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Análisis

Seid Visin y Roman Zozulya: las dos caras de una moneda racista

El joven excanterano del AC Milan y del Benevento ha sido hallado muerto en su domicilio por causa aparente de suicidio

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Seid Visin, futbolista italiano de 20 años, fallecía el pasado domingo. Atribuyen la causa a un suicidio y, aunque su padre ha negado la vinculación del fallecimiento con malos tratos de índole racista en una noticia que recogía La Gazzeta dello Sport, pocas horas después salían a la luz unas notas que el propio jugador había escrito denunciando los ataques de odio que sistemáticamente recibía.

Adoptado poco tiempo después de su nacimiento, su piel negra y su origen etíope, junto al auge de la extrema derecha italiana, le condenaron a una corta vida de insultos, vejaciones y acoso. El propio Visin lo relataba en una de sus misivas enviada a sus amigos y a su psicóloga que ha sido leída en su funeral. “Ante este particular escenario sociopolítico que se cierne en Italia, yo, como negro, inevitablemente me siento cuestionado”.

“Hace unos meses logré encontrar un trabajo que tuve que dejar porque demasiadas personas, en su mayoría ancianos, se negaban a ser atendidas por mí y, como si eso fuera poco, como si no me sintiera ya incómodo, me señalaron también la responsabilidad del hecho de que muchos jóvenes italianos (blancos) no encontraran trabajo”, explicaba el joven.

La xenofobia en el fútbol ha estado presente desde hace décadas. Pero lo cierto es que desde la llegada a la política institucional de figuras como las de Matteo Salvini o fuerzas como Fratelli d'Italia, los casos se multiplican. En Italia, a finales de 2019 ya se hablaba de una “explosión” de racismo en los primeros dos meses y medio de la principal competición futbolística del país.

Mario Balotelli, Romelu Lukaku y Franck Kessié sufrían cánticos con un fuerte contenido de odio en varios encuentros deportivos. En el caso de Balontelli, tan solo se interrumpió el partido durante cuatro minutos, a pesar de existir un reglamento promovido por la Federación de Fútbol Italiana (FIGC) que permite suspenderlos.

Algo paradójico que dificulta no establecer comparaciones con España. En el país existe también la posibilidad de detener las concentraciones deportivas ante cualquier insulto, sin embargo, tan solo ha llegado a utilizarse cuando la hinchada del Rayo Vallecano tildó de ‘nazi’ al actual jugador del Albacete, Roman Zozulya. Por primera vez en la historia del fútbol español.

Ni si quiera el acontecido el pasado 4 de abril en un encuentro entre el Valencia y el Cádiz, donde Mouctar Diakhaby que, según su testimonio y el de sus compañeros, se habría quedado en el vestuario tras recibir un insulto por parte de Juan Cala: “negro de mierda”. Vinicius Tanque, Mujaid Sadick o Iñaki Williams completan una larga lista de ejemplos que se han sucedido, tan solo, desde el año 2020.

El silencio ha reinado en el panorama futbolístico tras haberse demostrado las vinculaciones y simpatías de Zozulya –a través de diversos recursos visuales que él mismo llegó a colgar en sus redes sociales– con grupos fascistas. Desde muestras de apoyo a paramilitares ucranianos en la guerra del Donbass, donde el núcleo neonazi organizado en las gradas del campo del Dnipro –equipo en el que jugaba Zozulya– utilizaba su imagen para captar ‘combatientes’, hasta su apoyo a Stepán Bandera, responsable del asesinato de más de 4.000 judíos durante la Segunda Guerra Mundial, o a los Dnepr White Boys.

Asimismo, los casos italiano y español tienen un denominador común en la política: el auge de la ultraderecha y la obtención de representación institucional, que no solo mantienen estrechas relaciones, sino que corean las mismas consignas y blanquean los mismos mensajes de odio.

“El miedo al odio que veía en los ojos de la gente hacia los inmigrantes, el miedo al desprecio que sentía en la boca de la gente, incluso de mis familiares que constantemente melancólicos invocaban a Mussolini y al 'Capitán Salvini'”, continuaba relatando Visin.

“Con estas crudas, amargas, tristes, a veces dramáticas palabras, no quiero suplicar compasión o dolor, sino recordar que la incomodidad y el sufrimiento que estoy experimentando son una gota de agua en comparación con el océano de sufrimiento que están viviendo esas personas de gran dignidad que prefieren morir antes que llevar una vida en la miseria y el infierno”, se despedía el jugador.

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