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Opinión

Votar con la memoria del 1 de mayo

Este hubiera sido el 1 de mayo centésimo trigésimo primero (131) si la conmemoración de la fecha se hubiera podido celebrar en España desde que el congreso fundacional de la segunda internacional, reunido en París en 1889, acordó recordar la brutal matanza sufrida por los obreros de Chicago el 1 de mayo de 1886.

En nuestro país, sin embargo, partiendo de 1890 como año inicial, dos dictaduras a lo largo del pasado siglo evitaron que la conmemoración tuviese lugar en libertad: la del general Miguel Primo de Rivera, que solo permitió al Partido Socialista la concesión o dádiva de que lo hiciera en locales cerrados, y la del general Franco, que la prohibió y anuló del calendario para sustituirla por la festividad de san José Obrero, en connivencia con la iglesia nacional-católica que le rindió palio, preces y honores.

Por su significación en la historia de este país, al poco de la restauración de la segunda República, es de recordar el 1 de mayo de 1931, dos semanas después de que se izara la bandera tricolor en la plaza de la Puerta del Sol de Madrid. A la cabeza de la manifestación que se celebró con ese motivo acudieron el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero; el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto; el alcalde Madrid, Pedro Rico, y Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca, que quince días atrás había salido al balcón del ayuntamiento de la ciudad del Tormes para proclamar el régimen del 14 de abril. (Recomendable la lectura del reciente libro de Luis García Jambrina y Manuel Menchón Las dos muertes de Unamuno, en el que se explica lo que no se sabe o se quiso ignorar sobre el extraño fallecimiento del escritor vasco).

Según las crónicas, no se cantó en las calles madrileñas ese primero de mayo republicano el Himno de Riego, que todavía no había sido aprobado como himno institucional, con preferencia al que había compuesto el músico Óscar Esplá, con letra de Manuel Machado. Sí se escucharon los acordes de La Marsellesa y la Internacional entre los más de 300.000 concurrentes.

Al llegar la manifestación a la Presidencia del Gobierno, de la que era titular Niceto Alcalá Zamora, una comisión con Largo Caballero al frente hizo entrega de las reivindicaciones obreras, entre las que figuraban el derecho al voto a los 21 años, la ratificación y cumplimiento de la jornada de ocho horas, la construcción de viviendas sociales para los más desfavorecidos, un plan para fomentar el empleo y en contra de la carestía de la vida, la repoblación forestal, la reforma agraria, etc.

Cuando se piensa en lo logrado a lo largo de más de un siglo luchando por reivindicaciones así, se ha de recapacitar en que todo lo conseguido siempre puede correr el riesgo de perderse. Basta para ello que a los gobiernos puedan acceder fuerzas políticas de ultraderecha, similares a las que acabaron con los derechos y libertades de nuestros padres y abuelos, tal como podemos leer en las hemerotecas:

“El Sindicato Español Universitario celebró el domingo la Fiesta del Libro con un simbólico y ejemplar auto de fe. En el viejo huerto de la Universidad Central -huerto desolado y yermo por la incuria y la barbarie de tres años de oprobio y suciedad- se alzó una humilde tribuna, custodiada por dos grandes banderas victoriosas. Frente a ella, sobre la tierra reseca y áspera, un montón de libros torpes y envenenados (…). Y en torno a aquella podredumbre, cara a las banderas y a la palabra sabia de las Jerarquías, formaron las milicias universitarias, entre grupos de muchachas cuyos rostros y mantillas prendían en el conjunto viril y austero una suave flor de belleza y simpatía”. El anónimo redactor terminaba así la noticia: “Prendido el fuego al sucio montón de papeles, mientras las llamas subían al cielo con alegre y purificador chisporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el himno Cara al sol”.

El martes les toca a los madrileños un papel puede que decisivo en las urnas para que crónicas inquisitoriales como la del diario católico “Ya” el 2 de mayo de 1939 no sean posibles. Solo les hacen falta el DNI, la dignidad, la memoria reciente de los trabajadores esenciales durante la pandemia y la que se le debe al 1 de mayo.

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