de todo el estado español y multitud de países tan diferentes entre sí como Rusia, Chile, México, Argentina, Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Italia, Perú, Costa Rica o Uruguay, un manifiesto llamado “Rock contra el fascismo”, centrado en recabar firmas y apoyos entre músicos, medios de comunicación y colectivos relacionados con el mundo del rock, que sigue creciendo y sigue sumando adhesiones a través de https://twitter.com/Rockcontraelfa1.

La publicación de este manifiesto y la extraordinaria repercusión que ha obtenido entre la gran mayoría de los grupos de rock en un tiempo prácticamente récord es una excelente noticia de la cual yo no tengo la menor reserva en manifestar mi gran satisfacción, mi decidido apoyo y mi firma como periodista profesional especializado en el mundo del rock. Por varias razones de las cuales enumeraré a continuación las más importantes.

El nuevo fascismo, el fascismo del siglo XXI que hoy encarnan desafiantes en su discurso y en su relato fuerzas políticas como Vox, no es un señuelo ni una descalificación más o menos gratuita que se esgrime en el debate político por parte de quienes más estamos enfrentados a esas ideas. Hoy, en 2021 ese nuevo fascismo existe, es una amenaza real para la democracia, la convivencia, la libertad y la cultura. Está organizado, bien financiado, apoyado por los lobbys que crearon el fenómeno Trump y en España ha sabido dotarse de un discurso demagógico-populista que funciona entre determinadas capas de la sociedad – una prueba más de los resultados de no extender la cultura y la educación, la ausencia de masa crítica, de criterio en esos estratos sociales- y repitiendo hasta la saciedad mentiras cargadas de un mensaje de odio, de machismo, de racismo y de un nacionalismo españolista absurdo calcado de los mitos fabricados por la caverna franquista durante décadas.

Ese fascismo, el nuevo y el antiguo, es el mayor y más encarnizado enemigo de toda manifestación cultural libre, crítica y transgresora, y el rock lo es. Ahora que ese fascismo pretende de nuevo sembrar la discordia, el veneno y la confrontación a las órdenes de los bastardos intereses a los que sirve, y lo hace a cara descubierta, el rock tenía que posicionarse y plantar cara a esa amenaza a la libertad. Ya debió haberlo hecho de forma mucho más contundente cuando aquel fascismo más agazapado –aunque ya despuntaban en ese ámbito sus perros de presa mediáticos como Ussía o Alfonso Rojo- entre 2002 y 2004 orquestó aquella repugnante caza de brujas contra grupos como Su Ta Gar, Soziedad Alkoholika, Berri Txarrak o Negu Gorriak. Eran otros tiempos, el adormecimiento social era mayor y tal vez no se percibía el peligro tal y como se percibe ahora. Hoy, el rock ha demostrado ser consciente de que ese fascismo ha crecido, tiene sed de sangre y por tanto, no cabe en ningún caso la conciliación o la indiferencia. Es un viejo lema de la lucha, pero sigue siendo una verdad irrefutable: El fascismo avanza si no se le combate.

El manifiesto que han firmado todos esos grupos y los colectivos y medios que lo apoyan merece todo mi apoyo no solamente por llamar a las cosas por su nombre y por alzar la voz, como bien dicen en la redacción del texto, no solamente contra el fascismo vociferante de los brazos en alto, sino contra el “lobo con piel de cordero”, en el que una mujer niega que la violencia machista exista mientras proclama que la violencia no tiene género o el  fascismo en el que vemos a una persona cuya piel es negra gritando que no existe racismo”. Y porque apela también, más allá del combate contra esa amenaza real, a hacerlo reivindicando con orgullo todo lo que el rock tuvo desde sus orígenes como contracultura, como lenguaje de rebeldía, y siguiendo una línea de continuidad histórica que en ocasiones –hay que decirlo con la misma objetividad- se dejó un tanto de lado cuando la gran industria mercantilizó el rock y pretendió vaciarlo de ese contenido rebelde a base de dinero y falso glamour.

