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Cultura

“Si la información es contar lo que pasa, lo que hacen Prisa, Vocento, Unidad Editorial o Atresmedia es ‘contrainformación’”

Entrevista al actor, director y dramaturgo Alberto San Juan: “Me cuesta pensar en términos del sector cultural, porque esta crisis sanitaria es una catástrofe global”

“Si la información es contar lo que pasa, lo que hacen Prisa, Vocento, Unidad Editorial o Atresmedia es ‘contrainformación’”
Alberto San Juan

En una terraza de un bar de Madrid Río me recibió Alberto San Juan, actor, director y dramaturgo, para compartir un rato hablando sobre cómo ha afectado el coronavirus a la Cultura, y sobre actualidad política. En septiembre vuelve al Teatro del Barrio con Federico García Lorca, ‘Un poeta en Nueva York’. En nuestra conversación pude conocer mejor a un Alberto preocupado por la crisis que estamos viviendo, pero al mismo tiempo esperanzado en que la sociedad unida saldrá adelante.

La cultura y el capitalismo

¿Cómo estás viviendo el apagón cultural –salvo contadas excepciones– debido a la crisis sanitaria por el coronavirus que nos está tocando vivir?

Llevaba algo más de cuatro meses sin trabajar hasta que hace unos días participé en el festival de Almagro. Cuatro meses en los que no he ingresado nada. Tengo la suerte de que la persona con la que convivo teletrabajaba y además, yo acababa de cobrar una película. Eso me ha permitido estar tranquilo y poder evitar pedir ayudas. Como las ayudas son insuficientes, deben pedirlas quienes más las necesiten. Me cuesta pensar en términos del sector cultural porque es una catástrofe global. Tengo más presentes las reivindicaciones de la sanidad y la educación. Pero vamos, el golpe en el sector cultural es evidente. El Teatro del Barrio, en cuya fundación yo participé y del cual sigo siendo socio cooperativista, está en el filo de la supervivencia por estos cuatro meses de parón. Y como el Teatro del Barrio, tantos proyectos culturales, salas, compañías, productoras… En lo personal, tenía fondos para aguantar al palo y, más importante aún, no he sufrido en mi entorno íntimo ningún caso grave, con lo cual, bien. Pero a la vez, muy preocupado, muy angustiado por la situación actual y el futuro que puede venir. Nuestros grandes problemas como sociedad son previos, pero la pandemia los ha extremado.

De hecho, volviste a los escenarios hace poco, en el Festival de Almagro, con un recital del Siglo de Oro, ‘Polvo enamorado’. ¿Cómo definirías la literatura de aquella época?

Decimos Siglo de Oro en singular, pero la verdad es que fueron dos: el XVI y XVII. El arte y la creación artística en el territorio español alcanzó una potencia bestial, difícil de entender cómo fue posible esa producción literaria, arquitectónica, pictórica, porque precisamente la sociedad en la que surge esto es la sociedad del proyecto nacional católico de Isabel y Fernando, basada en la intolerancia y en la obediencia a la norma,  una norma estrecha y autoritaria. Sólo se podía creer, pensar, hablar, cantar, vestir, comer, de una manera: a la manera del cristiano viejo. Se prohíben las maneras del judío, musulmán, gitano… y de todo aquel que no fuera cristiano viejo. Ahí ya comienza a establecerse una diferencia entre el español de verdad y el que no es de verdad, el que es un peligro para la España auténtica… Sin embargo, de esa intolerancia, de esa persecución y represión del distinto y  la distinta, en ese contexto surge la literatura del Siglo de Oro. Supongo que esas culturas diversas, esa riqueza, y sus distintas estrategias frente a la represión, latían con fuerza a través de la literatura del Siglo de Oro. Santa Teresa de Jesús, Góngora o Cervantes, por ejemplo, tenían sangre judía. Luego había nacionalistas españoles tremendos y orgullosísimos de ser cristianos viejos, como Quevedo, otro de los grandes creadores de la etapa, sin duda. Este acercamiento al Siglo de Oro por mi parte tiene que ver con la atracción por la potencia bestial del lenguaje, pero también con el interés por el contexto político e histórico. Me interesa mucho saber cómo se ha construido la idea de España. Precisamente por el ruido que genera hoy. No estoy dispuesto a discutir con nadie por una bandera o por un himno, porque eso no contribuye a pagar el alquiler, ni a tener una sanidad en condiciones, ni una educación de calidad. Necesito encontrar complicidades con la gente que convivo en esta sociedad, al margen de lo que cada uno vote. No quiero separarme, por ejemplo, del votante de Vox, sino acercarme a él y encontrar nuestro territorio común, porque nuestras necesidades son comunes, y creo que la gran mayoría de la gente tiene muy buena voluntad y cree en la justicia social y en la dignidad humana. Estas inquietudes me han llevado, entre otras cosas, al Siglo de Oro.

