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Economía

Si eres pobre, tu salud está en el alambre

Las crisis siempre afectan más a los sectores más empobrecidos, también en el ámbito de la salud. Hoy son cada vez más las voces expertas que hablan de la necesidad de un aumento de inversión pública para revertir esta situación

Si eres pobre, tu salud está en el alambre

U.H. - La salud sí entiende de clases sociales. Las desigualdades económicas hacen a los pobres más vulnerables a numerosas enfermedades, reducen su esperanza de vida y los exponen a un riesgo alto de trastornos psicológicos. Existen abundantes investigaciones que tratan de explicar el fenómeno llamado gradiente estatus socioeconómico (SES) - salud.

¿Por qué la desigualdad afecta a la salud? Existen diversas respuestas que se complementan. Alrededor de un tercio de las poblaciones que se sitúan en un escalón bajo del índice SES sufren un empeoramiento de la salud promedio debido a causas materiales y ambientales: mayor contaminación, acceso restringido a la sanidad, falta de factores de protección, exposición a tóxicos (plomo, amianto, amoniaco, etc.), carencia de cuidados, etc.

Hay más factores de riesgo. También los países occidentales con un mejor acceso a la sanidad pública sufren este fenómeno. Según Nancy Adler, de la Universidad de California, los factores psicológicos son esenciales para entender la mala salud de las clases populares: sentirse pobre es un indicador de mala salud. El epidemiólogo Richard Wilkinson, de la Universidad de Nottingham, corrobora las investigaciones de Adler: la pobreza en medio de la abundancia comporta una carga psicológica que corroe la salud de diversas maneras. La incertidumbre económica, la falta de salidas, el desprecio elitista, la invisibilidad social a las que están sometidas las clases bajas son una fuente de estrés que tiene un impacto enorme en su salud.

Inversión pública

Robert Evans, de la Universidad de Columbia Británica, y George Kaplan, de la Universidad de Michigan, defienden la inversión pública como única medida con la que combatir estas desigualdades. Además denuncian las postura que las derechas occidentales están adoptando en los últimos años: se ha dado una “secesión de los ricos” que promueve “el lujo privado y la miseria pública”.

El COVID-19 está agravando está situación: trabajadores precarios, migrantes y parados son los que más están sufriendo el impacto de la crisis. Save the Children alerta de que un 60% de las familias a las que atendían han visto empeorada su situación. . “El caso más generalizado es aquél en el que ambos progenitores han perdido el empleo” señala un informe reciente. Asimismo, más de un 40% de las personas entrevistadas han manifestado un aumento de los niveles de estrés y problemas de convivencia.

En todo el mundo vemos cómo los más desfavorecidos soportan los peores estragos de la crisis. Una encuesta de la ONS (el equivalente al INE en Reino Unido) muestra que la probabilidad de morir a causa del COVID-19 es cuatro veces mayor para los individuos de minorías étnicas con respecto a los blancos. Los datos que llegan de EE. UU. son similares: durante la primera semana de pandemia, las víctimas en Saint Louis eran todas personas negras; en Chicago, ciudad en la que la población negra representa el 30% de la población total, las víctimas de esta minoría ascienden a un 70%. La OMS alerta de que esta crisis podría aumentar en hasta un 56% los niveles de pobreza relativa de los trabajador informales de los países pobres.

Una renta básica

"La desigualdad es una opción política más que una consecuencia económica"; “las inversiones en Sanidad y Educación son fundamentales” para acabar con esta injusticia, manifestaba hace tiempo Joseph E. Stiglitz.  Cada vez son más fuertes las voces que reclaman una fiscalidad más justa, una mayor inversión en servicios sociales e investigación y la implantación de una renta básica como soluciones a una desigualdad estructural que pone en riesgo el bienestar de millones de personas. Diversos economistas e investigadores como Daniel Raventós, María B. Varela, Vicenç Navarro y tantos otros se han manifestado en este sentido. “Necesitamos que los Gobiernos y las organizaciones internacionales introduzcan una renta básica de emergencia”, “no existe una alternativa que pueda llegar a todos los segmentos de la sociedad”, considera Guy Standing, profesor de la Universidad de Oxford.

En un editorial conjunto, Pablo Iglesias, Nunzia Catalfo y Ana Mendes Godinho se hacen eco de esta situación: “Las personas más vulnerables son las que sufrirán con mayor dureza los embates de esta crisis, y los gobiernos debemos adoptar medidas ambiciosas y valientes de solidaridad para evitar el riesgo de pobreza y exclusión social”. Defienden la urgencia de un ingreso mínimo vital que permita que nadie quede atrás.

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