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Cultura

Sotiria Bellou: mujer, lesbiana y comunista

Pagó un alto precio por vivir su vida: por ser mujer en un mundo de hombres, por ser partisana y resistir al fascismo

Es sábado por la noche, en una taberna del centro de Atenas se escuchan los primeros acordes de un buzuki acompañados de una voz herrumbrosa. Se hace el silencio en las mesas, algunos siguen la música con las palmas, otros cantan emocionados con el puño en alto. Suena Domingo nuboso (Συννεφιασμένη Κυριακή), una canción de rebétika compuesta por Tsitsanis y considerada por muchos griegos como el himno no oficial de su país. La letra está inspirada en la imagen de un luchador de la resistencia griega ejecutado sobre la nieve.

 Tras la crisis financiera de 2008 y su gran impacto sobre la economía griega, el rebétiko, al que muchos han definido como el "blues griego", con sus letras sobre emigración, cárcel y drogas, se ha popularizado enormemente. Pero no es la primera vez que esta música sirve de guarida a los griegos. El rebétiko, en su origen bastardo, se desarrolla en los bajos fondos del puerto de Pireos entre los griegos expulsados de Esmirna en 1922, y fue lo único que se pudieron traer los refugiados de Asia Menor. Más adelante, durante la dictadura de Metaxás (1936-1941), sería prohibido y la policía destruiría buzukis y cerraría locales para acabar con un estilo de vida considerado inmoral. Sin embargo, el rebétiko sobrevivió a la censura y durante la Segunda Guerra Mundial sería la música que sonaría en las tabernas de la Grecia ocupada. Más recientemente, durante los represivos años de la Dictadura de los Coroneles (1967-1974), una nueva generación, especialmente de estudiantes, redescubriría el rebétiko.

Como escribía Manolo Vázquez Montalbán, "en tiempos de crisis de certezas y dogmas, ¿qué sería de nosotros sin las metáforas y los vicios?". Por eso, no es de extrañar que en una Grecia devastada social y políticamente por las medidas de austeridad impuestas desde Bruselas, el rebétiko y el raki (aguardiente muy popular en los países balcánicos) hayan sustituido a la MTV y las bebidas de importación en el ocio nocturno. La cultura popular se convierte así en el único patrimonio de los que no tienen nada. El único abrigo.

Pero volvamos a la taberna y a la voz metálica que entona Domingo nuboso. Pertenece a Sotiria Bellou (1921-1997), probablemente la más famosa intérprete de rebétiko y una de las personalidades más turbulentas de la escena musical griega.

Con sólo 17 años, puso fin a un matrimonio abusivo concertado por sus padres lanzando ácido a la cara de su marido maltratador. Lo hizo en una cafetería, a plena luz del día y a la vista de todo el mundo. "El divorcio no era suficiente", comentó sobre este episodio en una entrevista que le hicieron al final de su vida, "aunque el tipo tuvo suerte, llevaba gafas de sol". El incidente le valió una condena de tres años de prisión, de los que finalmente cumpliría cuatro meses.

 Tras salir de la cárcel, vuelve a su ciudad natal convertida en la oveja negra de la familia. Restringen sus movimientos y su padre le pega constantemente. El 28 de Octubre de 1940, el día que Grecia es invadida por la Italia fascista, decide marcharse a Atenas en un camión de soldados.

La vida en la Atenas ocupada no era fácil, fueron años de hambre y pobreza. Durante el frío invierno posterior a la invasión nazi, se calcula que más de 300.000 personas murieron en la capital griega por la falta de alimentos. Sotiria desempeñó diversos oficios para poder sobrevivir: criada, friegaplatos, vendedora ambulante de cigarillos y dulces o porteadora en la estación de trenes, donde aprovechaba para pernoctar. Con su primer sueldo se compró unos zapatos y una guitarra y empezó a tocar y cantar, primero en la calle y luego en algunas tabernas de la ciudad, a cambio de un plato de comida.

A pesar de ser profundamente religiosa, Sotiria tenía unas fuertes convicciones políticas y se unió a la principal organización de la resistencia antifascista (EAM/ELAS) en la que participó activamente repartiendo el ilegalizado periódico del partido comunista Rizospastis. Como consecuencia de su militancia política fue detenida, encarcelada y torturada en varias ocasiones por los nazis y sus colaboradores. Tras la liberación de Grecia, durante la insurrección comunista de diciembre de 1944, fue herida por un proyectil inglés.

 Entre el fuego y la metralla, en 1945 el popular compositor Vasilis Tsitsanis queda fascinado por su voz y empieza a trabajar con ella. Tres años después grabarían Domingo nuboso que, con sus referencias veladas a la ocupación alemana, se convertiría en un gran éxito.

El rebétiko era la música de los tipos duros, lo que hoy llamaríamos masculinidades frágiles, por antonomasia. Los rebeteseran músicos, pero también carniceros, proxenetas, dueños de tekedes - fumaderos de opio - y habitantes de un submundo en el que predominaba la virilidad y la presencia de la mujer sólo se justificaba como objeto de deseo. En este espacio exclusivo para los hombres, Sotiria se hizo respetar imponiendo sus propias reglas: exigía cantar sentada, en primera fila y junto al músico principal, algo inusitado en unos espectáculos en los que la mujer siempre estaba de pie vistiendo ropa provocativa para satisfacer la mirada masculina; no aceptaba peticiones de canciones y se enfadaba visiblemente si desde el público le lanzaban flores o rompían platos contra el suelo. Abiertamente lesbiana y con su estilo inconfundible - gafas oscuras, ropa sobria, pelo negro recogido y un eterno cigarrillo en la mano - Sotiria se convirtió en la primera gran rebetissa.

 Una noche, mientras cantaba junto a Tsitsanis en un club nocturno, un grupo de militantes de extrema derecha, conocedores de la trayectoria política de Sotiria, le pidieron que cantara una canción fascista. Ella se negó y fue apaleada sobre el escenario ante la indiferencia del público, de los responsables del local y sobretodo de sus compañeros músicos. Desde entonces, la amargura del abandono le acompañaría toda la vida.

A mediados de los años 50, el público comienza a demandar más espectáculo y glamour en las actuaciones y Sotiria, negándose a participar en el show,  cae en el olvido. La depresión le lleva a ser encerrada en un psiquiátrico y el juego, al que era adicta, se convierte en su único refugio. Durante esos años de decadencia, era frecuente verla en las calles de los barrios más pudientes de la ciudad vendiendo sus propios cassettes para sobrevivir.

La popular rebetissa puso voz a los suyos, a los oprimidos, hasta que se quedó sin ella. Un cáncer de garganta se llevó su voz para siempre. Pasó los últimos años de su vida internada en el hospital, escapando de madrugada para apostar con los taxistas a los dados sobre los capós de sus coches o encerrándose en su habitación para hacer timbas ilegales llenas de alcohol y humo con sus compañeros de juego.

Sotiria Bellou reconoció que pagó un alto precio por vivir su vida: por ser mujer en un mundo de hombres, por ser partisana y resistir al fascismo, por reconocerse lesbiana en un tiempo que no tocaba. Sotiria ensanchó los márgenes de lo posible aún a costa de renunciar a su propia felicidad. Ahora no es extraño ver a mujeres tocando el buzuki, usando un komboloi – un rosario laico usado exclusivamente en el pasado por hombres - o bailando zeibékiko – el baile más importante del rebétiko por el que un hombre bailaba sólo, casi en trance, ocupando un espacio público sin ser molestado - solas en medio de la pista. 

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