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Análisis

Teoría de la negación aplicada a los medios: actualidad no es la realidad

Negándole a la gente que su sufrimiento es real, lo que se consigue es aislar a los que sufren, condenarlos a los ansiolíticos, a las terapias psicológicas, a la falta de horizontes y al suicidio civil

Les animo a que se metan en Youtube y pongan en su buscador “Hospital Zendal”. Les saldrán infinidad de publirreportajes  como si fuera información sobre la nave industrial que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha levantado a 20 kilómetros de la Puerta del Sol con el único objetivo de hacer creer, que es a lo que se dedica la comunicación política y a lo que desde hace algún tiempo también se dedican los medios de comunicación llamados serios que dan lecciones día sí y día no sobre libertad de expresión sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Una vez que hayan buscado “Hospital Zendal” en Youtube, les animo a que se vayan a la puerta de la nave industrial y hablen con las personas mayores que han sido convocadas allí para vacunarse, a 30, 50 y 70 kilómetros de su lugar de origen, y a los enfermos que salen después de varios días hospitalizados. Se darán cuenta de que la actualidad, el relato publicado por la gran mayoría de medios, es proporcionalmente contrario a la realidad. Lo que la gente cuenta a la puerta del mamotreto que la administración de Ayuso ha construido en tiempo récord, por más de 100 millones de euros y el doble de lo presupuestado para intentar asombrar al mundo de la gestión de la crisis sanitaria, es radicalmente lo opuesto a lo publicado.

Huelga decir que la nave industrial de la señora Ayuso ha sido construida por Dragados, Sacyr o Ferrovial, entre otras, empresas que han estado implicadas en las diversas tramas de financiación irregular del PP a lo largo y ancho del país. Para el contrato de la seguridad del edificio han sido más burdos, que ya es difícil, y la adjudicataria ha sido la empresa de Silvia Cruz, exportavoz del PP en el Ayuntamiento de Alcorcón. Todo por vía de urgencia, porque otra cosa que no cuenta la actualidad es que el PP ha aprovechado la lesgislación Covid para contratar a dedo, forma acelerada y sin publicidad. En Andalucía, además, la legislación Covid ha servido para enchufar a miles de personas en la Junta, por orden de llegada de su email, concurso que ha sido anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA).

La derecha española, que lleva la corrupción en su código fundacional, no ha votado a favor de ni un solo decreto de estado de alarma, pero ha aprovechado el estado de excepción provocado por la pandemia para enriquecer a sus amigos de siempre a la vez que tienen hospitales fantasmas repartidos por la comunidad madrileña con plantas enteras cerradas y en manos de los fondos buitre con los que Esperanza Aguirre negoció la privatización del sistema público de salud. Es más fácil repartir 100 millones de euros que se presupuestan para una obra nueva que de los 20 millones que costaría rehabilitar las infraestructuras que ya existen. Es el negocio de la grandilocuencia que ya puso en práctica el PP en Valencia. Todo grande, ande o no ande, para que la corrupción se vea menos.

A que pague la administración pública y la explotación de la inversión la rentabilicen las empresas privadas, vinculadas a la construcción, es a lo que llaman “colaboración público-privada”. No es colaboración, es negocio. Los neoliberales en su plan descivilizatorio han mancillado hasta la palabra “colaboración”, bella y hermosa como pocas, para hacer pasar como una obra de caridad que se deriven fondos públicos a los bolsillos de las grandes multinacionales del ladrillo.

La nave industrial, que en la propaganda oficial se llama Hospital Zendal, por no tener, no tiene ni cocinas, ni habitaciones, ni cuartos de baños, ni duchas individuales, ni lavandería, ni laboratorio de análisis. Al lado de la T-4 del Aeropuerto de Barajas se ha levantado un monstruo que sirve de monumento fúnebre del aguirrismo, del que Ayuso es su última discípula y por eso es la más descarada.

