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Opinión

Un voto para gobernarlas a todas

Estos días no puedo más que hacerme recordar uno de los pocos poderes, deberes, que puede ejercer una mujer. El del voto. Derecho que nos costó literalmente sangre, sudor y lágrimas. Arrebatado durante tantos años por el sistema patriarcal para olvido de nuestras mentes confinadas. Recuperado por el feminismo. Pero aun así…

Recuerdo sus políticas contra el aborto, con Alberto Ruiz-Gallardón como adalid de tan magna labor. La de que las mujeres no podamos tener la autonomía que merecemos de nuestros cuerpos. Recuerdo cuando este señor ocupaba sin K el ministerio de Justicia y creó la reaccionarísima Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y la Mujer Embarazada. En esta ley se prohibía automáticamente que las mujeres pudiéramos abortar, salvo en dos supuestos: daño físico o psíquico de la mujer o el feto y en caso de violación. Este señor fue presidente de la Comunidad de Madrid y alcalde de la ciudad de Madrid.

Recuerdo a Esperanza Aguirre, la dueña del carril bus y presidenta de Madrid. Fiel regulacionista de la prostitución y de que la Sanidad Pública sea solo para españoles. “No podemos atender a los ciudadanos de todo el mundo”, dijo.

Recuerdo que Madrid fue la única comunidad del Estado español que prohibió las manifestaciones del 8M este año, argumentando una supuesta inseguridad sanitaria, aun cuando las organizaciones de mujeres en la ciudad intentaron hacer concentraciones cumpliendo las más rigurosas normas de seguridad sanitaria. Mientras se permitían manifestaciones negacionistas o por la unidad de España.

Recuerdo las colas del hambre, colas que protagonizamos las mujeres. Colas del hambre que protagonizan, según Ayuso, “mantenidos”. Esas mantenidas son empobrecidas, precarias, prostituidas y desasistidas por la administración de la ciudad. Recuerdo los desahucios en plena pandemia y la falta de una vivienda digna. Mientras fondos buitre con sede en paraísos fiscales y magníficos beneficios para clanes familiares españoles de rancio abolengo hacen dinero con cientos de pisos vacíos. La ciudad se llena de gentes sin casa.

Recuerdo Madrid con los porcentajes de contagio por covid19 más altos del Estado español junto con Euskal Herria, que adolece del mismo “mal derecho” que Madrid. Donde la gestión de la pandemia se supedita a la situación económica, al terraceo y a las empresas y no a las vidas de las ciudadanas.

Recuerdo la Cañada Real sin luz, abandonada a su suerte por la administración madrileña. Muerta de frío mientras pedía ayuda y la gente moría en plena Filomena. La especulación del suelo al servicio de intereses partidistas con la fiel ayuda de la compañía de la luz.

Recuerdo los murales feministas vandalizados, los insultos y agresiones por parte de fascistas a mujeres que se manifiestan. Las cargas policiales en los desahucios antes mencionados. Los paseos de la ultraderecha por los barrios obreros, recuerdo el honor y la autodefensa férrea de Vallekas.

Recuerdo a Rocío Monasterio repitiendo una y otra vez que la Comunidad de Madrid paga 4.700 euros al mes por mena. Cuando la realidad es que la Comunidad invierte de 50 a 60 euros al mes. Por no mencionar que estamos hablando de niñas y niños que no alcanzan a ser el 8% de menores que necesitan la asistencia de servicios de protección al menor. El 72% de estos menores son españoles. Mienten con impunidad y criminalizan a menores extranjeros para fomentar el miedo en los votantes. Y empapelan la ciudad con carteles donde un mena es un joven encapuchado que le cuesta 4.700 euros a la comunidad y “tu” abuela es una anciana que cobra 426 euros de pensión al mes. Mientras en su programa electoral prometen pelear por un sistema de pensiones privado.

Recuerdo a Ayuso desmantelando los servicios públicos para favorecer los servicios privados, una privatización de facto de servicios, dejando a la población a merced de la pandemia. Construyendo hospitales sin profesionales y cerrando camas UCI por falta de recursos en hospitales ya en marcha. Libertad o socialismo.

Recuerdo el negacionismo de la violencia machista de Vox y su interés en salvar las corridas de toros en Madrid.

Recuerdo que Ayuso y Monasterio son patriarcado. Porque a todas las mujeres nos une la misma opresión, pero no la misma clase. Dos Damas de Hierro que servirán bien a todo lo que combate el feminismo, al capitalismo y al patriarcado.

Las mujeres tenemos un poder. No emana de nuestros maltrechos y apaleados cuerpos, más bien de nuestros cerebros y nuestra moral. El poder del voto, ejercerlo con perspectiva feminista es nuestra obligación para con nosotras mismas. No para con nuestro entorno, sociedad, familia o país. Esta es una cuestión femenina, es una cuestión feminista. No es una cuestión de “cuidados”, es una cuestión de autocuidado. Madrid puede ser la tumba del fascismo, puede, pero en nuestras encallecidas manos de mujer está el poder de que sea la tumba del patriarcado.

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