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Política

‘The New York Times’ se centra en el papel de Juan Carlos I como “lobista de las dictaduras árabes”

“La misma clase política, comunidad empresarial y prensa cortesana que cubrió un manto de impunidad” sobre el anterior jefe del Estado viene ahora “a su rescate”, apunta el exdirector de ‘El Mundo’ y autor de ‘El director’ en el diario estadounidense

‘The New York Times’ se centra en el papel de Juan Carlos I como “lobista de las dictaduras árabes”
Imagen del artículo sobre Juan Carlos I en ‘The New York Times’

El diario estadounidense ‘The New York Times’ ha publicado una columna del periodista español David Jiménez, titulada “la doble vida inmoral del exrey de España” y en la que apunta que una cultura mediática y jurídica “anticuada” permitió al anterior jefe del Estado “convertirse en un lobista de las dictaduras árabes y esconder su fortuna durante décadas”. “Nadie ha hecho más para sabotear la monarquía que el propio exrey”, que “debería estar en el país que gobernó durante casi cuatro décadas mientras está siendo investigado en Suiza y España”, apunta el diario estadounidense, que denuncia asimismo que “la misma clase política, comunidad empresarial y prensa cortesana que cubrió un manto de impunidad sobre el exrey ha venido a su rescate”.

En la columna, Jiménez –exdirector del diario ‘El Mundo’ y autor del libro ‘El director’, en el que cuenta cómo funciona el juego de favores entre los medios de comunicación y el poder y qué precio pagan quienes se niegan a participar en él– revela que en 1996, cuando trabajaba como redactor de ‘El Mundo’, recibió uno de sus “primeros encargos como periodista”: entrevistar a la actriz, vedette y presentadora de televisión Bárbara Rey, “presunta amante del rey de España”, para intentar averiguar si exigía al Estado dinero “a cambio de mantener en secreto” su supuesta relación con el entonces jefe del Estado, Juan Carlos I. El exdirector de ‘El Mundo’ asegura que al final no obtuvo la entrevista porque, “bajo presión”, Bárbara Rey “decidió permanecer en silencio”, por lo que “las dos grandes debilidades” de Juan Carlos I, “la mujer y el dinero”, siguieron siendo “el secreto peor guardado” de España “durante otras dos décadas”. Esa opacidad y “una Constitución que exime a nuestros reyes de cualquier responsabilidad criminal” –es decir una “inmunidad de enjuiciamiento diseñada” en 1978 “para dar estabilidad a la institución de la Corona”– enviaron a Juan Carlos I “el mensaje de que estaba por encima de la ley” y las utilizó “para amasar una fortuna principalmente a través de millones de dólares en presuntos sobornos de dictadores árabes”. “Adquirió tal riqueza que en 2012, en plena gran recesión que dejó en paro al 25% de los españoles, transfirió 65 millones de euros a su amante Corinna Larsen, una empresaria alemana”, y esto es “sólo la punta del iceberg de un escándalo que ha obligado al monarca a exiliarse”, destaca Jiménez en ‘The New York Times’. “Juan Carlos I abandonó el país el 4 de agosto y su paradero es desconocido para nosotros los españoles. Esta estrategia de mantenerlo fuera de los focos, después de una negociación secreta entre la Casa Real y el Gobierno, demuestra que no hemos aprendido nada”, añade, pues el anterior jefe del Estado, que abdicó en su hijo Felipe VI en 2014, “debería estar en el país que gobernó durante casi cuatro décadas mientras está siendo investigado en Suiza y España”.

En la columna del exdirector de ‘El Mundo’ en ‘The New York Times’, se destaca también que “ahora sabemos que durante años” Juan Carlos I “llevó una doble vida como lobista y que, a cambio, sus beneficiarios obtuvieron una influencia decisiva en España”, aunque “las autoridades sólo tienen un interés mínimo” en saber cuánta influencia fue esa. Jiménez recuerda asimismo que se está investigando “si la donación de 100 millones de dólares de los saudíes fue una comisión pagada a Juan Carlos I por conseguir que las empresas españolas construyeran el tren de alta velocidad entre Medina y La Meca por un valor de 6.700 millones de euros”, pero que “la recompensa real bajo sospecha, acumulada durante décadas, incluye coches Ferrari, un yate, viajes de lujo, tierras en Marruecos y un piso en Londres valorado en más de 62 millones de euros, un regalo del sultán de Omán”. “Sería ingenuo pensar que tal generosidad no tiene precio”, añade.

Kuwait, Arabia Saudí y Bahrein

Jiménez denuncia asimismo que el Congreso de los Diputados ha bloqueado la creación de una comisión de investigación que “podría haber revelado las implicaciones geopolíticas del comportamiento” de Juan Carlos I, perdiéndose así “la oportunidad de preguntar a los cuatro últimos presidentes del Gobierno español lo que sabían sobre los negocios del rey y su influencia en la política exterior española mientras su inmunidad de enjuiciamiento, que terminó cuando abdicó, lo protegía”. “En 1995, un conocido empresario, Javier de la Rosa, le dijo al director de ‘El Mundo’ de entonces, Pedro J. Ramírez, que Kuwait pagó 100 millones de dólares como recompensa por haber convencido al Gobierno español de que se uniera a la coalición contra Saddam Hussein durante la primera guerra del Golfo”, añade. Y es que “durante décadas, España ha sido uno de los principales partidarios de las dictaduras árabes que, gracias a nuestra monarquía, han encontrado la forma de lograr la legitimidad internacional”. “En noviembre de 2018, en medio de la indignación por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, Arabia Saudí demostró que el príncipe Mohammed bin Salman, al que algunos acusaron de ordenar el asesinato, todavía tenía amigos: una fotografía de un saludo amistoso entre Juan Carlos I y el príncipe heredero apareció en los medios de comunicación saudíes”, ejemplifica. “La represión a los manifestantes que reclamaban democracia en Bahrein tampoco impidió que el rey viajara frecuentemente a ese país, otra de las ‘monarquías hermanas’ que llenaban sus cuentas bancarias. Uno de los gestores de patrimonio de Juan Carlos dijo a la oficina del fiscal general de Suiza que el exrey regresó de un viaje a Manama, la capital de Bahrein, con un maletín que contenía casi 1,9 millones de dólares”, añade.

“Incluso mientras esperamos las decisiones de los jueces de Suiza y España, no hay duda de la inmoralidad del comportamiento” de Juan Carlos I, apunta el diario estadounidense, que no obstante lamenta que “la acumulación de pruebas y la progresión de las investigaciones apenas importan”, pues “la misma clase política, comunidad empresarial y prensa cortesana que cubrió un manto de impunidad sobre el exrey ha venido a su rescate” y “lo que debería ser una cuestión de decencia y responsabilidad es, en cambio, un debate polarizado a favor y en contra de la monarquía” española, una monarquía que “nadie ha hecho más para sabotearla que el propio exrey”.

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