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Opinión

¿Un techo de gasto a la altura de las necesidades de la gente? Claro que era posible

techo de gasto

El nivel de excitación de las tres derechas y los poderes fácticos de nuestro país va en ascenso.

No es complicado aventurar el motivo de una sobreactuación tan absurda como fuera de lugar. ¿Sabéis por qué la derecha tiene que gritar 'Viva el Rey' de una forma compulsiva y están en un grado tan extremo de excitación?

Pues porque la respuesta inicial a la devastadora crisis económica que ha seguido a la emergencia sanitaria del Covid19 muestra claves que les preocupan enormemente. La subida del techo de gasto para el próximo ejercicio en más de un 53% con respecto al aprobado para 2020, 68.488 millones de euros, no solo supone un récord de incremento en la serie histórica. Demuestra que la presencia de Unidas Podemos en el gobierno de coalición es útil para la vida de la gente.

Y sobre todo, abre los ojos a que mucha gente sueñe con que todo es posible.

Parece que hace un siglo pero no fue hace tanto, el 11 de febrero, cuando el Consejo de Ministros y Ministras aprobó los objetivos de estabilidad presupuestaria y de deuda pública de 2020. Hace 8 meses el techo de gasto del estado para 2021 se estableció en 131.437 millones de euros en línea con una previsión de crecimiento del 1,6% de la economía española.

Pero lógicamente la pandemia lo ha cambiado todo y lo aprobado se convirtió en obsoleto.

Ante una nueva recesión, detonada por un virus, pero con causas mucho más profundas, vuelve a abrirse el debate y la necesidad de abordar el papel del sector público en una situación tan grave como la actual. Hay que responder de manera clara a la siguiente cuestión ¿Por dónde hubieran querido los de siempre que fueran los nuevos Presupuestos Generales del Estado?

No hace falta especular mucho. Basta con echar la mirada unos años atrás para ver cómo se abordó la anterior crisis económica. Los gobiernos de Rodríguez Zapatero incrementaron el gasto público hasta 2010. Después vino su “caída del caballo” y el pacto con Rajoy para cambiar el artículo 135 de la Constitución que convirtió al PSOE en una suerte de Eduardo Manostijeras. Le dieron un hachazo brutal al gasto público en 2010 de más de 60.000 millones de euros que devolvió el gasto público a cifras de 6 años atrás. Precisamente cuando más falta hacía la acción protectora del Estado, cuando era más necesario en medio de la tempestad, el PSOE retiró el paraguas. El año 2011 el techo de gasto era 2.269 millones inferior a 2005, el primero de la legislatura inicial de Rodríguez Zapatero. Magro saldo para la mayoría social.

Con esa forma de actuar, no es de extrañar que a finales de 2011, Rajoy consiguiera para el PP una espectacular mayoría absoluta. No, España no se había hecho de derechas. Simplemente mucha gente de izquierdas se quedó en casa pensando que, si quienes habían merecido su confianza se dedicaban a recortar, no lo harían al menos con su voto. Las cosas materiales importan.

El PP se encontró en su salsa, recortando en servicios públicos y rescatando a la banca. Acumuló una reducción adicional de 2.422 millones de euros del escuálido techo de gasto que le dejó el PSOE. Sin embargo, medido este indicador en relación a la riqueza del país medida en términos de Producto Interior Bruto (PIB), la fotografía es mucho peor.

Del 16,8% del PIB que tenía el techo de gasto máximo alcanzado en 2010, el PP sacaba pecho de dejarlo en un 9,97% sobre el PIB en 2018, un salvaje recorte de casi el 41%.

No se conformaba con eso porque una de las últimas decisiones tomadas por el Partido Popular antes de la moción de censura fue actualizar el programa de Estabilidad 2018-2021 enviado a la Comisión Europea en el que definía la profundización de la senda de reducción del gasto público sobre el PIB hasta llevarlo al 38,6% en 2021, el nivel más bajo en 12 años y uno de los más bajos de toda Europa. No relacionar el debilitamiento de los servicios públicos con la incapacidad de responder a la primera ola de la pandemia es lo que querrían los responsables de lo ocurrido. Pero que hayan fallecido nuestros mayores en las residencias sin atención médica, que no hubiera respiradores, o mascarillas y equipos de protección para nuestros sanitarios, tiene una causa directa y se sitúa en los salvajes recortes presupuestarios de todos estos años.

Afortunadamente, tras la moción de censura y ahora con el gobierno de coalición, cambia la música. No es casual. Años diciéndonos que las políticas austericidas eran la única forma de abordar económicamente las crisis hasta que la presencia de Unidas Podemos en el gobierno de coalición, ha inclinado la balanza del lado de la gente. Un 53% de incremento en el techo de gasto en 2021.

Solo es un primer paso. Porque si se considerase una meta y un éxito, sería tanto como pensar que las cosas antes de los recortes estaban bien. Y no era así. La subida del techo de gasto solo será un dato contable sin valor alguno si no se traduce en mejoras tangibles en la vida de la gente. Pero este primer paso lo hace posible. Para seguir dando los siguientes, es imprescindible movilización popular y pelear por ampliar los derechos. Como indica la campaña #CodoConCodo, la política en las instituciones está huérfana. Es la política del día a día, la que hace la gente corriente, la que empuja los cambios. La presión en la calle es la que multiplicará el efecto de las diputadas y los diputados de la izquierda transformadora en el Parlamento. Si alguien necesita una prueba reciente de esta afirmación, basta ver la evolución de la posición política de los partidos de la derecha en relación al Ingreso Mínimo Vital.

Pasar de un techo de gasto inferior al 10% sobre el PIB que aprobaron PP y Ciudadanos, a llegar este año al 16,6%, explica el pánico de quienes temen que haya políticas que reduzcan la desigualdad y mejoren la vida de la mayoría social. Y esto pone nerviosos a vasallos y cortesanos que salen de los cementerios políticos para hacer ridículos vídeos ensalzando a un Rey beneficiario de las tropelías de su padre. Tienen pánico a que la gente vea que sí se puede.

Por eso la aprobación del techo de gasto y en unos meses de los Presupuestos para 2021 es una buena noticia para la mayoría social. Reivindica el valor de la acción política institucional cuando se ponen las necesidades de esa mayoría social en el centro.

Sí se puede incrementar el gasto público y proteger a la gente.

Sí se puede hacer que tributen los más ricos.

Y claro que se puede elegir al Jefe del Estado.

Pronto, República.

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