“Llega el oro en ríos de todas las partes de la tierra y la muerte llega con él. En ningún sitio del mundo se siente como allí la ausencia total del espíritu”, decía Lorca, al que le hiciste un bonito tributo hace algo más de un año. ¿Está en crisis el capitalismo?

Sigo haciendo el espectáculo de Lorca. Es una conferencia recital que dio en el año 31, donde contó su viaje a Nueva York y su encuentro con el capitalismo más descarnado, al ser testigo directo de la crisis del 29. Este espectáculo lo haré en septiembre en la reapertura del Teatro del Barrio. El capitalismo es una tragedia. Es un sistema que subordina la vida a la muerte. Subordina la vida humana y la del resto de los animales y seres vivos, al dinero, que es algo muerto, una ficción,  un invento. El capitalismo en sí es una crisis, y de vez en cuando revienta. Pero siempre es una crisis, porque siempre genera un desequilibrio enorme que conlleva un dolor imposible de medir Reventó en el 29, otra vez en los 70 y de nuevo en 2008. Y ahí seguimos. Son los momentos en que la crisis que es en sí el capitalismo se desboca y no hay manera de disfrazarlo. La primera crisis llevó a una guerra mundial, la segunda crisis inauguró la etapa del neoliberalismo, dando sus primeros pasos en las dictaduras latinoamericanas…

“Este sistema a través del cual nos organizamos y al cual sometemos nuestras vidas, no es compatible con la continuidad de la especie humana”

¿Dónde nos llevará esta crisis?

No sabemos dónde nos llevará, pero hay un elemento nuevo: está en juego la superviviencia humana por el deterioro del ecosistema, cosa que no habíamos conocido hasta ahora. No hace falta aplicar doctrinas ideológicas, con escuchar el consenso científico es suficiente: este sistema a través del cual nos organizamos y al cual sometemos nuestras vidas, no es compatible con la continuidad de la especie humana.

La monarquía y el neoliberalismo

Hoy los negocios y la supuesta corrupción de la monarquía está protagonizando uno de los mayores escándalos de nuestra democracia. De las famosas comisiones hablaste en tu obra ‘El Rey’. ¿Se va a juzgar a Juan Carlos I?

Difícilmente. Es la cúspide de un sistema atravesado por la corrupción que incluye a las principales estructuras de poder vigentes. Como dijo Pujol, cuidado con menear demasiado una rama, porque puede caer todo el árbol. También lo dijo Guerra cuando Filesa. Pero es que vivimos en un sistema que no se llama democracia sino capitalismo, y que consiste en la apropiación del máximo beneficio económico por cualquier medio. Todo entra dentro de nuestra normalidad (la vieja y la nueva).

La Transición tuvo entre otros objetivos la legitimación de Juan Carlos como rey. Recordemos aquel juramento a los principios fundamentales del Movimiento, que hizo en 1969 como sucesor de Franco, que también mencionaste en tu obra ‘El Rey’. ¿Se hizo algo mal en aquel momento?

