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Análisis

Tanto monta monta tanto Susana Díaz como Juan Espadas

Está por ver si Pedro Sánchez empuja a la ministra María Jesús Montero o si la batalla será un cuerpo a cuerpo entre el susanismo, ahora dividido más por utilitarismo que por diferencias ideológicas

Para entender qué significa el PSOE andaluz hay que conocer la trayectoria de Susana Díaz (Sevilla, 1974). La todavía líder del socialismo andaluz echó los dientes en las sedes del partido, no en las asociaciones vecinales, en la UGT o en el movimiento estudiantil. Díaz, así como toda la generación actual del PSOE andaluz, no se politizó en las manifestaciones por la autonomía andaluza ni en contra de la privatización de los astilleros de Sevilla o Cádiz, sino que se afilió al partido por tradición familiar o por ser la forma más rápida de encontrar empleo.

Lo que mueve a Susana Díaz no es la utopía de justicia que pudo mover a los antiguos socialistas, sino un pragmatismo insano que ha tenido como único objetivo conservar el poder a toda costa. Por eso el socialismo andaluz es un partido conservador y no progresista, porque desde hace demasiado tiempo su único objetivo ha sido la conservación y concentración del poder político, no la transformación de Andalucía.

Por eso el PSOE perdió su hegemonía dando entrada a Vox sin que lo haya notado la programación de Canal Sur, que ha sido el gran escaparate cultural que el socialismo andaluz usó durante tres décadas para crear un sentido común que va desde el feminismo marca Carmen Calvo hasta el mundo de la tauromaquia. Susana Díaz representa a la perfección este maridaje de discurso popular con sentido común reaccionario.

Díaz combina los eslóganes del feminismo clásico, ahora devenido -no por casualidad- en transfóbico e identitario, con loas a las corridas de toros o a obispos que han privatizado las cofradías de semana santa y registrado a nombre de la Iglesia símbolos materiales del pueblo andaluz como la Giralda o el Patio de los Naranjos de Sevilla o la Mezquita de Córdoba.

Se equivoca quien busque diferencias entre Susana Díaz y Juan Espadas (Sevilla, 1966), el otro candidato, hasta ahora, que ha anunciado su intención de suceder a la expresidenta de la Junta de Andalucía. Espadas es un producto criado en la arquitectura institucional del poder del PSOE en la Junta y venido a más al calor del susanismo.

Un funcionario gris con menos carisma que un felpudo que lo mismo podría haber  fichado por Ciudadanos o PP, que podría trabajar como broker en la Bolsa, como director de relaciones institucionales en una ONG o como jefe de recursos humanos en El Corte Inglés, pero que la vida quiso que con 23 años, nada más terminada la carrera de Derecho, empezara a trabajar como asesor jurídico en la Junta de Andalucía en temas medioambientales. Cualquier chaval que recién termina la carrera no tiene los contactos necesarios con el poder político para ser colocado de asesor jurídico en un gabinete gubernamental. Ni ahora ni entonces.

De asesor jurídico ascendió a jefe de gabinete del consejero de Medio Ambiente, más tarde a secretario general, luego viceconsejero y finalmente consejero de Vivienda y del Ordenación del Territorio en el Gobierno de José Antonio Griñán, el único socialdemócrata que ha presidido la Junta y el que se ha comido la responsabilidad penal de una dinámica de décadas de desprecio al derecho administrativo y al control del dinero público que comenzó mucho antes de que Griñán llegara a presidir la Junta.

Alcalde

Cuando Juan Espadas fue nominado como candidato a la Alcaldía de Sevilla, allá por 2010, tuvo que someterse a un régimen de adelgazamiento porque los asesores de imagen le dijeron que era idéntico a Juan Ignacio Zoido, el entonces candidato popular que ganó las elecciones municipales de la capital andaluza en 2011 para perderla cuatro años después, lo que dio a Juan Espadas el bastón de mando de la capital hispalense. Espadas obtuvo un mal resultado, pero el empuje de la candidatura de Podemos y de Izquierda Unida permitió que fuera investido alcalde, aunque luego acabó pactando presupuestos con Ciudadanos y con el PP y despreció los acuerdos en clave social con los concejales que lo arroparon en la investidura.

Mérito de Espadas es haber silenciado a la derecha sevillana y ser querido por Abc, el periódico más vendido y leído en estas tierras bañadas por el Guadalquivir, el boletín que decide la agenda diaria de la ciudad, quien pone y quita a alcaldes y las hojas que destrozaron la reputación e imagen pública de Alfredo Sánchez Monteseirín, exalcalde socialista de Sevilla, y de su número dos en el Ayuntamiento, Antonio Rodrigo Torrijos, exlíder de Izquierda Unida y exvicealcalde en un gobierno de coalición que transformó y modernizó la ciudad tal como la conocemos hoy.

Sabedor de que para gobernar Sevilla hay que molestar pocos a las 50 familias de apellidos compuestos que son dueñas de la ciudad y al Consejero General de Hermandades y Cofradías, Espadas ha molestado poco a las fuerzas oscuras y riega con buena y generosa publicidad institucional al diario oficial de la capital andaluza. La pista del dinero nunca falla como móvil de una investigación. El ahora convertido en sanchista de toda la vida ha nombrado recientemente hijo predilecto de Sevilla a Juan José Asenjo, exobispo de Córdoba que enajenó la Mezquita a los cordobeses por 30 euros, valiéndose de una ley franquista de 1947 que otorgaba a los obispos competencias de notarios públicos, y que después de inmatricular decenas de propiedades en la provincia cordobesa fue enviado como obispo a Sevilla para hacer lo mismo con la Catedral, la Giralda o el Patio de los Naranjos de la capital andaluza.

