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Política

“Unidas Podemos es la mayor garantía de derechos para la mayoría social y por eso lo atacan”

Entrevista a Alberto Rodríguez, secretario de Organización de Podemos y diputado de Unidas Podemos en el Congreso

“Unidas Podemos es la mayor garantía de derechos para la mayoría social y por eso lo atacan”
Alberto Rodríguez, secretario de Organización de Podemos y diputado de Unidas Podemos en el Congreso

En vísperas de tener que declarar ante el Tribunal Supremo –no lo hará voluntariamente– por una protesta de hace seis años contra la ‘Ley Wert’, Alberto Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1981), diputado en el Congreso desde 2016 y secretario de Organización de Podemos desde 2019, recibe a LUH.

El Tribunal Supremo acaba de citarte a declarar como imputado por un presunto delito de atentado contra agentes de la autoridad y lesiones, por unos hechos que se remontan a 2014, cuando participaste en una protesta contra la LOMCE –conocida como ‘Ley Wert’– con motivo de la visita del entonces ministro de Educación del Gobierno del PP de Mariano Rajoy, José Ignacio Wert, a la localidad tinerfeña de La Laguna para participar en la inauguración de la catedral…

Efectivamente. Primero, es imposible entender esta maniobra sin verla dentro del marco del ‘lawfare’ contra el Gobierno, de la utilización de una parte importante de las instituciones del Estado para atacar a Unidas Podemos e intentar acabar con el Gobierno de coalición. Y ya entrando al caso concreto, las personas que hemos militado y participado activamente en los movimientos sociales sabemos que por desgracia estas cosas ocurren con mayor normalidad de la que nos gustaría: montajes policiales que se hacen para atacar a determinadas listas negras de activistas, sin que hayan hecho nada, con el objetivo de criminalizar la protesta, evitar que la gente se organice e infundir el miedo en la población para que piense que es mejor estar quieta en casa que organizarse y luchar por conquistar derechos. Es una dinámica que se ha repetido en multitud de ocasiones. En este caso concreto, en pleno periodo de recortes y de aprobación de una nueva ley de educación que había suscitado una respuesta muy contundente por parte de la sociedad civil organizada, el Gobierno de Coalición Canaria decide que es muy buena idea llevar a Wert a inaugurar una catedral, se convocan protestas por parte de la comunidad educativa y la respuesta por parte del Gobierno del PP es decir que va a enviar 300 antidisturbios a la isla para garantizar que todo salga como ellos quieren que salga, lo que es asumido por una parte importante de la sociedad de Canarias –que siempre ha sido una tierra de gente luchadora pero donde las protestas siempre se han hecho de forma pacífica y democrática– como una provocación, por lo que el día de la movilización hay miles de personas –AMPAs, estudiantes, maestros, profesores y vecinos en general– en una marea humana en protesta contra los recortes. Por desgracia, el Gobierno del PP cumple su amenaza, utiliza la Policía contra la población y se producen cargas, detenciones, etcétera. Cuando acaba la movilización, yo me voy a mi casa en parte indignado por lo ocurrido y en parte contento por la respuesta de la ciudadanía, y por supuesto ni me detuvieron ni siquiera me pidieron el carnet de identidad. Tiempo después, me entero de que, en base a una declaración policial sin ningún tipo de fundamento ni prueba, se me intenta implicar en unos supuestos hechos ocurridos aquel día, cuando lo único que hice fue defender la educación publica, como miles de canarios. Es fácil visualizar que hay una estrategia de montaje contra activistas, y parece una casualidad bastante extraña que se haya reactivado este proceso justo ahora, en este momento. Tengo la conciencia muy tranquila y si el día de mañana volviera a ocurrir eso, yo volvería a hacer lo mismo, volvería a ir a acompañar a mis vecinos a pedir una educación pública gratuita y de calidad, que es lo único que hice aquel día.

Podemos ha diseñado un nuevo modelo de militancia que se hará realidad después de un proceso que ha empezado este mes de octubre y finalizará en enero de 2021. ¿Por qué y para qué?