Se hicieron muchas cosas mal. Por hablar de cosas concretas: los vínculos del empresariado español con el franquismo. En la década de los 40 del siglo XX, la de mayor miseria de nuestra historia contemporánea, los cinco principales bancos españoles de ese momento, todos ellos englobados hoy en el BBVA y el Santander, multiplicaron sus beneficios fue por siete. Esto habría que enfrentarlo, creo yo. La responsabilidad de las empresas que formaron su capital, gracias a la dictadura. Ahora mismo, hay urgencias que impiden emprender esas batallas. Pero exhumar a las víctimas, terminar con las fosas comunes en España… Si este Gobierno deja pasar eso, será terrible, porque eso nadie se lo puede discutir. Nadie. No se puede llamar ‘guerracivilista’ a nadie por devolver los restos de alguien asesinado por una dictadura a sus hijos o asu nietos. Perdón. Me preguntabas si en la Transición algo se hizo mal. Bien, pues eso se hizo mal, desde luego. No terminar con las fosas comunes de la dictadura. Puede que fuera demasiado dificil en el 77, pero en el 86, después de entrar en Europa, ¿también era dificil? Más cosas: subordinar los derechos del trabajo a los intereses del capital, por ejemplo. Hay muchos terrenos, al menos, de debate. Muchas veces he tenido conversaciones con persona que entones eran muy activas políticamente, que hoy tienen más de 70 años, y siempre hay un reprocheante la crítica: “Tú no estabas ahí, hicimos lo que pudimos…”. Muy bien. ¿Y luego? Pasados los años, ¿tampoco era posible hacer más? Uno de los principales daños que el PSOE ha hecho, desde mi punto de vista, es el proceso de despolitización consciente que lleva a cabo desde el poder. En el PSOE se suele criticar mucho la corrupción, los GAL y, algo menos, la política económica al servicio de los grandes capitales, pero se habla poco de su estrategia para neutralizar la participación politica efectiva de la mayoría social. La sociedad española de los años setenta estaba enormemente politizada, o por lo menos había amplios sectores muy politizados. El antifranquismo se construyó desde las asambleas en las fábricas y en los barrios, principalemnte. Y yo creo que el PSOE en el año 82 empieza a neutralizar todo eso. Desarrolla una estrategia cultural apartando a las voces más críticas y construyendo una cultura de “tú preocúpate de tus asuntos, vamos a hacer un país donde puedes hacerte rico, entonces cómprate un piso, compra acciones, participa de la especulación financiera”. “Tú puedes ser uno de los nuestros”.

¿Eso es fruto del neoliberalismo?

A partir de los 80, hay un giro de las socialdemocracias europeas, que, en vez de confrontar contra el neoliberalismo, se adaptan. Y se adaptan tanto que acaban siendo neoliberales. Y se les llama, de hecho, ‘social-liberales’. Entonces están en esa contradicción donde, cuando ha gobernado el PSOE, por ejemplo, Zapatero, han impulsado la Ley de Matrimonio Homosexual, la Ley de Dependencia, sacar las tropas de Iraq…, pero también han seguido desarrollando mecanismos para que los grandes capitales puedan pagar menos impuestos, meter a las tropas en Afganistán y, finalmente, ceder a los recortes, que ahora nos vamos a ver en una tesitura muy parecida. Y él lo cuenta en el libro ‘El Dilema’. Dice algo así: “Tuve que comerme mis principios y mi ideología, y aceptar los ajustes que me imponían desde Bruselas”, porque la alternativa era, aunque él no lo dice con estas palabras, el terrorismo económico, o sea, la amenaza de Europa de que nos hundimos. Pero yo creo que su obligación como demócrata era salir en mayo de 2010 no a decir “vamos a recortar esto” sino “me han dicho desde Bruselas esto, vamos a recortar o la situación va a ser aún peor, ¿qué hacemos?”. Un presidente no puede tomar esa decisión.

“Yo creo que un efecto altamente positivo del 15M es una ‘repolitización’ de la sociedad”

Mira lo que ocurrió en Grecia…

En Grecia, aún peor, porque el gobierno lo pregunta, la gente le dice lo que quiere y luego hace lo contrario. Eso es ya directamente un secuestro de la democracia en el que Tsipras no debería haber participado, porque el daño que hizo fue tremendo. Que yo no digo que sea fácil y, claro, yo no estoy en la piel de Tsipras en ese momento, pero vete. ¿Que no puedes hacer otra cosa? Vete, pero no hagas lo contrario que has dicho que ibas a hacer, con lo cual no te deslegitimas tú, deslegitimas esa lucha, ese discurso, el daño que haces es incalculable. Y bueno, yo creo que un efecto altamente positivo del 15M es una ‘repolitización’ de la sociedad. Yo creo que esa amplia conciencia crítica sigue existiendo, lo que pasa es que ha decaído mucho el estado de ánimo, se ha recrudecido mucho el ataque y se han cometido errores también en el campo de la lucha por la emancipación, y hablo concretamente de Podemos.

El periodismo y la ultraderecha

¿Y al periodismo le ha faltado su 15M?