Internacionalización de Sevilla

El único proyecto de ciudad de Espadas ha sido la internacionalización de Sevilla, esto es, que vinieran vuelos baratos de Reino Unido y Alemania para llenar los pisos turísticos del centro, convertir en parque temáticos los lugares más emblemáticos y hacer imposible alquilar un piso decente en los barrios periféricos como consecuencia de la alta presión turística. Como añadido, una política cultural grandilocuente pensada para que los turistas vieran espectáculos y no para que los ciudadanos de Sevilla tengan acceso a la cultura y los creadores puedan vivir dignamente de su oficio. Una política cultural para ver desde lejos y no para tocarla, que no es más que la metáfora de la gestión de Espadas como alcalde.

Para llevar a cabo esta política turística y cultural, de salarios de 800 euros y calles y plazas invadidas por veladores, se ha valido Juan Espadas de Antonio Muñoz, teniente de alcalde y delegado de Urbanismo, Turismo y Cultura, procedente de los cuadros de la Junta de Andalucía y tan neoliberal en lo económico, progre en lo cultural, anfitrión de la entrada en la ciudad de multinacionales extractivas como Uber, Airnbb o Cabify y sin diferencias con cualquier político del PP en las cosas que vertebran una ciudad.

Muñoz será seguramente el sucesor de Espadas si éste gana las primarias y se convierte en candidato del PSOE a la Junta de Andalucía, con la mala suerte de que el proyecto de internacionalización de la ciudad, convertir a Sevilla en un parque temático 24 horas y siete días a la semana, lo ha pinchado la pandemia, sin que a la vista se vislumbre un proyecto de futuro que esté a la altura de la gran ciudad que es Sevilla, tanto a nivel nacional como internacional.

El legado que Espadas deja es una ciudad sin un proyecto de futuro al nivel de Madrid, Barcelona o Valencia, que son las ciudades con las que Sevilla debería mirarse, y con unos barrios periféricos sumidos en una situación social insostenible mientras los servicios sociales dan cita para dentro de quince días a familias que no tienen ni un yogur en la nevera para acostar a sus hijos.

En contra de Pedro Sánchez

Tanto Juan Espadas como Susana Díaz formaban parte del mismo equipo en contra de Pedro Sánchez. Ambos han echado los dientes en las faldas cortesanas del PSOE andaluz, Díaz en la fontanería del partido y Espadas en la arquitectura institucional, pero los dos forman parte de esa generación de socialistas andaluces que perdonaban la vida cuando las carreteras andaluzas, desde Huelva hasta Almería, se distinguían por el toro de Osborne y por las vallas de publicidad sobre la segunda modernización de Andalucía con que la Junta, allá en los tiempos en los que atábamos los perros con longanizas, regó la geografía andaluza mientras negociaba el cierre de industrias en Linares o la Bahía de Cádiz con dinero público.

El PSOE andaluz lleva décadas muy divorciado de la realidad, gracias a unos medios de comunicación que durante décadas le han bailado el agua merced a la generosa publicidad institucional. No es casual que de Susana Díaz se empezara a hablar de forma negativa cuando fueron los periodistas desde Madrid los que comenzaron a informar sobre ella. Las tertulias de Canal Sur, como ahora, han sido siempre muy cuidadosas en silenciar a los periodistas que tienen algo que decir y que buscan algo más útil que abrazos y palmaditas en la espalda en la cafetería del Parlamento andaluz.

Está por ver todavía si Pedro Sánchez empuja a la ministra María Jesús Montero para enfrentarse a Susana Díaz y Juan Espadas o si la batalla será un cuerpo a cuerpo entre el susanismo, ahora dividido más por utilitarismo que por diferencias ideológicas. En los mentideros políticos se comenta que Juan Espadas se presenta para dividir el voto susanista y hacer imposible su victoria. Algo así como repetir el papel que jugó Patxi López presentándose como la tercera vía en las primarias de Ferraz. Está por ver.

Gane quien gane

El 20 de mayo de 2017, en el último acto de campaña de las primarias que ganó Pedro Sánchez tras ser expulsado por el viejo aparato felipista, Juan Espadas y María Jesús Montero se sentaron en la primera fila de un abarrotado mitin de Susana Díaz en el Muelle de Nueva York de Sevilla, a la vera de la dársena del Guadalquivir, a escasos metros de otro acto más modesto de Pedro Sánchez, acompañado por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, dos centenares de militantes de base y algunos históricos como el exeurodiputado Luis Yáñez y la exconsejera Carmen Hermosín. Aquella tarde de primavera de 2017 nadie se esperaba que Pedro Sánchez fuera a ganar las primarias contra todo pronóstico y que Susana Díaz perdiera por primera vez un proceso interno.

Gane quien gane, ganará el mismo PSOE andaluz que ha ido derechizando progresivamente a una sociedad andaluza que llegó a votar en un 60% a los socialistas antes de abrirle la puerta a Vox. Una muñeca rusa de varias cabezas que tiene la virtud de saber cambiarlo todo para que nada cambie y que como único objetivo tiene la acaparación del poder con la misma lógica con la que los señores feudales convirtieron en latifundio las tierras de cultivo de Andalucía después de la conquista castellana. Susana Díaz y Juan Espadas, como Isabel y Fernando, tanto monta monta tanto.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Rafa1967

    7 de mayo de 2021 15:18 at 15:18

    Dos caras de una misma moneda. El típico p$$e discurso de izquierdas y políticas de derechas

  2. ESTRELL@

    8 de mayo de 2021 07:49 at 07:49

    Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín …
    sinceramente creo deberías jubilarte de la politica.

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