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Opinión

Telemafia

La peor información es siempre la información sobre la comunicación. Yo no cuento lo tuyo y tú tapas lo mío. Cuanto más poderoso es el medio más difícil resulta saber quiénes son los dueños de la empresa, con qué condiciones negocian los créditos de los bancos y cuáles son las complicidades con las compañías que contratan la publicidad.

En noviembre de 1963 se publicó Informe sobre la información, el libro que había escrito Manuel Vázquez Montalbán mientras permanecía encarcelado por la represión de la dictadura franquista. Desde entonces no se ha editado algo mejor sobre las dependencias estructurales de los medios de comunicación en relación con el poder económico y su armadura política.

Si no sabemos a quién pertenecen los mariachis, tampoco sabremos cómo y por qué seleccionan su repertorio. Si no sabemos para quién cantan, tampoco podremos confiar en los intérpretes.

Cuando nos enteramos del erotismo del Banco de Santander con los Polanco, no nos sorprende que doña Botín salga siempre tan elegante en las páginas de su periódico. Si recordamos que Ferreras fue pregonero de Florentino y comandante de la SER, tampoco nos sorprenderán sus afinidades selectivas.

No me extraña que a los empresarios del contrabando informativo y a los periodistas del brasero (los que siempre se arriman al calorcito del poder) no les guste que el gobierno se proponga averiguar “el origen de la desinformación y como se produce y difunde”.

Porque el envenenamiento más peligroso no es el que se produce en la confusión del tráfico de las redes sino cuando las televisiones catapultan la mierda de las informaciones contaminadas.

A Ferreras le indigna que se aplique un control de calidad para descubrir la salmonella en la mayonesa de sus muy frecuentes desinformaciones pero difunde con una sonrisa los boleros mentirosos de la mafia que su amigo Inda pone en circulación.

En la más reciente encuesta (la del foro Periodismo 2030), se comprueba que todavía el 65% del público se informa a través de la televisión. Ahí está la basura en el ventilador. Producir desinformación es fácil. Lo difícil es difundirla mayoritariamente. Para eso está el duopolio de la televisión comercial que siempre ha negociado con el gran poder la servidumbre política a cambio de la impunidad para sus negocios.

Una de las mayores vergüenzas de esta democracia es la ley general de la comunicación audiovisual. Reconoce que se elaboró para “dar seguridad jurídica a la industria audiovisual en nuevos modelos de negocio, garantizando también el pluralismo y la protección de los derechos ciudadanos”. Garantizando también... ¡En primer lugar las empresas y los negocios, después los derechos necesarios para una auténtica democracia!

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