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Una breve aproximación a la desobediencia civil

Para que los individuos que forman una sociedad puedan convivir en paz y en armonía, 'el pueblo' debe depositar su confianza y legitimidad en la clase dirigente. Toda dirección política necesita de la legitimidad para llevarse a cabo. La legitimidad es un pacto social por el cual los ciudadanos aceptan voluntariamente las decisiones adoptadas por los gobernantes. En el momento en que estos carezcan de legitimidad, las políticas puestas en marcha dejarán de tener validez moral, no legislativa.

Es en este momento donde la desobediencia civil se bifurca en dos senderos distintos. Por un lado, se encuentra el camino de la no violencia, y por el otro, la protesta materializada en actos vandálicos o violentos.

En primer lugar, han sido muchos las personalidades que han ejercido la reivindicación no violenta. Gandhi recurrió a la huelga de hambre para exigir la independencia de la India; Luther King y Malcolm X optaron por estrategias políticas pacíficas en la lucha por una igualdad social y por los derechos sociales y libertades de los afroamericanos.

En segundo lugar, hay una serie de escenarios que utilizan la violencia para mostrar el descontento generado por la vigencia de una determinada ley, por la intención de añadir una nueva ley al ordenamiento jurídico o que exigen la derogación de una ley. Para ilustrar el presente párrafo, nos remitimos a las recientes protestas acaecidas en Francia. La salida a las calles de los manifestantes, junto a episodios de violencia materializados, por ejemplo, en un incendio en una sucursal bancaria, consiguieron la no aprobación de una ley impulsada por el Gobierno francés.

¿Es legítimo amparar o justificar cualquier incumplimiento de la ley en base a dogmas religiosos o posturas ideológicas? La desobediencia civil debe ser empleada siempre y cuando construya una sociedad más justa. Un espacio de convivencia plural, inclusivo, abierta, tolerante, feminista, solidario, en el que todos y todas tengamos sitio. Patrick Devlin afirma que es la propia legalidad la que debe imponer la moral. Y es aquí donde encontramos un gran obstáculo. No es usual que la legalidad jurídica de las naciones coincida con las normas éticas y morales que deberían vertebrar estas.

La autoridad tradicional es caracterizada por el indudable respeto por las costumbres y las tradiciones antiguas que no son cuestionadas. Es decir, la autoridad es legítima 'porque siempre ha sido así'. Es el hombre blanco, conservador, heterosexual y rico el que cuenta con más privilegios 'porque siempre ha sido así'. Y es, particularmente, en este tipo de razonamientos donde los movimientos y respuestas desobedientes son imprescindibles para cambiar, modificar y sustituir razonamientos y comportamientos excluyentes, por otros que fomenten la convivencia y una mayor tolerancia social y comunitaria.

No hay más. Todo movimiento que recurra a la desobediencia civil intenta demoler uno de esos pilares que caracterizan esa perspectiva tradicional y que oprimen a un colectivo concreto. Por ello, la desobediencia civil es una de las herramientas más útiles para aquellos sectores más desfavorecidos. Es útil y legítima. Para alejarnos de nociones tradicionales basadas en ideales discriminatorios es necesario romper con la legalidad establecida que aprieta y ahoga.

La desobediencia civil nace de la necesidad de denunciar o poner el foco sobre algún tipo de discriminación o segregación, no nace de la necesidad de mantener el privilegio de determinada clase social cimentado en continuas vulneraciones de derechos básicos. No es legítimo condenar a la mujer a un segundo plano. No es legítimo reivindicar la supremacía blanca. No es legítimo reivindicar la heterosexualidad como la única orientación sexual válida, correcta y legal. No es legítimo defender al patrón que amasa su fortuna en base al robo de la plusvalía del trabajador, la explotación laboral o trabajo infantil. No es legítimo simplemente porque atenta contra los derechos y libertades de otro sector social.

En síntesis, una vez expuestas todas las ideas vinculadas a la desobediencia civil, es el momento de elaborar una definición definitiva y completa que responda a la siguiente pregunta: ¿Qué es la desobediencia civil?

"Incumplimiento de la ley llevada a cabo por parte de un individuo o de un conjunto de personas, de forma pacífica o violenta, justificándose en principios morales, religiosos o políticos. La desobediencia civil es una herramienta al servicio del pueblo para expresar su rechazo a una ley que discrimina y atenta contra los derechos básicos de un colectivo social".

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