Una petición casi unánime de los círculos y las bases de la organización era que necesitaban más y mejores herramientas y más capacidad de incidencia política en su realidad cercana, así que nosotros cogimos ese guante y en el proceso de la III Asamblea Ciudadana Estatal decidimos dar un giro radical al modelo organizativo de Podemos, un cambio ambicioso –que por supuesto tiene sus riesgos, pero creemos que es el momento de hacerlo– que consiste en dotar a los círculos y a la militancia de mucho más poder del que habían tenido hasta ahora. Para ello, es fundamental tener un censo actualizado y establecer una cuota –para las personas que puedan pagarla; nadie va a quedarse sin participar y sin militar en Podemos por no tener recursos– para garantizar que la gente que participa en Podemos y que vota en Podemos es gente de Podemos y no de otros partidos, como ha ocurrido en algunos sitios. A partir de ahora, la gente reunida en círculos decidirá qué equipos dirigen la organización a nivel municipal, comarcal, insular, provincial… y decidirá también porcentajes muy importantes de personas de los círculos que van a llegar a las direcciones autonómicas. En torno a 19.000 personas se han apuntado en el censo –19.000 personas que han demostrado su compromiso inequívoco con Podemos– y hay en torno a 750 círculos activos, que son unas cifras muy buenas teniendo en cuenta cómo está la realidad del país ahora mismo. Por cierto, otro vector clave en el crecimiento y fortalecimiento del proceso de cambio democrático es la gente joven: la organización Rebeldía está creciendo de manera exponencial, siendo el instrumento elegido por la juventud que se referencia en Podemos, un espacio fresco, amable, autónomo y libre donde las jóvenes deciden por ellas mismas cómo enfocar su trabajo militante; para nosotras son todo un ejemplo de cómo el trabajo bien hecho se traduce en crecimiento organizativo y conquista de derechos. Con todo ello buscamos enraizar la organización en el territorio, superar de una vez por todas los conflictos internos y los continuos debates hacia dentro –que en muchos casos nos han impedido volcarnos en ese trabajo hacia fuera– y que Podemos se convierta en una herramienta útil para la lucha a nivel de barrio, de ciudad y de pueblo, que nuestra militancia tenga las herramientas de formación, participación, etcétera, para estar presente en todo el tejido social de su ámbito. Por supuesto en las luchas laborales, pero también en el tejido educativo, vecinal, cultural o deportivo. Estamos en pleno proceso de implementación de este modelo, que fue elegido democráticamente en la III Asamblea Ciudadana Estatal, y con estos mimbres intentaremos apoyar y estar codo con codo en la sociedad civil de los territorios y preparar la organización para nuestro siguiente gran hito, que serán las elecciones autonómicas y municipales de 2023.

“Podemos como fuerza estatal se mantiene y tiene mucha más influencia política de la que nunca ha tenido”

Porque es evidente que Podemos sigue teniendo su principal problema electoral en los territorios…

Podemos como fuerza estatal ha sufrido reveses electorales en cuanto a pérdida de votos que responden a multitud de factores –entre ellos, el ataque sin piedad de las cloacas con toda su vertiente mediática, pero también otros que son atribuibles a nosotros, como el conflicto interno y el haber llevado ese conflicto a los medios de comunicación y a las redes–, pero, más allá de eso, es evidente que Podemos como fuerza estatal se mantiene y tiene mucha más influencia política de la que nunca ha tenido, algo que también ocurre a nivel autonómico en determinados territorios en los que Podemos forma parte del Gobierno. No obstante, sí es verdad que Podemos, y el espacio político del cambio entendido en toda su amplitud, tiene que aumentar sus apoyos electorales en todos los sitios a partir de ahora, porque no puede volver a repetirse una dinámica como la que ocurrió en las autonómicas y municipales de 2019. Para eso, tenemos claro que necesitamos a la organización implantada en el territorio. Por muy buen candidato a la Presidencia del Gobierno que haya, por muy buenas portavocías a nivel autonómico y sobre todo a nivel estatal que haya , por muy bien que se haga el trabajo en los grupos institucionales a nivel estatal y autonómico, la realidad nos ha demostrado que eso no basta: cuanto más pegadas son las elecciones al territorio, más influye que tus vecinos te conozcan, hayan trabajado a tu lado y sepan que esto es una herramienta útil para resolver los problemas junto con ellos y que, cuando hay un conflicto laboral o un desahucio, nuestra gente está ahí no sólo promoviendo alternativas de mejora en las instituciones sino también a nivel de calle y de movimientos sociales. Ese es nuestro gran objetivo y para eso necesitamos una organización empoderada. Ahora lo que ocurra en Podemos en un pueblo, en un barrio o en una ciudad van a decidirlo las y los militantes de Podemos, y eso es un cambio de paradigma muy grande que esperemos que dé sus frutos. Es una propuesta arriesgada y audaz, pero esperamos que sea útil.

