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Deporte

Yo soy Henry Rono

ROBERTO SOTOMAYOR

"Yo soy Henry Rono, quien, a pesar de innumerables obstáculos en mi vida, he vencido a todos". Así empieza la autobiografía de un atleta magnífico que cambió la historia del atletismo keniano. La historia que hoy os cuento es la vida turbulenta de una estrella del atletismo que a finales de los años 70 deslumbró al mundo entero y de la que muy pocos conocen.

En 1952, en las colinas de Nandi, en el Valle del Rift, nacía uno de los atletas kenianos más talentosos de la historia, y decir esto, después de tantos y tantos atletas que ha dado Kenia, es decir mucho. Henry Rono, que pronto sería descubierto en su país, tuvo la enorme fortuna de ser elegido para estudiar en la Universidad de Washington State en 1976, donde pronto se convertiría en una gran estrella, tras ganar tres veces el Campeonato NCAA y durante más de 40 años su marca de 28:40 en 10kms sobre campo a través en la Universidad estuvo imbatida.

Durante el verano de 1978, Henry Rono consiguió una hazaña sin precedentes en la historia de las carreras de fondo cuando, en un periodo de 81 días, estableció cuatro récords mundiales: en 3.000ml (7:32,1), en 3.000 m Obstáculos (8:05,4), en 5.000ml (13:08,4) y en 10.000ml (27:22,47). Una gesta impresionante que nadie ha sido jamás capaz de repetir.

La historia de Rono es, sin embargo, amarga. Debido a los boicots en los que se vieron implicados muchos países, entre ellos Kenia, Rono nunca participó en unos JJ.OO. Ni en Montreal’76, ni en Moscú’80. El mundo perdió la oportunidad de ver al mejor fondista de ese momento. Ni el mítico finlandés Lasse Virén (doble campeón olímpico en 5.000 y 10.000 en Montreal), ni el etíope Miruts Yifter (doble campeón en 5.000 y 10.000 en Moscú) hubieran podido vencer probablemente a Rono. La historia del atletismo olímpico hubiera sido muy diferente, y hoy estaríamos hablando de Rono como aquel fantástico atleta que fue capaz de dominar el fondo mundial durante casi una década.

Sin embargo, Rono sí pudo participar en los Juegos de la Commonwealth de 1978, donde ganó la final de 5.000ml y la de 3.000m Obstáculos con unos márgenes enormes que hacían las delicias del público. También sería campeón africano de 10.000ml y 3.000m Obstáculos ese mismo año.

Tales logros no pasaban desapercibidos entre los sponsors y patrocinadores que veían en él una estrella mundial. Firmó un contrato millonario con la marca deportiva Nike pero, incapaz de canalizar tanta fama y todo lo que le estaba sucediendo, y desbordado por un inadaptación a la cultura americana, Rono comenzó a coquetear con el alcohol.

Cuentan los grandes expertos de atletismo de la época que en septiembre de 1981 se emborrachó la noche de antes de correr un 5.000 en Knarvik, cerca de Oslo. Al día siguiente, se presentó una hora antes para sudar el alcohol e intentar recuperarse de la resaca. Allí, increíblemente, estableció un nuevo récord mundial con una marca espectacular de 13:06,20.

A pesar del contrato de seis cifras con Nike, el dinero se esfumó rápidamente, desviado por la Federación de Kenia, los agentes europeos, los directores de las reuniones atléticas, y su propia adicción. Tuvo contactos con la marca Puma, pero nunca se atrevieron a contratarlo. Su luz se apagaba al igual de rápido que se había encendido. A partir de entonces, el fantasma de la depresión  acompañó al campeón africano por diversas clínicas de rehabilitación en diferentes ciudades de los EE.UU. Tras recuperarse de sus problemas con el alcohol, Rono realizó una visita al consulado de Kenia, en donde le negaron la ayuda solicitada al considerarlo una “desgracia para su propia nación”. Denostado por su propio país, Henry Rono terminó trabajando en un lavadero de coches en Portland desapareciendo por completo del panorama deportivo. Su figura se desvanecía víctima de un sistema que le había elevado al éxito y abandonado al poco tiempo.

Nadie se acordaba de él, pero el coraje de este guerrero del Rift hizo que volviera a correr como veterano en algunas competiciones y, pronto, encontró un trabajo como entrenador y profesor en una escuela de Alburquerque.

En su autobiografía, titulada ‘El sueño olímpico’, cuenta el relato de su angustiosa vida y la redención final, superando 20 años de alcoholismo y la falta de vivienda. Una inspiración para gente que está experimentando tiempos difíciles.

Una autobiografía que empieza con una cita de él mismo que impresiona:

"Yo soy Henry Rono, quien, a pesar de innumerables obstáculos en mi vida, he vencido a todos. He tenido éxito en una sociedad que glorificó mi alma en los años en los que estaba en la cima del mundo y que la desnudó y se burló de ella cuando estaba en el fondo. He tenido éxito porque soy un guerrero Nandi".

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