Muy acertadamente se dice en el Manifiesto que “el rock desde que nació, desde su semilla en el blues de los esclavos, es ANTIFASCISTA”. No cabe expresarlo con otras palabras. Fue la música que sacó a la población negra de los ghettos y convirtió su blues en rock lleno de energía y dureza. La banda sonora de los grandes movimientos antimilitaristas contra la guerra de Vietnam, con todos los grandes músicos en el Festival de Woodstock llamando a aquella generación a vivir en libertad creando una nueva comunidad, una nueva nación. El rock eran en 1965 los Beatles negándose a tocar en locales donde se practicase la segregación racial, los Stones llamando a la lucha callejera a través del rock en “Street Fighting Man”, los MC5 y su incendiario “Kick Out The Jams, Motherfuckers!” en el convulso Detroit de las revueltas de 1968 y John Lennon devolviendo envuelta en papel higiénico la medalla de caballero del Imperio británico y convirtiéndose en en el enemigo público nº1 de la Administración Nixon.

Como lo fue en los 70 con David Bowie y el Glam Rock la vanguardia musical en la lucha por la dignidad y el orgullo gay, Joan Báez en España desafiando a la censura y homenajeando públicamente a Pasionaria en TVE en 1977 o los grupos del incipiente rock duro español, que gritaban con ira contenida que era una mierda aquel Madrid que ni las ratas podían vivir, que pedían que enseñásemos a nuestros hijos a amar la libertad, que pedían no vivir pesadillas nucleares o que vivir en Vallekas era todo un problema en 1996. El rock que gritaba por la insumisión al servicio militar, contra la represión policial en Euskalherria, contra el maltrato a las mujeres… ese rock siempre hizo de su música y sus canciones un vehículo para el inconformismo, la protesta, la crítica. Por tanto hoy, ese rock vuelve a gritar y lo hace gritando contra el fascismo. Ese rock que se agrupa en torno a ese manifiesto además lo hace sabiendo, en otra clara declaración de principios recogida en ese manifiesto, “que el futuro será feminista o no será porque la palabra que nos une, que nos define, es LA música, en femenino: somos MÚSICA”.

Un detalle que he conocido en contacto con los impulsores de la iniciativa: una de las más recientes adhesiones, a petición y por deseo expreso de su viuda, es la de Boni, el mítico cantante y guitarrista de Barricada recientemente fallecido y cuya figura recordamos también en este espacio informativo.

Este manifiesto ha conseguido las adhesiones y la respuesta de un colectivo dentro del tejido cultural, las y los músicos y más específicamente los de rock, muy perjudicado tanto por todas las consecuencias de la pandemia como por el resultado, ahora más evidente que nunca, de una flagrante desprotección social por años y años de malas prácticas en la industria frente a las que las y los músicos muy pocas veces y seguramente con muy poca voluntad, protestaron o se organizaron colectivamente para defender sus derechos.

¿Podría ser este manifiesto y la unidad que ha concitado, el primer paso para que los músicos avancen en esa conciencia social y en interiorizar la necesidad de trabajar en común, de dignificar su profesión y de jugar con ello un papel más relevante dentro del propio sector cultural? Si esta iniciativa llegase a cristalizar en un movimiento social organizado, activo, crítico, contestatario, creo que la sociedad en general y la cultura y la música en particular habría ganado muchísimo en nuestro país.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. mariano tomas Fuentes Alvaro

    16 de abril de 2021 11:21 at 11:21

    Como no encuentro donde ponerlo he estimado ponerlo aqui:- LUH sabe que en la parroquia San Sarlos Borromeo de Vallecas ha acogido a vecinos, sindicalitas, politicos sin espacio, progresistas,etc,etc. y ha convocado una manifestacion para hoy para protestar por la actuación de los machirulos de la porra uniformados el dia que «vox» fue a su barrio a provocar.
    Me parece que LUH debia poner algo y en un espacio adecuado.

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