Podemos se presenta a las generales en la coalición Unidas Podemos, de la que también forma parte Izquierda Unida, de la que a su vez forma parte el PCE… ¿Cómo son las relaciones entre algunas de esas formaciones –hay quien dice que no pasan por su mejor momento– y cuál es el futuro de esa coalición?

A mí me sorprende que haya quienes digan que no pasan por su mejor momento; me sorprende entre comillas, porque evidentemente al adversario político y a los poderes de este país les interesa sembrar la duda sobre el futuro de este espacio político amplio de confluencia que es Unidas Podemos, pero la realidad es que la relación es muy buena –salvo tensiones típicas del trabajo político en determinados ámbitos que siempre pueden ocurrir en cualquier relación humana, empresa o asociación– y estamos trabajando por fortalecer más los vínculos con las compañeras y los compañeros de Izquierda Unida. Nuestra intención, y creo firmemente que la de Izquierda Unida también, es profundizar en esta dinámica y que la confluencia política no sólo sea por arriba sino que de verdad tenga una traducción orgánica y militante por abajo, para que el trabajo conjunto de nuestra gente a nivel barrio, ciudad o pueblo acabe facilitando que, cuando lleguen las citas electorales de 2023, nuestras organizaciones estén acostumbradas y se encuentren muy a gusto trabajando conjuntamente y que eso redunde en el mejor rendimiento electoral y el mejor resultado. Por supuesto, con el máximo respeto a las compañeras y los compañeros de Izquierda Unida –que tendrán su asamblea federal a principios del año que viene, si no tengo mal los datos, y veremos a qué conclusiones llegan en su debate democrático en el ámbito de su organización–, lo que tenemos ahora mismo encima de la mesa son ganas de trabajar conjuntamente lo máximo posible entre nuestras militancias. Ni mucho menos las relaciones pasan por un mal momento, quien diga eso o no conoce la realidad o está intentando enfangar porque sabe que el espacio político amplio que supone Unidas Podemos es la mayor garantía de derechos para la mayoría social y por eso lo atacan.

Hablemos de política general. Al menos por el momento, por un lado hay un bloque de investidura con formaciones que pretenden una profundización democrática en diversos ámbitos –político, económico, territorial…– y por otro lado hay un bloque de derecha y ultraderecha que perdió las generales y que pretende impedir esa profundización democrática… ¿Coincides con este análisis?

Efectivamente, eso es lo que nos estamos jugando ahora mismo. Hay un bloque que, a pesar de haber perdido las elecciones y de no haber sacado los votos suficientes para formar gobierno, está decidido a usar todas las herramientas en su mano para atacar y hacer caer al Gobierno de coalición, sin importarle que su estrategia pase por hacer sufrir a millones de personas en nuestro país. Pongo un ejemplo: ahí tenemos a Pablo Casado y al PP maniobrando en Europa para intentar que Europa no le dé los fondos de reconstrucción a nuestro país para que nosotros no podamos financiar y mejorar la sanidad pública y la educación pública, para que no podamos establecer un sistema de cuidados que remunere el trabajo de las mujeres o para que no podamos hacer la transición ecológica y energética que necesita nuestro país… Por lo tanto, están trabajando contra los intereses de la ciudadanía, y eso en política y en la vida tiene un nombre, y es traición; están traicionando a su país porque lo único que tienen en mente es atacar al Gobierno de coalición, porque entienden que el único gobierno legítimo es cuando gobiernan ellos, y cuando no gobiernan ellos, tienen que usar todas las herramientas a su disposición aunque carezcan de la más mínima ética y en muchos casos carezcan también de legalidad. Por ejemplo, la difusión de bulos y ‘fake news’ que hacen abiertamente, generando en el país un clima de odio, violencia y miedo que nada tiene que ver con lo que votaron los ciudadanos en las urnas, que configuraron una mayoría amplia con diferentes apoyos territoriales que si la cosa no se tuerce conseguirán, esperemos, impulsar unos Presupuestos Generales del Estado para conseguir superar los heredados del Gobierno del PP y poder meternos a reconstruir el país –un país golpeado sanitariamente por la crisis del coronavirus y golpeado económica y socialmente por la precariedad galopante instalada por las políticas austeridad–, que es lo que se necesita. Aunque tenemos enfrente a los grandes poderes que intentan evitarlo: la propia oposición política, pero también las estructuras del Estado y el poder mediático.