El mal llamado Hospital Zendal es incapaz de atender a una señora a la que le da un ataque de ansiedad mientras espera para ponerse la vacuna y los enfermos ingresados por Covid, todos leves, si empeoran deben ser derivados en ambulancia a otros centros hospitalarios de la región. Del mismo modo que el Zendal no es un hospital, sino propaganda electoral, los vídeos que en su gran mayoría se pueden ver en Youtube no son información, sino propaganda al servicio de un relato tramposo que ha despedido en los últimos años a un tercio de la plantilla sanitaria de la sanidad pública y que, sin embargo, es capaz de decir que le preocupa la sanidad pública por abrir una nave industrial donde Cristo perdió las chanclas. Con goteras incluidas, para que no se diga.

Envilecimiento de la sociedad

Digámoslo claro. El Hospital Zendal no ha salvado ni una sola vida porque los pacientes graves son derivados a otros hospitales. El problema de fondo no es la propaganda de Ayuso, sino que lo ha hecho con la connivencia de unos medios de comunicación dispuestos a hacer creer a los ciudadanos que su sufrimiento es mentira, que el dolor social que hay instalado en el pueblo es un invento de cuatro radicales. La gran mayoría de medios de comunicación han decidido dimitir de su función social, que es la de servir de espejo en el que mirarse la población. Así, negándole a la gente que su sufrimiento es real, lo que se consigue es aislar a los que sufren, condenarlos a los ansiolíticos, a las terapias psicológicas, a la falta de horizontes y al suicidio civil. Es la teoría de la negación aplicada a los medios de comunicación. Envilecimiento de la sociedad. Tiranizar a los que sufren sobre su propio sufrimiento. Sadismo radical.

El aumento de las enfermedades mentales generadas por la desigualdad, la precariedad y la pauperización de los servicios públicos no sería posible sin la colaboración de unos medios y periodistas estupendos que han renunciado a contar la realidad y lo han sustituido por la actualidad, cuando no por piezas de declaraciones de mentiras manifiestas puestas en boca de un tercero, que es una forma muy antigua de vulnerar el honor de alguien sin riesgo de ser denunciado. Hablar de actualidad es una forma muy fina de decir que lo publicado no es lo que le preocupa a la ciudadanía, sino lo que le preocupa a los poderosos que son dueños de los medios y lo que deciden cada día la agenda de lo que se publica.

Por eso hay una distancia tan abismal entre ver los vídeos de Youtube sobre el Hospital Zendal y lo que a las puertas cuentan los usuarios, personas mayores, que han sido convocadas a vacunarse a una gran nave industrial como extras de la campaña electoral de Ayuso. Narrar los dolores del pueblo, poner en circulación la realidad dentro de la maraña de relatos publicados, es hoy una de las labores más revolucionarias que puede ejercer un medio de comunicación que tenga como objetivo que el periodismo sirva para defender a la gente sencilla, a la mayoría, y evitar que los que sufren se crean que están locos porque no salen en el espejo de los medios de comunicación bajo control de la minoría privilegiada.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. ESTRELL@

    16 de abril de 2021 08:30 at 08:30

    esta vida es efímera y no hay mal que cien años dure pero estos políticos están arruinando su alma por la eternidad; sus lamparas están por debajo del nivel de aceite para entrar al banquete.Pobres diablos.

  2. mariano tomas Fuentes Alvaro

    16 de abril de 2021 11:20 at 11:20

    Como no encuentro donde ponerlo he estimado ponerlo aqui:- LUH sabe que en la parroquia San Sarlos Borromeo de Vallecas ha acogido a vecinos, sindicalitas, politicos sin espacio, progresistas,etc,etc. y ha convocado una manifestacion para hoy para protestar por la actuación de los machirulos de la porra uniformados el dia que «vox» fue a su barrio a provocar.
    Me parece que LUH debia poner algo y en un espacio adecuado.

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