Bueno, lo ha tenido. Pero, claro, su radio de acción es marginal frente al ‘periodismo del 78’, frente al periodismo del sistema, que son todos los grandes medios de comunicación. A partir del 15M, otra consecuencia de la politización es que aparece una corriente amplia de autoorganización, la gente se organiza en asociaciones culturales, en medios de información, en cooperativas de consumo y de alimentación, energéticas… Ahí está vuestro diario LA ÚLTIMA HORA, o ‘El Salto’, ‘La Marea’, ‘CTXT’, ‘eldiario.es’, ‘Público’, ‘Infolibre’, Carne Cruda, La Cafetera… Hay un montón de medios que ya quisiéramos esas líneas editoriales en medios con la capacidad de difusión de PRISA o Vocento o Atresmedia. Ha ocurrido en muchos ámbitos: los ensayos políticos que se han publicado en los últimos diez han hecho visibles y audibles muchas voces críticas inéditas. Y hay que ver cómo se cabrean los intelectuales que forman parte de lo establecido. Cómo se cabrean de tener que compartir espacio.

Nos encontramos hoy ante el primer Gobierno de izquierdas de nuestra historia reciente. ¿Qué valoración haces de las medidas puestas en marcha estos meses y que han culminado esta semana con la firma del acuerdo para la reconstrucción europea?

Pues, mira, dos cosas: una, durante la pandemia, di gracias por que, al menos, estuviera este Gobierno, que al menos, hubiera unos ministros que venían del bando de la lucha por la emancipación, pero a la vez no puedo decir que sea un gobierno de izquierdas. Aparte de que finalmente me he convencido de que no me da la gana entrar en el debate de izquierdas-derechas porque me parece que lo único que hace es confundir, prefiero hablar de opresión-emancipación, prefiero hablar de condiciones laborales, de salarios, de servicios públicos. Y prefiero hablar de democracia radical y del derecho a la participación política. No solo al derecho a unos servicios públicos y a una educación y sanidad suficientes, sino al derecho a decidir, a crear una nueva institucionalidad que permita la participación política real. Votar cada cuatro años, todos lo sabemos, no es participación política real. Es contribuir al juego que representa la democracia, cada vez peor, cada vez peor actuada. Este sistema en el que la vida está subordinada a la muerte, en el caso español, lo ha construido el PSOE tanto como el PP. Recuerdo una entrevista que le hizo Pablo Iglesias a Gabilondo, al cual admiro mucho, donde Iglesias cuestionaba el papel del PSOE y hacía alguna pregunta crítica, y Gabilondo se defendía diciendo: “Por favor, no hay que olvidar que el PSOE consolida la educación y la sanidad pública, universal y de calidad”. Por supuesto, a partir de mediados de los ochenta. Pero es que a finales de los ochenta está encargando el informe Abril sobre cómo introducir la empresa privada en la sanidad pública. La entrada de la empresa privada en la sanidad pública se inicia con un acuerdo PP/PSOE en el año 93. Y nunca ha alcanzado el Estado del Bienestar español la media europea, siempre ha estado por detrás. Entonces, no es para tirar cohetes. El PSOE siempre ha sido un partido absolutamente funcional a un sistema que está al servicio de los capitales. Un sistema que ha conseguido mantener, desde mediados de los 80 hasta 2008, la apariencia de ser una democracia próspera y estable. Y ni era próspera, ni era estable, ni era tan democrática. El PSOE siempre me ha parecido el principal obstáculo para la radical transformación necesaria, porque ocupaba, así como ‘El País’ en el ámbito informativo, el espacio progresista mayoritario. Es por eso que no lo considero un Gobierno de izquierdas. Sí algo más progresista o más sensible socialmente de lo que sería un Gobierno de las llamadas derechas. Son neoliberales todos, Unidas Podemos no lo creo, no lo son, pero el PSOE, Ciudadanos y el PP, sí. Y Vox son ultraneoliberales. Sabemos hacia dónde están tirando los ministros de Unidas Podemos, y sabemos que ellos pelearon por aprobar un impuesto a las grandes fortunas, por ejemplo. El otro día leía un titular de Alberto Rodríguez, que me gustó, respecto a Unidas Podemos: “No estamos haciendo lo que creemos que más conviene a la organización en absoluto, estamos haciendo lo que más conviene a la mayoría social”. Y ahora, quiero decir algo que debería haber dicho al principio: no me considero especialmente inteligente ni informado, todo lo que digo son impresiones. Dicho esto, sigo. Creo que a estas alturas es fundamental crear nuevas instituciones, nuevas formas de organizarse políticamente y aceptar que no pueden ser contradictorios los medios y los fines. Centrémonos, sobre todo, en los medios. No hablo de purezas ideológicas, sí de hablar con todo el mundo. Mi voluntad cívica, como ciudadano, es establecer alianzas con personas al margen de lo que voten.