“Hay una pequeña parte, en muchos de los espacios de poder del país, que quiere mirar y volver al pasado, pero afortunadamente eso no va a ocurrir”

Ese bloque de derecha y ultraderecha, integrado por PP, Vox y Ciudadanos –que mantienen pactos más o menos expresos para gobernar varias comunidades autónomas y ayuntamientos–, parece en permanente tensión, y es que cuesta pensar que en ese espacio haya sitio para tres fuerzas… ¿Tendrá que haber una recomposición de ese espacio si quiere tener opciones de volver al Gobierno? Si no logran ilegalizar ciertas formaciones, claro.

Claro, ellos han amenazado con ilegalizar porque no tienen respeto por la democracia y por la voluntad popular, pero también por un cálculo electoral muy claro, y es que si no llega un escenario de ese tipo, no podrán gobernar nunca, o al menos en muchísimos años, este país. El sistema electoral castiga muchísimo que el voto se divida, y PP y Ciudadanos, pero sobre todo el PP, están embarcados en una competición para ver quién es más de extrema derecha y apoya más postulados cargados de odio, de xenofobia y de machismo, pero la mayoría de nuestro país no es así. En nuestro país, es imposible construir mayorías políticas amplias atacando a millones de personas, a las mujeres, a los migrantes, a los diferentes pueblos del Estado simplemente por tener una lengua diferente o instituciones propias, a los trabajadores… o intentando rebajar los impuesto a los ricos para que la sanidad o la educación públicas se queden sin financiación. La realidad ha demostrado que así es imposible articular mayorías, porque la mayoría quiere que las trabajadoras y los trabajadores tengamos derechos, que se respete la diversidad, que las mujeres tengan cada vez más derechos, que las y los migrantes tengan derechos... Creo que hay una mayoría que apunta y mira hacia el futuro y que hay otra pequeña parte, en muchos de los espacios de poder del país, que quiere mirar y volver al pasado, pero afortunadamente eso no va a ocurrir.

El cargo público más relevante del PP –la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso– acaba de decir que el jefe del Estado, el rey Felipe VI, es uno de los poderes que impiden que el Gobierno de coalición “cambie el país por la puerta de atrás”. ¿Qué significa esto?