“Lo malo de la conquistas sociales es que nada te garantiza que vayan a durar”

Has hablado de un ambiente en el que la ultraderecha, o Vox, amenaza y cuestiona algunos principios básicos de nuestra democracia: la igualdad, la solidaridad, la fraternidad. ¿Peligran las grandes conquistas sociales en nuestro país?

Absolutamente. Lo malo de las conquistas sociales es que nada te garantiza que vayan a durar. Pero a la vez que se retrocede, se avanza. Y la reacción contra el feminismo, por ejemplo, es síntoma del enorme avance del movimiento. De hecho, la reacción represiva en estos años a través de judicatura, policía, etcétera, tiene que ver precisamente con la politización y el activismo social. Cuando la persuasión funciona, la represión no es necesaria. Por lo que, cuando empieza a crecer la represión, es síntoma de que la persuasión no funciona tanto. Creo que en cuestión de política económica hay una parte del PSOE que está más cerca de Vox que de Unidas Podemos. Gente que cree que el Ibex35 representa los intereses de España, que crean el empleo y que hay que darles las gracias a Florentino Pérez y a Amancio Ortega por su contribución a la sociedad española y que creen en la gestión privada antes que en la pública (en lo que llaman “colaboración público-privada”, que no es más que poner el dinero público para hacer el negocio privado y mercantilizar todo). Entonces creo que la democracia no solo está en peligro por Vox, creo que está en peligro por el PSOE también; en general, por el conjunto de la clase política profesional. Y ya digo: prefiero que esté en el Gobierno el PSOE, con Unidas Podemos, por supuesto, aunque todavía no hayan sido capaces de derogar ni si quiera la Ley Mordaza. Yo entiendo que es un Gobierno del PSOE con la participación de Unidas Podemos, no al revés. Y la situación sería mucho más terrorífica aún si fuera un Gobierno de otros partidos.

Decía Allen Ginsberg que quien controla los medios de comunicación, controla la cultura. ¿Eso es así?

Pues probablemente, entendiendo la cultura como aquello que ocupa nuestro imaginario, nuestras conversaciones, nuestros debates, nuestras preocupaciones… y, por tanto, entendido como aquello que nos hace convivir de una manera o de otra. Desde mi punto de vista, una cultura que merezca tal nombre sería aquella que facilite aprender a convivir. Para mí, que uno esté en el suelo y otro pisándole el cuello no es convivir, es dominar. Convivir es que los dos estemos de pie. El conjunto de imágenes, pensamientos, ideas, percepciones que se generan desde los principales medios de comunicación es España en la actualidad, yo no lo llamaría cultura porque no facilita el aprendizaje de la convivencia, sino al revés, lo dificulta. ¿Cómo llamar a eso? Ocupa el espacio de la cultura y genera una especie de “incultura”. Si la información es contar lo que pasa, lo que hacen el Grupo Prisa, el grupo Vocento, Unidad Editorial o Atresmedia es ‘contrainformación’..

La era de los bulos…

En una democracia de cierta calidad, creo que en sede parlamentaria debería haber un control donde si alguien afirma algo que no es verdad, se señale. Un político puede decir lo que le dé la gana, sea verdad o mentira, y no pasa nada. En los debates, cada uno suelta lo suyo, unos con más habilidades, con más gracia, con más o menos grado de honestidad, pero pudiendo mentir sin que pase absolutamente nada.

Y cuando sale la verdad, nadie la cuenta.

Tenía un profesor en la facultad que decía: “El problema de la verdad no es tanto que esté oculta, que también, sino que está en medio de tal montaña de medioverdades y mentiras, que no cualquiera la encuentra”.

Proyectos futuros

¿Cuál va a ser tu próximo proyecto? ¿Qué nos recomienda hacer para disfrutar de la cultura en tiempos de coronavirus?

Recomiendo, sobre todo, escuchar a quien tengas delante. Recomiendo hacer un esfuerzo por escuchar, hacer un esfuerzo por dejar en suspenso tus creencias, tus ideas y escuchar al otro. Recomiendo encontrarnos y escucharnos. En cuanto a proyectos laborales, participar en la reapertura del Teatro del Barrio con los espectáculos ‘Nueva York en un poeta’, de Federico García Lorca, y ‘Polvo enamorado’, un repertorio del Siglo de Oro. Después. hacer una película con Álex de la Iglesia, si la pandemia no lo impide por segunda vez. E, insisto, intentar seguir aprendiendo a escuchar y a ir reduciendo la ignorancia en la medida de lo posible.

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