Esas declaraciones son gravísimas, y lo que hacen es poner en entredicho la continuidad y el futuro de la monarquía. Además de la crisis sanitaria del coronavirus y la gestión que se está haciendo de ella, nuestro país está afrontando desde hace años crisis a todos los niveles; podríamos hablar de la crisis territorial, de la social y de la institucional, y en las tres el papel de la monarquía es cuando menos dudoso. En cuanto a la crisis territorial, la institución monárquica ha desaprovechado cualquier oportunidad para llamar al diálogo y la concordia y para aportar una solución democrática, política y dialogada al conflicto territorial sobre todo con Cataluña, situándose de parte, y poco más o menos sólo le ha faltado gritar “a por ellos”, lo que pone a la monarquía contra las cuerdas porque la población la ve como representante sólo de una parte de la sociedad y además minoritaria. En cuanto a la crisis social, cuando se pone sobre la mesa que el rey emérito estaba recibiendo maletines de dinero no declarados –dejando de pagar millones de euros en impuestos– en un momento en el que nuestro país estaba sufriendo recortes, despidos, desahucios, etcétera, ¿cómo va a confiar la mayoría de la población en una institución que en el momento que más lo necesitaba el país lo que estaba haciendo era llevárselo crudo en maletines en ‘B’? Y en cuanto a la crisis institucional, la población quiere poder elegir a la Jefatura del Estado, que todos los poderes del Estado emanen de la soberanía popular y de la libre elección democrática de la ciudadanía; en circunstancias normales, pero más aún si ve que la monarquía no se sitúa como un referente neutral y que representa a la sociedad en su conjunto sino que se sitúa de parte, defendiendo determinados postulados escorados hacia la derecha. Se ve cómo determinados partidos hacen gala de la monarquía y usan la monarquía y los símbolos para atacar al resto de las fuerzas y a una parte mayoritaria de la sociedad, y en esas circunstancias mucha gente se plantea “si quiero tener servicios públicos, sanidad pública, educación pública, empleos dignos, pensiones dignas… también quiero poder decidir el modelo de Estado y elegir la jefatura del Estado”. Creo que ese sentimiento es cada vez mayor, creo que es una dinámica que recién está empezando e irá a más con el paso del tiempo porque la monarquía se ha situado cada vez más lejos del pueblo y de la ciudadanía que se supone que defiende y que representa.

El PSOE es la columna vertebral del régimen del 78 y la formación que, en último término, sostiene esa monarquía. A nivel estatal, el de PSOE y Unidas Podemos es el primer Gobierno de coalición del régimen del 78, un régimen diseñado, como su sistema electoral, para que formaciones republicanas y a la izquierda del PSOE nunca llegaran al Ejecutivo central. ¿Qué ha supuesto, a nivel de régimen, la llegada de Podemos al Gobierno?

Bueno, no hay más que ver los ataques que sufrimos a diario por sectores importantes de todos los poderes del Estado y de todas las instituciones emanadas del régimen del 78; eso lo demuestra bien claro. La realidad es que hay una crisis de régimen evidente porque había un pacto social surgido a finales de la dictadura –gracias a la lucha de millones de personas por traer libertades y por consolidar derechos–, una especie de pacto social tácito en el que la gente trabajadora, mal que bien, tenía acceso a la vivienda, la posibilidad de que si trabajaba duro tendría un empleo más o menos estable, sus hijos iban a poder ir a la universidad y vivir mejor que ellos, ellos iban a tener una pensión cuando se jubilaran, una sanidad pública que los atendiera en condiciones…, pero la llegada de la crisis de 2008 y las políticas de austeridad hicieron saltar ese pacto por los aires, y entonces es cuando las instituciones y el propio régimen se tambalean. Ya no es válido lo que era válido hasta ese momento, y nosotros –Unidas Podemos y el espacio del cambio– somos simplemente el reflejo político e institucional de esa crisis de régimen, de que hay mucha gente que dice “ya está bien, ya no trago más con el bipartidismo, llevan muchos años engañándonos y recortándonos derechos”; como se decía en las plazas, “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros y ya está bien”. Desde aquello, esta grieta, esta brecha en la arquitectura del régimen del 78, sigue abierta y la población de nuestro país cree que hay que hacer cambios profundos en un montón de cosas y que nosotros somos un vector clave para que esos cambios tengan lugar. Y, como siempre, evidentemente hay poderes que han vivido muy bien hasta ahora con la realidad anterior e intentan resistirse como gato panza arriba para que estos cambios no ocurran, porque han vivido muy bien. Y no sólo en nuestro país, digamos que esta resistencia por parte de los privilegiados ha sido la tónica general de la historia de la humanidad, no estoy diciendo nada nuevo. Nosotros nos hemos dejado muchos pelos en la gatera, pero vivimos un momento de mucha responsabilidad y mucha influencia política y creemos firmemente que se pueden hacer, y las estamos haciendo, muchas cosas para cambiar el país. Es verdad que vino la pandemia y eso modificó la realidad en todo el planeta y nuestros principales esfuerzos se han centrado en combatir la pandemia –y no sólo en lo sanitario, sino también en lo social y en lo económico–, pero es verdad que el dibujo de un país más verde y más feminista, con más servicios públicos y más justo y con menos desigualdades yo creo sigue teniendo el apoyo mayoritario de la población, y creo que cada vez más.

“Si no votas, es difícil conseguir derechos, pero si votas y después no te organizas y peleas, también”

El reforzamiento del sistema sanitario o del sistema educativo o el mantenimiento o la ampliación de las medidas del ‘escudo social’ difícilmente van a ser posibles sin un sistema fiscal realmente progresivo que reduzca las diferencias con la media europea… También siguen pendientes aspectos clave del pacto de gobierno de PSOE y Unidas Podemos como, y cito textualmente, “derogaremos la reforma laboral” y “aprobaremos una nueva Ley de seguridad ciudadana que sustituya a la ‘Ley mordaza’”… ¿Por qué?

Siempre hemos intentado no fortalecer el paternalismo, y hay que trasladar a la ciudadanía –y, en el caso de nuestra organización, a la militancia– que todo el mundo tiene su cuota de responsabilidad y que conviene analizar entre todos la situación. Por un lado, nosotros estamos teniendo una influencia política grandísima, toda la que podemos, en función de los resultados electorales, que fueron modestos: tenemos 35 diputados de 350 en el Congreso y cinco ministerios de 22, y esa realidad viene de que tuvimos entre el 12 y el 13% de los votos en las urnas. Si hubiéramos tenido mayor porcentaje de votos y tuviéramos mayor cantidad de diputados y mayor peso en el Gobierno de coalición, podríamos estar haciendo muchísimas más cosas de las que estamos haciendo y garantizando muchísimos más derechos. Eso es importante dejarlo claro, y de ahí nuestra insistencia en la importancia del voto, pues ese día la ciudadanía tiene muchísimo más poder que el resto de la legislatura. Por otro lado, hay que dejar bien claro que votar es muy importante, pero sólo con votar no vale, y es fundamental que la gente se organice, porque la gente organizada es la única garantía de conquistar derechos. Sería impensable que la sentencia del Tribunal Supremo declarando que los ‘riders’ de Glovo son falsos autónomos y tienen una relación laboral de trabajador por cuenta ajena se hubiera producido si las y los ‘riders’ no se hubieran organizado y no hubieran peleado. O que la Inspección de Trabajo le diga a Amazon “señora multinacional, usted tiene 3.000 personas en nuestro país como falsos autónomos que en realidad son trabajadoras y trabajadores por cuenta ajena” si no hubiera habido una sociedad civil organizada presionando. O que se conquiste la regulación del precio de los alquileres, que es un drama brutal en muchas zonas, sin la presión que ejercen los sindicatos de inquilinos, las asociaciones de vivienda y demás. Hay que decirle a la gente “si no votas, es difícil conseguir derechos, pero si votas y después durante cuatro años no te organizas y peleas –a pesar de que yo sé que es tedioso y sacrificado y que requiere dedicarle mucho tiempo, ganas y energía y poner en riesgo muchas cosas de tu vida–, también, porque los derechos no caen del cielo, hay que conquistarlos”. Es importante que este Gobierno sienta presiones no sólo por parte de los poderes económicos sino también por parte de la ciudadanía organizada. Si conseguimos eso, podremos avanzar en una reforma fiscal –estamos siete u ocho puntos por debajo de los estándares de la Unión Europea–, derogar la reforma laboral –y no sólo derogarla, sino también construir y articular un nuevo marco de relaciones laborales adaptado al siglo XXI y que tenga como eje central combatir la precariedad–, acabar mucho antes con la ‘Ley mordaza’ y no sólo garantizar los derechos civiles y de participación democrática que teníamos antes de la ‘Ley mordaza’ sino también ir mucho más allá, modernizarnos y garantizar la participación democrática de la ciudadanía en toda su amplitud. Pero para eso hay que huir del paternalismo, porque no sería útil, y aparte no sería verdad, que yo dijera en esta entrevista “tranquila, ciudadanía del país, que ya lo vamos a conseguir y lo vamos a hacer”, porque la realidad es que no, la realidad es que los procesos de cambio son procesos colectivos en los que las mayorías sociales tienen que tomar partido porque si no, es imposible llevarlos a cabo. Y a la historia me remito.

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